salud física, mental y emocional

PARA UNA SALUD PLENA…

Para que nuestros hijos tengan una salud plena debemos atender no solo sus carencias físicas, sino también las mentales y emocionales. Es fácil saber cuándo tiene hambre, podemos darnos cuenta cuando ha crecido y necesita ropa nueva, notamos si está cansado, etc. No obstante, las necesidades mentales y emocionales no son tan obvias, sin embargo, son igualmente importantes. Los expertos indican que la buena salud mental permite a los niños pensar claramente, desarrollarse socialmente, aprender nuevas destrezas, desarrollar autoestima y una perspectiva mental positiva. De modo que es un aspecto al que tenemos que atender con premura, máxime cuando en Puerto Rico el cuadro de salud mental es preocupante.

Los padres podemos fomentar una sana salud mental en nuestros niños dándole amor incondicional, promoviendo su confianza y su autoestima, alentándolos a jugar, haciéndolos partícipes de actividades extracurriculares, proporcionándoles un hogar seguro, orientándolos y disciplinándolos con amor y firmeza, conversando diariamente con ellos y acudiendo a los especialistas, siempre que sea necesario. Tenemos que romper el tabú hacia los consejeros, sicólogos y siquiatras infantiles. Si el pequeño tiene caries, lo llevamos al dentista, si le da un resfriado, al pediatra. Por lo tanto, si nos preocupa algo de su salud mental o emocional, nos corresponde llevarlos al especialista en cuestión.

Yo, como madre soltera, reconozco que necesito toda la ayuda posible para sacar a mi hija adelante. A veces no tengo las herramientas necesarias para enfrentar la complejidad de la crianza. De la misma forma que tengo una pediatra de confianza y una dentista, también tengo una sicóloga. Me preocupo por las emociones y los sentimientos de mi hija, sobre todo de aquellos que posiblemente no comparte conmigo, o que cuando lo hace me dejan inquieta. En esos momentos la sicóloga es mi aliada y sus servicios repercuten en bienestar para mi familia.

Como padres, debemos ser precavidos. No siempre es fácil saber si nuestro hijo tiene un problema serio porque las tensiones diarias pueden causar cambios en su comportamiento. No obstante, debemos estar alertas si comienza a presentar problemas en la escuela, en la casa, con sus amigos y compañeros, si sufre cambios drásticos en el apetito o en el sueño, si comienza a aislarse o a mostrar miedo sin razón aparente, si se muestra siempre molesto o triste, si comienza a hacerse daño, etc. La salud mental y emocional es tan importante como la física y debe ser atendida con la misma seriedad.

El amor, la comprensión y la conversación son las mejores terapias, pero somos sus padres. Muchas veces necesitamos esa ayuda extra para que nuestros hijos puedan disfrutar de una salud plena. Sigamos al viejo proverbio: “Ante la duda, saluda”.

P. D. Rompe con el tabú…

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PROTEJAMOS A NUESTROS NIÑOS DE LOS PELIGROS DE INTERNET

En la época en que estamos viviendo, a temprana edad, nuestros hijos tienen acceso a una tableta, un teléfono inteligente o un ordenador con acceso a Internet. Sabemos que la red es una fuente inagotable de información y entretenimiento, así que en lugar de prohibirles que la utilicen, debemos supervisar el acceso al contenido que ven. Su seguridad es nuestra responsabilidad.

La tableta o el móvil no puede hacer la función de niñera ni sustituye que juguemos con ellos. No obstante, hay muchas aplicaciones educativas y de entrenamiento que pueden usar a través de ellos. Lo importante es que su uso sea supervisado y moderado por un adulto responsable.

Los padres tenemos que conocer las aplicaciones que nuestros hijos instalan y supervisar este proceso. Es importante conocer sus funciones y el uso que les pueden dar. Existen herramientas que podemos utilizar para autorizar o desautorizar la descarga de las aplicaciones. Para más seguridad es recomendable que intervengamos en ese proceso en todo momento.

