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¿DEBEMOS EXPLICARLE A LOS NIÑOS LOS PROBLEMAS DEL PAÍS?


¿Qué pasaría si de pronto una injusticia,
solo una, es repudiada por todos,
todos que somos todos,
no unos, no algunos sino todos?
Mario Benedetti

Por supuesto que sí. Los niños tienen la capacidad de comprender mucho más de lo que pensamos. El pueblo de Puerto Rico está viviendo días de angustia e incertidumbre y nuestros hijos deben saber por qué. ¿Por qué los adultos están ansiosos? ¿Por qué hay un paro nacional? ¿Por qué los medios muestran tantas imágenes de tumultos? ¿Por qué gritan la consigna: “Ricardo Roselló, renuncia”?

Nuestra responsabilidad como padres, así como nuestro compromiso ciudadano exige que le expliquemos a los niños lo que está sucediendo. No se trata de un asunto partidista, sino de la lucha por un país mejor, en el que los derechos y la dignidad de cada individuo sea respetada. Cada uno de nosotros conoce la madurez de nuestros hijos y de acuerdo a esta, podemos explicarle la crisis que vive Puerto Rico.

Ya en dos ocasiones he sentado a mi hija de nueve años para hablarle del tema. Aunque aparente no hacerme caso, sé que en el futuro podrá conceptualizar lo que le estoy diciendo y con toda probabilidad, arroje algo de luz ante su toma de decisiones. Mi compromiso como madre es hablarle claro sobre todo lo que vivimos día a día. Y en este momento histórico, la situación política de este país es trascendental .

Nuestros hijos perciben y sufren nuestras ansiedades. Ellos ven y escuchan. Hablémosle claro para que no sufran las consecuencias de nuestras zozobras. Para que entiendan que los adultos están expresando su sentir y reclamando por su país, el de sus hijos, el de todos. Nuestros niños son los futuros líderes, no los subestimemos. Démosle las herramientas para que desarrollen su pensamiento crítico. Para que cuando estén gobernando este país lo hagan justamente, dignamente, honestamente.

“¿Qué pasaría si de pronto dejamos de ser patriotas para ser humanos? ¿No sé… me pregunto yo, qué pasaría?” (M. Benedetti) Estamos próximos a conocer la respuesta.

P. D. #rickyrenuncia

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EL AUTÉNTICO LEGADO

A July

Si te preguntan qué legado quieres dejar a tus hijos, ¿qué responderías? Quizás pienses en dinero, bienes, educación, memorias… El verdadero legado empieza en vida. Solo cuando perdemos a nuestros padres reconocemos y valoramos su herencia. En mi caso, la dote que más valoro no tiene que ver con lo material, que deprecia y desaparece. El tesoro de mis padres cobra más valor cada día porque en lugar de esfumarse, brota y se multiplica. Lo que lo vuelve una riqueza invaluable que espero dejar a mi hija.

En mi opinión, empieza con el ejemplo, porque los consejos que no se viven se pierden en el vacío. Mi padre, para mí, fue modelo de credibilidad, verticalidad, lealtad, confianza y respeto. Mi madre, de humildad, honestidad, amor, discreción y entrega. De mi padre aprendí el amor por la lectura, la atención hacia el discurso, las ansias de aprender y la pasión por las letras. De mi madre, el amor incondicional, la elegancia de la sencillez, el poder de las palabras y el compromiso ineludible.

De sus cosas materiales guardo pequeños detalles que conservan su esencia. Una corbata y un pañuelo con la inicial de mi Papá, algunas fotos y trazos de su puño y letra. De mi Mamá conservó unos lentes, un anillo, un prendedor y su perfume plasmado en las páginas de su libro sagrado. De mi padre atesoro recuerdos de mi niñez cuando jugaba conmigo los mismos juegos que hoy practico con mi hija. A las cosquillas, el pellizquito en la nalga y algunas canciones que tarareaba que yo era la nena de papi. De mi madre recuerdo su complicidad, su costumbre de siempre comprarme alguna bobería si salía sin mí y su alcahuetería al prepararme un menú distinto cuando lo que cocinaba para la familia a mí no me gustaba.

