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¡QUÉ VERGÜENZA! Cambios emocionales en la preadolescencia

¡Qué vergüenza! ¡Fo, qué asco! Si tienes hijos preadolescentes es posible que estés escuchando expresiones como estas. Es que en esta etapa no solo surgen cambios físicos, también, emocionales. Uno de los más característicos es el exceso de pudor. Todo les da vergüenza: temen hacer el ridículo, les da pavor su cuerpo y hasta recibir expresiones afectivas frente a sus amigos.

Comienzan a alejarse y a pasar más tiempo solos. Esa etapa en la que siempre andaban pegados a nosotras se convierte en un recuerdo y a veces hasta en un anhelo. Quieren ver la televisión solos porque están interesados en otros programas al mismo tiempo que se “enganchan” con la tecnología. Ya la presencia de Mami no es tan importante y crece su sentido de independencia. Es natural, debemos darle su espacio.

En este periodo comienzan a imitar a la gente que admiran, que por supuesto, son chicos más o menos de su edad, esos que siguen en las redes sociales, sus nuevos héroes. Quieren vestir como ellos, pensar como ellos, hablar como ellos… Para seguir formando parte de la vida de nuestros preadolescentes no podemos competir, tenemos que usar estrategias, ser sus aliados. De lo contrario, nos alejamos y eso no es lo que deseamos.

Otro cambio notable surge con el humor. Están contentos y están tristes en un abrir y cerrar de ojos. Además, se ruborizan o se irritan con mucha facilidad. Parecen una montaña rusa emocional. ¡Y se aburren con tanta habilidad que desesperan!

Ante esta realidad debemos acoplarnos proactivamente. Las madres solemos sentir nostalgia ante la perdida de la infancia de nuestros hijos en la que éramos el centro de atención. No obstante, se trata de una etapa más. No podemos resentirnos, por el contrario, agradezcamos que siguen desarrollándose con naturalidad.

Podemos crear nuevas rutinas para mantener el contacto con ellos. Por ejemplo, comer juntos y conversar en ese rato. Mostrarles nuestro cariño de forma sutil para que no sientan vergüenza. Mantenernos actualizadas y conocer las cosas que les gustan en este nuevo periodo. Asimismo, podemos relacionarnos con sus amigos y mostrar interés por las cosas que nos cuentan. Practicar algún pasatiempo con ellos para mantener la cercanía. Y permitirles lograr su éxito o experimentar el fracaso, como parte natural de su desarrollo. ¡Ya no tenemos bebés, pero aún tenemos hijos!

P. D. Imagen cortesía de Pixabay.

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