Si comprobamos la fiabilidad de las aplicaciones podemos tener más control y evitar que la descarga de algún juego bajado desde Internet, pueda ser la puerta de entrada de  ciberdelincuentes. Es nuestra responsabilidad controlar la información personal que se requiera que nuestros hijos puedan compartir.

En la medida que van creciendo y accediendo a aplicaciones que pueden usar para comunicarse con otros, es imprescindible hacerles ver los riesgos que conlleva facilitar información o contactar con extraños. Nuestros hijos deben entender que de la misma forma que desconfían de extraños en escenarios reales de persona a persona, deben hacerlo a través de Internet.

Los adultos somos quienes autorizamos que nuestros hijos interactúen en redes sociales. No hay una edad establecida para conceder este permiso, no obstante, los expertos recomiendan que menores de 16 años no tengan perfiles en redes sociales. En el momento que nuestros hijos tengan algún perfil social debemos estar pendiente de cómo se desenvuelven en las mismas, ya que muchas de sus acciones pueden acarrear consecuencias. 

Lo recomendable es que exista confianza entre padres e hijos y que no haya secretos, pero si esto falla, por su seguridad, tenemos que estar alertas, administrar y responsabilizarnos de la configuración y los controles de privacidad que tenga la cuenta de nuestro hijo. Es mejor un hijo enojado que uno expuesto a los peligros de Internet. Protegerlos es nuestra misión.

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CÓMO PODEMOS APOYAR EL SANO DESARROLLO DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO

Para fomentar que nuestros hijos tengan un desarrollo de género saludable, es importante que sepamos qué es la identidad de género y cómo se forma.  La doctora Asia Eaton, sicóloga social, explica que el sexo es el género asignado de acuerdo a las características físicas con las que nacemos. Mientras que la identidad de género es el sentimiento que tenemos sobre quiénes somos, la interacción de los rasgos biológicos, las influencias del desarrollo, las condiciones del entorno y del contexto sociocultural.  Es decir, la orientación sexual generalmente se refiere hacia quién nos sentimos atraídos sentimental o sexualmente. No obstante, la identidad sexual se trata de cómo pensamos acerca de nosotros mismos como seres sexuales.

Según especialistas de estudio de género y sicología infantil, la identidad de género se desarrolla poco a poco. El doctor Jason Rafferty, pediatra y sicólogo, explica que a los dos años los infantes toman conciencia de las diferencias físicas entre niños y niñas. Alrededor de los tres, pueden identificarse como varones o hembras. Y a los cuatro, la mayoría tienen un sentido estable de su identidad de género. Los expertos afirman, que la primera experiencia de atracción sexual puede ocurrir desde los 6 hasta los 16 años. Sin embrago, aunque en estas edades pueden experimentar atracción sexual, es poco probable que tengan la capacidad cognitiva y emocional para comprender completamente lo que significa la orientación sexual.

¿Cómo podemos los padres apoyar el sano desarrollo de la identidad de nuestros hijos? Los peritos del tema nos recomiendan que les demos la ocasión de explorar distintos roles de género y distintos estilos de juego. Podemos cerciorarnos de que el entorno de nuestros hijos refleje diversidad en los roles de género y fomente oportunidades para todos.

El doctor Rafferty ofrece varias recomendaciones. Por ejemplo:  mostrarles libros infantiles querevelen a hombres y mujeres en roles de género no estereotipados y diversos como enfermeros, secretarios, constructoras, empresarias, o padres que se quedan en casa mientras las madres salen a trabajar.  Otra cosa que podemos hacer es ofrecerles variedad de juguetes entre los cuales elegir, que incluyan muñecas, carritos, figurillas de acción, bloques de construcción, cocinitas, disfraces, entre otros. También es importante permitir que nuestros hijos elijan a sus amigos y las actividades en las que desean participar.