Como ellos eran tan distintos el uno de la otra, aprendí distintas formas de ver la vida y de afrontar las dificultades, pero siempre a salir airosa. Me enseñaron a respetar a los mayores y a valorar su sabiduría. Me ejemplificaron qué es tener responsabilidad y cumplir con mis deberes y obligaciones. Me regalaron el principio de la libertad como el ente que le permite al ser humano tomar sus decisiones y a actuar según su intuición, inteligencia y voluntad. Sé que a veces no estuvieron de acuerdo con mis elecciones, pero siempre las respetaron para que aprendiera a madurar con cada una de mis equivocaciones.

En mi crianza hubo una que otra nalgada, algunos gritos, pocos castigos y mucho ejemplo de entereza y humildad. Todo fue merecido, aunque quizá en su momento no fue bien recibido. No obstante, mis padres, con paciencia y amor, rompieron y formaron mi vasija las veces que fue necesario e hicieron de mí la persona que soy.

El auténtico legado empieza en vida. Si logro dejarle a mi hija solo una parte de lo que mis padres me heredaron a mí, me sentiré feliz. Quiero que tenga muchas fotos y videos de los momentos que vivimos juntas para que las imágenes acompañen su memoria (ahora sé el tesoro que es eso). Aspiro dejarle las letras. Desde que soy madre me he dedicado a escribir mucho para que ella aprenda que las palabras son poderosas y transformadoras, y para contarle nuestras anécdotas. Deseo que cuando yo no esté me sienta y me recuerde cada día de la forma en que yo lo hago con mis padres. Porque cuando el cuerpo se marchita y el aliento se va, queda la esencia espiritual perennemente y si esta es loable, somos bienaventurados.

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COSAS PARA HACER ENTRE MADRE E HIJA

A Ivonne y a Luz (cuya relación de madre e hija admiro mucho)

Cuando llega el verano tenemos más tiempo libre. Los chicos están de vacaciones y hay que buscar en qué entretenerlos. Además de los campamentos y talleres de verano, es importante que pasemos tiempo con ellos. Como no tenemos que llegar del trabajo para hacer o monitorear tareas escolares, podemos aprovechar ese tiempo para pasar tiempo de calidad con nuestros hijos. Como es mi caso, hablaré de madre a hija y algunas acciones entretenidas que podemos hacer.

El verano se presta para las actividades al aire libre. Así que, por supuesto, las playas, las piscinas y los ríos son una buena opción. Si tu hija se cree un pececito (como la mía) disfrutará nadar y entretenerse en el agua. En la playa se puede jugar a hacer figuras de arena, incluso recoger piedras y caracoles con los que luego puedes inventar alguna manualidad. La piscina es buena para retozar con juguetes de agua o simplemente refrescarnos y conversar. En el río no solo disfrutamos el agua, también podemos explorar y hacer un pícnic.

Si el día no tiene las mejores condiciones para estar al aire libre, el cine siempre es bienvenido. Máxime cuando en verano suelen exhibir muchos estrenos dirigidos a la familia. Esta actividad, en mi experiencia, es buena para sacarle más partido. Mi hija y yo solemos hablar de cuál fue nuestra parte favorita y yo aprovecho para indagar o resaltar los valores que haya presentado la historia. Y, como si fuera poco, hoy día tenemos la ventaja del “cine” en casa. No tendremos la pantalla gigante, pero sí una que cumple con la función y un “micro” para hacer las palomitas de maíz y algunas otras chucherías para comer y tomar. De modo que una película, invariablemente, es y será una buena alternativa.

Un día de embellecimiento de chicas (spa). ¡Qué rico es! Lo bueno de esto también es que, si no tenemos el dinero suficiente para pagar por estos servicios, podemos hacer en la casa cosas sencillas.  Por ejemplo: pintarnos las uñas, ponernos mascarillas, darnos masajes, maquillarnos, peinarnos. Esto a las niñas, desde pequeñas, les encanta. Creo que todas las que tenemos hijas las hemos sorprendido embarrándose con nuestros maquillajes y poniéndose nuestros zapatos. ¡Guardo hasta fotos de eso! Siempre llega el día que se antojan de maquillarnos y peinarnos y nos dejan como payasitas.

No puede faltar ir de compras. Cuando Sofía Valentina era pequeña no me gustaba llevarla a las tiendas porque se escondía o se portaba mal. Ahora que es más grande es diferente. Según fue creciendo comenzó a hacerse divertido porque empezaba a medirse cosas y a hacer monerías. Ahora que tiene nueve años es casi como ir de compras con una amiga, ya que nuestros gustos se asemejan y nos criticamos la una a la otra.

Otra actividad de madre e hija que me encanta es leer cuentos y charlar a la hora de dormir. Ese momento de comunicación íntima es bien bonito y suele ser revelador, si de conversaciones se trata. Otras veces es un rato de risas si ella me cuenta chistes, si la molesto por algo o le hago cosquillas.

En conclusión, aprovechar cada momento para compartir de madre a hija no solo es necesario, sino que redunda en experiencias únicas de desarrollo, aprendizaje y unión. ¡Hagámoslo!

castigo·disciplina·enseñar·niños·padres·sancionar

¿DISCIPLINAMOS O CASTIGAMOS?

Contrario a lo que muchos piensan, disciplina y castigo no son sinónimos, sino antónimos. Disciplinar es enseñar y castigar es sancionar. En los momentos en que perdemos la paciencia podemos pasar de la disciplina al castigo casi sin darnos cuenta. A veces creemos que hemos agotado todas las herramientas para disciplinar y que solo el castigo puede remediar la situación, pero nos equivocamos. En momentos así me he sentido fracasada como madre, no obstante, tirar la toalla no ha sido nunca una opción. He tenido que entender que la disciplina toma tiempo y aunque es agotadora, debo ejercerla todos los días.

La terapista Denhi Chaney afirma que la disciplina es más difícil, pero forma a una persona moral, mientras que el castigo es una ruta fácil que en la mayoría de los casos no funciona. El castigo es negativo porque no corrige ni ensaña lo que es el comportamiento adecuado, ya que se trata de una acción momentánea que no acarrea explicaciones de las consecuencias del mal comportamiento. Por ejemplo, la represión y / o desaprobación verbal. Estas acciones son castigos que restringen que el niño hable y manifieste sus opiniones o los ridiculiza cuando usamos palabras crueles y negativas. Estos castigos llegan a tener consecuencias negativas en la vida de los niños. Ocasionan baja autoestima, inseguridad, ira, etc.

Denhi recomienda que enviemos a nuestros hijos mensajes positivos y formativos al momento de disciplinar. Por ejemplo, decirles que los amamos, aunque desobedezcan, que sus opiniones son válidas, aunque no estemos de acuerdo con ellas, y que los queremos lo suficiente para guiarlos y enseñarlos.

La terapista y otros expertos ofrecen, además, las siguientes recomendaciones:

  • que procuremos entender lo que causó el mal comportamiento
  • que la corrección esté relacionada con lo que el niño hizo mal
  • que les digamos cuál será la medida a tomar antes de que desobedezcan
  • que compartamos con el niño la responsabilidad de encontrar soluciones
  • que siempre mostremos amor cuando hayan sido disciplinados
  • que conversemos sobre lo que aprendieron

Criar es una tarea difícil y estresante, pero no debemos perder el control y acudir a los gritos o los golpes. Debemos recordar lo que aclara Roldán, pedagoga terapéutica: el castigo es un acto punitivo que hace que el niño sufra por haber roto las reglas mientras que la disciplina trata de enseñar cómo tomar una buena elección la próxima vez para que el niño sienta control ante sus propias decisiones.

Por último, recordemos que el castigo es reactivo, mientras la disciplina es proactiva, fomenta el buen comportamiento y relaciones positivas entre padres e hijos.

salud física, mental y emocional

PARA UNA SALUD PLENA…

Para que nuestros hijos tengan una salud plena debemos atender no solo sus carencias físicas, sino también las mentales y emocionales. Es fácil saber cuándo tiene hambre, podemos darnos cuenta cuando ha crecido y necesita ropa nueva, notamos si está cansado, etc. No obstante, las necesidades mentales y emocionales no son tan obvias, sin embargo, son igualmente importantes. Los expertos indican que la buena salud mental permite a los niños pensar claramente, desarrollarse socialmente, aprender nuevas destrezas, desarrollar autoestima y una perspectiva mental positiva. De modo que es un aspecto al que tenemos que atender con premura, máxime cuando en Puerto Rico el cuadro de salud mental es preocupante.