De acuerdo a Rafferty, además de los juguetes, juegos y actividades que eligen, los niños suelen expresar su identidad de género a través de la ropa y los peinados que le gustan, la conducta social que refleje grados variados de dominio o delicadeza, el género de sus amigos y de las personas a las que deciden seguir o imitar, los modales, los gestos físicos y otras acciones no verbales identificadas como masculinas o femeninas.

El sicólogo, Clinton W. Anderson, por otra parte, explica que, aunque el género y la sexualidad están sujetos a cambios socioculturales y (supuestamente) somos una sociedad que acepta la diversidad, cuando los intereses de nuestros hijos son disímiles de los que la colectividad espera, pueden sufrir exclusión y acoso. En este caso, recomienda que, en vez de obligar a nuestros hijos a ceder ante estas presiones, luchemos por obtener espacios seguros donde se sientan cómodos y a gusto con quienes son.

No queremos más historias como la Jamel Myles, el niño de 9 años que se suicidó en el 2018 en Estados Unidos, luego de sufrir persecución por ser “homosexual” en una escuela de Denver, Colorado, donde estudiaba. Anderson añade, además, que la aceptación de nosotros, los padres, puede proporcionar cierta protección, pero que instituciones como las escuelas, tienen que comprometerse y garantizar entornos seguros y propicios para todos los niños. Es responsabilidad de todos, con el fin de promover la evolución y la garantía de que todos los niños se conviertan en adultos felices.

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¡A CARGAR LAS PILAS!

En una sociedad cambiante y llena de retos es usual que nos sintamos agotadas. A veces nuestro cerebro nos manda un mensaje similar al que nos muestra el móvil cuando las baterías están perdiendo su carga. No debemos ignorar este recado como no ignoramos el del teléfono porque de la misma forma que el celular podría apagarse, nuestro cerebro también.

Continuar con la faena del trabajo laboral y doméstico, de la crianza y la manutención, de los compromisos familiares y sociales, requiere que nos concibamos bien, equilibradas, en armonía. Cuando somos jefas de hogar, todo cae sobre nuestros hombros y nos cansamos, no solo físicamente, sino emocionalmente. Hoy comparto algunas recomendaciones para cargar las pilas. Veamos:

  • Dormir y tomarnos el tiempo de descanso adecuado para la recuperación física y mental.

No es pecado echar una siesta o quedarnos un día del fin de semana en la casa, solo para descansar. Hazlo cuando haga falta.

  • Meditar y relajarnos.

Meditemos en silencio o con música, pero no dejemos pasar la ocasión de descansar la mente y relajarnos un poco, buscando paz interior.

  • Tener contacto con la naturaleza.

Está probado que al contemplar la naturaleza la mente descansa y el cuerpo se relaja, lo que potencia la energía.

  • Seamos agradecidas.

Contar las bendiciones y disfrutar de lo que tenemos es el mejor acto de agradecimiento. Y nos permite darnos cuenta que poseemos más de lo que necesitamos.

  • Hagamos un poco de ejercicio.

Científicamente se ha probado que hacer ejercicios genera las endorfinas que aumentan el estado de placer y circula nuestra energía. Si no te gusta el gimnasio camina un poco o practica algún deporte.

  • Cantemos o bailemos.

Cantar y / o bailar son actividades que fortalecen la energía, pero no deben ir asociadas con trasnocharnos porque al final estaremos más cansadas. Son acciones que podemos hacer mientras manejamos el auto o estamos haciendo tareas domésticas.

  • Hacer una buena lectura.

Existe un universo de palabras, un mar de historias. Leer unas cuantas páginas cada día, de los temas que nos apasionen, siempre conseguirá un estado de bienestar que, definitivamente, carga las pilas.

  • Ver una película.

Ya sea en el cine o en la casa, ver una película que nos enfoque en la armonía y el amor es un gran aliciente.

  • Hacer lo que más disfrutamos.

Ya sea que pintes, cuides y cultives el jardín, corras bicicleta o patines, toques un instrumento musical…, no importa. Lo que cuenta es que saquemos tiempo para hacer algo que disfrutemos y que incrementará nuestra energía.