Los padres podemos fomentar una sana salud mental en nuestros niños dándole amor incondicional, promoviendo su confianza y su autoestima, alentándolos a jugar, haciéndolos partícipes de actividades extracurriculares, proporcionándoles un hogar seguro, orientándolos y disciplinándolos con amor y firmeza, conversando diariamente con ellos y acudiendo a los especialistas, siempre que sea necesario. Tenemos que romper el tabú hacia los consejeros, sicólogos y siquiatras infantiles. Si el pequeño tiene caries, lo llevamos al dentista, si le da un resfriado, al pediatra. Por lo tanto, si nos preocupa algo de su salud mental o emocional, nos corresponde llevarlos al especialista en cuestión.

Yo, como madre soltera, reconozco que necesito toda la ayuda posible para sacar a mi hija adelante. A veces no tengo las herramientas necesarias para enfrentar la complejidad de la crianza. De la misma forma que tengo una pediatra de confianza y una dentista, también tengo una sicóloga. Me preocupo por las emociones y los sentimientos de mi hija, sobre todo de aquellos que posiblemente no comparte conmigo, o que cuando lo hace me dejan inquieta. En esos momentos la sicóloga es mi aliada y sus servicios repercuten en bienestar para mi familia.

Como padres, debemos ser precavidos. No siempre es fácil saber si nuestro hijo tiene un problema serio porque las tensiones diarias pueden causar cambios en su comportamiento. No obstante, debemos estar alertas si comienza a presentar problemas en la escuela, en la casa, con sus amigos y compañeros, si sufre cambios drásticos en el apetito o en el sueño, si comienza a aislarse o a mostrar miedo sin razón aparente, si se muestra siempre molesto o triste, si comienza a hacerse daño, etc. La salud mental y emocional es tan importante como la física y debe ser atendida con la misma seriedad.

El amor, la comprensión y la conversación son las mejores terapias, pero somos sus padres. Muchas veces necesitamos esa ayuda extra para que nuestros hijos puedan disfrutar de una salud plena. Sigamos al viejo proverbio: “Ante la duda, saluda”.

P. D. Rompe con el tabú…

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PROTEJAMOS A NUESTROS NIÑOS DE LOS PELIGROS DE INTERNET

En la época en que estamos viviendo, a temprana edad, nuestros hijos tienen acceso a una tableta, un teléfono inteligente o un ordenador con acceso a Internet. Sabemos que la red es una fuente inagotable de información y entretenimiento, así que en lugar de prohibirles que la utilicen, debemos supervisar el acceso al contenido que ven. Su seguridad es nuestra responsabilidad.

La tableta o el móvil no puede hacer la función de niñera ni sustituye que juguemos con ellos. No obstante, hay muchas aplicaciones educativas y de entrenamiento que pueden usar a través de ellos. Lo importante es que su uso sea supervisado y moderado por un adulto responsable.

Los padres tenemos que conocer las aplicaciones que nuestros hijos instalan y supervisar este proceso. Es importante conocer sus funciones y el uso que les pueden dar. Existen herramientas que podemos utilizar para autorizar o desautorizar la descarga de las aplicaciones. Para más seguridad es recomendable que intervengamos en ese proceso en todo momento.

Si comprobamos la fiabilidad de las aplicaciones podemos tener más control y evitar que la descarga de algún juego bajado desde Internet, pueda ser la puerta de entrada de  ciberdelincuentes. Es nuestra responsabilidad controlar la información personal que se requiera que nuestros hijos puedan compartir.

En la medida que van creciendo y accediendo a aplicaciones que pueden usar para comunicarse con otros, es imprescindible hacerles ver los riesgos que conlleva facilitar información o contactar con extraños. Nuestros hijos deben entender que de la misma forma que desconfían de extraños en escenarios reales de persona a persona, deben hacerlo a través de Internet.

Los adultos somos quienes autorizamos que nuestros hijos interactúen en redes sociales. No hay una edad establecida para conceder este permiso, no obstante, los expertos recomiendan que menores de 16 años no tengan perfiles en redes sociales. En el momento que nuestros hijos tengan algún perfil social debemos estar pendiente de cómo se desenvuelven en las mismas, ya que muchas de sus acciones pueden acarrear consecuencias. 

Lo recomendable es que exista confianza entre padres e hijos y que no haya secretos, pero si esto falla, por su seguridad, tenemos que estar alertas, administrar y responsabilizarnos de la configuración y los controles de privacidad que tenga la cuenta de nuestro hijo. Es mejor un hijo enojado que uno expuesto a los peligros de Internet. Protegerlos es nuestra misión.

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CÓMO PODEMOS APOYAR EL SANO DESARROLLO DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO

Para fomentar que nuestros hijos tengan un desarrollo de género saludable, es importante que sepamos qué es la identidad de género y cómo se forma.  La doctora Asia Eaton, sicóloga social, explica que el sexo es el género asignado de acuerdo a las características físicas con las que nacemos. Mientras que la identidad de género es el sentimiento que tenemos sobre quiénes somos, la interacción de los rasgos biológicos, las influencias del desarrollo, las condiciones del entorno y del contexto sociocultural.  Es decir, la orientación sexual generalmente se refiere hacia quién nos sentimos atraídos sentimental o sexualmente. No obstante, la identidad sexual se trata de cómo pensamos acerca de nosotros mismos como seres sexuales.

Según especialistas de estudio de género y sicología infantil, la identidad de género se desarrolla poco a poco. El doctor Jason Rafferty, pediatra y sicólogo, explica que a los dos años los infantes toman conciencia de las diferencias físicas entre niños y niñas. Alrededor de los tres, pueden identificarse como varones o hembras. Y a los cuatro, la mayoría tienen un sentido estable de su identidad de género. Los expertos afirman, que la primera experiencia de atracción sexual puede ocurrir desde los 6 hasta los 16 años. Sin embrago, aunque en estas edades pueden experimentar atracción sexual, es poco probable que tengan la capacidad cognitiva y emocional para comprender completamente lo que significa la orientación sexual.

¿Cómo podemos los padres apoyar el sano desarrollo de la identidad de nuestros hijos? Los peritos del tema nos recomiendan que les demos la ocasión de explorar distintos roles de género y distintos estilos de juego. Podemos cerciorarnos de que el entorno de nuestros hijos refleje diversidad en los roles de género y fomente oportunidades para todos.

El doctor Rafferty ofrece varias recomendaciones. Por ejemplo:  mostrarles libros infantiles querevelen a hombres y mujeres en roles de género no estereotipados y diversos como enfermeros, secretarios, constructoras, empresarias, o padres que se quedan en casa mientras las madres salen a trabajar.  Otra cosa que podemos hacer es ofrecerles variedad de juguetes entre los cuales elegir, que incluyan muñecas, carritos, figurillas de acción, bloques de construcción, cocinitas, disfraces, entre otros. También es importante permitir que nuestros hijos elijan a sus amigos y las actividades en las que desean participar.

De acuerdo a Rafferty, además de los juguetes, juegos y actividades que eligen, los niños suelen expresar su identidad de género a través de la ropa y los peinados que le gustan, la conducta social que refleje grados variados de dominio o delicadeza, el género de sus amigos y de las personas a las que deciden seguir o imitar, los modales, los gestos físicos y otras acciones no verbales identificadas como masculinas o femeninas.

El sicólogo, Clinton W. Anderson, por otra parte, explica que, aunque el género y la sexualidad están sujetos a cambios socioculturales y (supuestamente) somos una sociedad que acepta la diversidad, cuando los intereses de nuestros hijos son disímiles de los que la colectividad espera, pueden sufrir exclusión y acoso. En este caso, recomienda que, en vez de obligar a nuestros hijos a ceder ante estas presiones, luchemos por obtener espacios seguros donde se sientan cómodos y a gusto con quienes son.

No queremos más historias como la Jamel Myles, el niño de 9 años que se suicidó en el 2018 en Estados Unidos, luego de sufrir persecución por ser “homosexual” en una escuela de Denver, Colorado, donde estudiaba. Anderson añade, además, que la aceptación de nosotros, los padres, puede proporcionar cierta protección, pero que instituciones como las escuelas, tienen que comprometerse y garantizar entornos seguros y propicios para todos los niños. Es responsabilidad de todos, con el fin de promover la evolución y la garantía de que todos los niños se conviertan en adultos felices.

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¡A CARGAR LAS PILAS!

En una sociedad cambiante y llena de retos es usual que nos sintamos agotadas. A veces nuestro cerebro nos manda un mensaje similar al que nos muestra el móvil cuando las baterías están perdiendo su carga. No debemos ignorar este recado como no ignoramos el del teléfono porque de la misma forma que el celular podría apagarse, nuestro cerebro también.