Es cuestión de cargar las pilas y levantarnos cada día con una sonrisa y la mejor disposición para continuar siendo mujeres, madres, profesionales… Son muchos los sombreros que nos ponemos, por lo que no es posible dejarnos de ocupar de nosotras. Si el mensaje que te envía tu cerebro es “batería baja”, deja todo y conéctate contigo.

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CRIAR NIÑAS FELICES Y EMPODERADAS

La felicidad se define como un estado de grata satisfacción espiritual y física. El empoderamiento es hacerse fuerte, poderoso y tener autoridad para hacer algo. Las madres del siglo XXI tenemos un reto más: criar niñas felices y empoderadas. ¿Qué simboliza esto? Significa formar con amor, atención e independencia para que nuestras hijas se conviertan en mujeres triunfadoras, capaces de contribuir a un mundo mejor. ¿Cómo podemos hacerlo? Potenciando sus habilidades y su confianza para que crezcan felices y seguras de su alcance en la sociedad.

Por ejemplo, hay poderes que podemos comenzar a darles desde pequeñas. Uno de ellos es el de la expresión y la participación. A las niñas hay que enseñarles que tienen derecho a expresarse y a participar, de la misma manera que los niños. Ellas deben entender que sus opiniones son válidas y que deben exigir ser escuchadas y no recibir un trato discriminatorio. El seno del hogar y los salones de clases son buenos escenarios para esta práctica.

También logremos mostrarles que tienen la potestad de amar y sentirse amadas.  El éxito de la crianza tiene su base en el amor, por lo que tenemos que demostrarlo para que aprendan a expresarlo libremente. Una niña feliz y empoderada será capaz de amarse a sí misma y de demostrar su afecto hacia otros con seguridad y respeto. Lo que la convertirá en una mujer indudable de sus emociones. 

En la etapa de la crianza tenemos que darles el dominio de ser ellas mismas. Evitemos la formación estereotipada para que logren definirse alrededor de ellas mismas. Esto les permitirá desarrollar libremente su propia personalidad, su esencia, su individualidad. Que aprendan que lo que puedan pensar que es una imperfección, no es más que otro rasgo de su singularidad.

Soñar es un poder que tampoco debemos fallar en fomentar. El desarrollo de la creatividad y la imaginación es fundamental para un crecimiento saludable. Por lo tanto, alentemos sus sueños y que sueñen en grande porque no hay límites para su potencial. Mostrémosles ejemplos de figuras triunfadoras que desde niñas soñaron lo que ahora son.

Las niñas deben tener la potestad de planificar su futuro.  Conversemos con ellas sobre el porvenir, sus intereses, pasiones e ilusiones. Tener un plan de vida es beneficioso y puede prevenir la deserción escolar, un mal inicio de la sexualidad y un embarazo precoz, entre otras cosas.

Cuando criamos niñas comprometámonos darles autoridad de desarrollo a través de la educación que es uno de los indicadores más efectivos para prever el empoderamiento de una niña. Mientras más educación alcance, mayor capacidad, tendrá, de tener el control social, económico, profesional y personal de su vida.

Enseñémosle, además, el poder que otorga una buena administración financiera para que se conviertan en mujeres soberanas, capaces de administrar sus bienes para beneficio propio y de su entorno. Criar niñas felices y empoderadas debe ser nuestra meta, contar con mujeres realizadas será una gran satisfacción.

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CÓMO EVITAR UNA EDUCACIÓN SEXISTA

La educación sexista es más común de lo que pensamos. Empieza con simples detalles como asignar sexo a los colores y regalar juguetes diferentes a los niños y a las niñas. Aunque muchos puedan pensar que esto es algo natural e inofensivo, no lo es. Si queremos evitar actitudes discriminatorias y violencia de género, debemos educar para la igualdad. Podemos comenzar en casa.

Cosas rutinarias, como las tareas del hogar, deben ser distribuidas entre ambos sexos. Los varones pueden hacer labores como fregar y barrer y las hembras, a su vez, lavar el carro, cambiar una bombilla, por ejemplo. Si se trata de una familia monoparental, como la mía, en la que las dos somos féminas, también podemos educar con una base en la igualdad de género. Cuando no hay presencia del sexo opuesto, podemos hablar al respecto e instruir a través de libros, películas, etc.

La expresión de los sentimientos debe percibirse como lo que es, algo natural e individual que nada tiene que ver con el sexo. En el siglo XXI aún hay padres y madres que critican a sus hijos si lloran en público, pero no a sus hijas. Llorar y reír es lo mismo porque son emociones. De modo que esa actitud castrante de que los nenes no deben llorar en público, debe erradicarse totalmente. Nosotros debemos expresar nuestros sentimientos libremente y fomentar que nuestros hijos así lo hagan.

Otro punto importante que debemos tener presente es el lenguaje sexista. Muchas veces se pueden hacer comentarios de este tipo o usar palabras despectivas sobre el otro sexo, sin tener plena conciencia de ello. Por eso debemos ser muy cuidadosos con lo que expresamos. Comentarios como: “no aceptaron a la nena en el equipo de futbol porque es muy débil…” o “ese es el único nene en la clase de danza…” Mensajes como estos están cargados de estereotipos y prejuicios que nuestros hijos pueden terminar imitando.

Las actividades extracurriculares que elijamos para ellos, deben ser las que más les apasionen. Recordemos que el niño y la niña son igualmente capaces de desempeñarse en diversas acciones. Una niña puede realizar actividades físicas como un varón y un niño puede realizar actividades pasivas como una niña. La única diferencia entre una cosa u otra, es el impulso del corazón. Y ese ímpetu es asexual.

Al momento de jugar debemos promover que todos puedan usar libremente los juguetes y no separárselos como si tuvieran que cumplir con unos roles de acuerdo al sexo. El juego es un espacio de creatividad y de aprendizaje.

Si no queremos que nuestros hijos formen parte de las estadísticas de individuos que presentan actitudes sexistas, eduquemos para la igualdad. El sexismo es real y conduce a la violencia. No queremos ser padres de víctimas ni de victimarios. Pensemos antes de hablar. Eduquemos con el ejemplo.

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EL MANEJO DE LAS EMOCIONES ES UN APRENDIZAJE

Como padres una de nuestras principales preocupaciones es la educación de nuestros hijos. Debemos recordar que, si queremos niños bien educados, el aprendizaje comienza en casa y va más allá de la actividad académica. El manejo de las emociones es un aprendizaje tan importante como las materias básicas que se enseñan en la escuela. Sin embargo, no necesariamente forman parte o se integran en el currículo escolar. No obstante, la inteligencia emocional es un aprendizaje para la vida. De esta depende que los niños logren una buena integración en la sociedad y sean felices.

Todo lo que hacemos está impregnado de emoción, por lo tanto, aprender a manejar las emociones es crucial. Si para los adultos resulta difícil lograrlo, aun con todas las experiencias vividas, imaginen lo complicado que es para los infantes que carecen de experiencia. Por eso es tan importante que aprendan a manejar sus emociones. De lo contrario serán niños frágiles, irritables, agresivos, hostiles, etc. Y como consecuencia, adultos inadaptados, frustrados e infelices.

La educación emocional, como todas las demás, también comienza en casa. Veamos algunas recomendaciones que hace la sicóloga Valeria Sabater sobre cómo educar a los niños en la inteligencia emocional y comencemos haciéndolo en nuestros hogares.

Cuando son bebés debemos tomar acción ante sus rabietas y no verlas como algo gracioso. Nunca debemos permitirles la agresión, sino hablarles hasta calmarlos y que logren tomar control de lo que están sintiendo.