Continuar con la faena del trabajo laboral y doméstico, de la crianza y la manutención, de los compromisos familiares y sociales, requiere que nos concibamos bien, equilibradas, en armonía. Cuando somos jefas de hogar, todo cae sobre nuestros hombros y nos cansamos, no solo físicamente, sino emocionalmente. Hoy comparto algunas recomendaciones para cargar las pilas. Veamos:

  • Dormir y tomarnos el tiempo de descanso adecuado para la recuperación física y mental.

No es pecado echar una siesta o quedarnos un día del fin de semana en la casa, solo para descansar. Hazlo cuando haga falta.

  • Meditar y relajarnos.

Meditemos en silencio o con música, pero no dejemos pasar la ocasión de descansar la mente y relajarnos un poco, buscando paz interior.

  • Tener contacto con la naturaleza.

Está probado que al contemplar la naturaleza la mente descansa y el cuerpo se relaja, lo que potencia la energía.

  • Seamos agradecidas.

Contar las bendiciones y disfrutar de lo que tenemos es el mejor acto de agradecimiento. Y nos permite darnos cuenta que poseemos más de lo que necesitamos.

  • Hagamos un poco de ejercicio.

Científicamente se ha probado que hacer ejercicios genera las endorfinas que aumentan el estado de placer y circula nuestra energía. Si no te gusta el gimnasio camina un poco o practica algún deporte.

  • Cantemos o bailemos.

Cantar y / o bailar son actividades que fortalecen la energía, pero no deben ir asociadas con trasnocharnos porque al final estaremos más cansadas. Son acciones que podemos hacer mientras manejamos el auto o estamos haciendo tareas domésticas.

  • Hacer una buena lectura.

Existe un universo de palabras, un mar de historias. Leer unas cuantas páginas cada día, de los temas que nos apasionen, siempre conseguirá un estado de bienestar que, definitivamente, carga las pilas.

  • Ver una película.

Ya sea en el cine o en la casa, ver una película que nos enfoque en la armonía y el amor es un gran aliciente.

  • Hacer lo que más disfrutamos.

Ya sea que pintes, cuides y cultives el jardín, corras bicicleta o patines, toques un instrumento musical…, no importa. Lo que cuenta es que saquemos tiempo para hacer algo que disfrutemos y que incrementará nuestra energía.

Es cuestión de cargar las pilas y levantarnos cada día con una sonrisa y la mejor disposición para continuar siendo mujeres, madres, profesionales… Son muchos los sombreros que nos ponemos, por lo que no es posible dejarnos de ocupar de nosotras. Si el mensaje que te envía tu cerebro es “batería baja”, deja todo y conéctate contigo.

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CRIAR NIÑAS FELICES Y EMPODERADAS

La felicidad se define como un estado de grata satisfacción espiritual y física. El empoderamiento es hacerse fuerte, poderoso y tener autoridad para hacer algo. Las madres del siglo XXI tenemos un reto más: criar niñas felices y empoderadas. ¿Qué simboliza esto? Significa formar con amor, atención e independencia para que nuestras hijas se conviertan en mujeres triunfadoras, capaces de contribuir a un mundo mejor. ¿Cómo podemos hacerlo? Potenciando sus habilidades y su confianza para que crezcan felices y seguras de su alcance en la sociedad.

Por ejemplo, hay poderes que podemos comenzar a darles desde pequeñas. Uno de ellos es el de la expresión y la participación. A las niñas hay que enseñarles que tienen derecho a expresarse y a participar, de la misma manera que los niños. Ellas deben entender que sus opiniones son válidas y que deben exigir ser escuchadas y no recibir un trato discriminatorio. El seno del hogar y los salones de clases son buenos escenarios para esta práctica.

También logremos mostrarles que tienen la potestad de amar y sentirse amadas.  El éxito de la crianza tiene su base en el amor, por lo que tenemos que demostrarlo para que aprendan a expresarlo libremente. Una niña feliz y empoderada será capaz de amarse a sí misma y de demostrar su afecto hacia otros con seguridad y respeto. Lo que la convertirá en una mujer indudable de sus emociones. 

En la etapa de la crianza tenemos que darles el dominio de ser ellas mismas. Evitemos la formación estereotipada para que logren definirse alrededor de ellas mismas. Esto les permitirá desarrollar libremente su propia personalidad, su esencia, su individualidad. Que aprendan que lo que puedan pensar que es una imperfección, no es más que otro rasgo de su singularidad.

Soñar es un poder que tampoco debemos fallar en fomentar. El desarrollo de la creatividad y la imaginación es fundamental para un crecimiento saludable. Por lo tanto, alentemos sus sueños y que sueñen en grande porque no hay límites para su potencial. Mostrémosles ejemplos de figuras triunfadoras que desde niñas soñaron lo que ahora son.

Las niñas deben tener la potestad de planificar su futuro.  Conversemos con ellas sobre el porvenir, sus intereses, pasiones e ilusiones. Tener un plan de vida es beneficioso y puede prevenir la deserción escolar, un mal inicio de la sexualidad y un embarazo precoz, entre otras cosas.

Cuando criamos niñas comprometámonos darles autoridad de desarrollo a través de la educación que es uno de los indicadores más efectivos para prever el empoderamiento de una niña. Mientras más educación alcance, mayor capacidad, tendrá, de tener el control social, económico, profesional y personal de su vida.

Enseñémosle, además, el poder que otorga una buena administración financiera para que se conviertan en mujeres soberanas, capaces de administrar sus bienes para beneficio propio y de su entorno. Criar niñas felices y empoderadas debe ser nuestra meta, contar con mujeres realizadas será una gran satisfacción.

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CÓMO EVITAR UNA EDUCACIÓN SEXISTA

La educación sexista es más común de lo que pensamos. Empieza con simples detalles como asignar sexo a los colores y regalar juguetes diferentes a los niños y a las niñas. Aunque muchos puedan pensar que esto es algo natural e inofensivo, no lo es. Si queremos evitar actitudes discriminatorias y violencia de género, debemos educar para la igualdad. Podemos comenzar en casa.

Cosas rutinarias, como las tareas del hogar, deben ser distribuidas entre ambos sexos. Los varones pueden hacer labores como fregar y barrer y las hembras, a su vez, lavar el carro, cambiar una bombilla, por ejemplo. Si se trata de una familia monoparental, como la mía, en la que las dos somos féminas, también podemos educar con una base en la igualdad de género. Cuando no hay presencia del sexo opuesto, podemos hablar al respecto e instruir a través de libros, películas, etc.

La expresión de los sentimientos debe percibirse como lo que es, algo natural e individual que nada tiene que ver con el sexo. En el siglo XXI aún hay padres y madres que critican a sus hijos si lloran en público, pero no a sus hijas. Llorar y reír es lo mismo porque son emociones. De modo que esa actitud castrante de que los nenes no deben llorar en público, debe erradicarse totalmente. Nosotros debemos expresar nuestros sentimientos libremente y fomentar que nuestros hijos así lo hagan.

Otro punto importante que debemos tener presente es el lenguaje sexista. Muchas veces se pueden hacer comentarios de este tipo o usar palabras despectivas sobre el otro sexo, sin tener plena conciencia de ello. Por eso debemos ser muy cuidadosos con lo que expresamos. Comentarios como: “no aceptaron a la nena en el equipo de futbol porque es muy débil…” o “ese es el único nene en la clase de danza…” Mensajes como estos están cargados de estereotipos y prejuicios que nuestros hijos pueden terminar imitando.

Las actividades extracurriculares que elijamos para ellos, deben ser las que más les apasionen. Recordemos que el niño y la niña son igualmente capaces de desempeñarse en diversas acciones. Una niña puede realizar actividades físicas como un varón y un niño puede realizar actividades pasivas como una niña. La única diferencia entre una cosa u otra, es el impulso del corazón. Y ese ímpetu es asexual.

Al momento de jugar debemos promover que todos puedan usar libremente los juguetes y no separárselos como si tuvieran que cumplir con unos roles de acuerdo al sexo. El juego es un espacio de creatividad y de aprendizaje.

Si no queremos que nuestros hijos formen parte de las estadísticas de individuos que presentan actitudes sexistas, eduquemos para la igualdad. El sexismo es real y conduce a la violencia. No queremos ser padres de víctimas ni de victimarios. Pensemos antes de hablar. Eduquemos con el ejemplo.