A partir de los dos años ya podemos iniciarlos en el reconocimiento de emociones como la alegría, la tristeza, el miedo, el coraje, etc. La sicóloga recomienda que hagamos ejercicios con ellos mediante fotografías que muestren estas emociones, para que empiecen a reconocer las propias. Además, más adelante, podrán nombrar sus propios sentimientos. Es importante, no solo que los nombren, sino que los manejen adecuadamente. Por ejemplo, si cuando están molestos, gritan o tiran cosas, podemos aprovechar ese momento para instruirles que es conveniente expresar sus emociones con palabras y prestarnos a escucharlos comprensivamente. De este modo, también fomentamos la comunicación.

Para desarrollar la empatía tomemos ventaja del día a día. Situaciones rutinarias son el momento apropiado para la educación emocional. Sabater recomienda que, por ejemplo, si algún miembro de la familia está triste, podemos preguntarles a los pequeños por qué ellos piensan que esta persona se siente así y razonar con ellos mediante preguntas similares.

Cerca de los diez años nuestros hijos empiezan a experimentar otras emociones como el amor, la vergüenza y la ansiedad. Por lo tanto, si en los primeros años logramos inculcar una buena comunicación, compartirán con nosotros las nuevas emociones de la pre adolescencia y estaremos listos para escucharlos y continuar fomentando el diálogo.

Cada día podemos tener la oportunidad de hacer nuevos aportes a la inteligencia emocional de nuestros hijos. Aprovechemos esos momentos. Logremos que aprendan a reconocer sus emociones y también las ajenas, que comuniquen sus sentimientos, maduren y alcancen una integración social sana y feliz. No dejemos el futuro de nuestros hijos a lo incierto, cuando podemos contribuir y ofrecerles una buena educación en inteligencia emocional.

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¿CUÁL ES LA MEJOR EDUCACIÓN SEXUAL INFANTIL?

La que le damos en casa. Somos los responsables de la educación sexual de nuestros hijos. Desde temprana edad los infantes comienzan a explorar y a aprender sobre su cuerpo, es algo tan natural como caminar. Desde esas primeras manifestaciones podemos empezar a educar. Debemos comenzar con enseñarles los nombres correctos de sus órganos sexuales. Y según van madurando, explicarles que sus partes íntimas son privadas.

De acuerdo al desarrollo humano, los pequeños de uno a dos años pueden comenzar a tocar sus genitales. Es importante estar pendientes de cómo y dónde esto sucede. Hay que explicarles que tocarse es normal, pero se hace en privado. Además de estar alertas de que no se vuelva una actividad recurrente que pueda ser indicio de un problema. Ante cualquier duda, debemos consultar a un especialista.

Cerca de los tres y cuatro años comienzan a notar la diferencia entre los órganos de los niños y las niñas (podría ser antes si tienen hermanos). Sea antes o después nos corresponde educarlos al respecto y explicar la diferencia entre uno y otro. Como, por ejemplo, por qué los varones generalmente orinan de pie, mientras las hembras lo hacen sentadas.

El tema de la sexualidad no tiene por qué ser estresante. Hemos de aprovechar la cotidianidad para hablar de sexo en todas las oportunidades que se presenten. Por ejemplo, si surge un embarazo en el círculo familiar, podemos explicarles cómo llegan los bebés al vientre materno y cómo nacen. Si el infante pregunta, está preparado para la respuesta y esta debe ser honesta. Las explicaciones que les demos deben ser de acuerdo a su madurez y usando el vocabulario correcto.

Debemos evitar ignorarlos o regañarlos cuando pregunten sobre temas de índole sexual. Existen muchos recursos que nos pueden ayudar a educarlos sobre este tema. Si causa inseguridad podemos recurrir a algunos libros, pero no dejar la educación sexual al azar o en manos de otros. Convenimos ser la fuente primaria de información y preparar el terreno para mantener una buena comunicación a corto y a largo plazo.

Además de libros, existen películas, documentales y expertos que pueden apoyarnos en esta tarea. Lo importante es que la primera información venga de nosotros. Que el varón no se sienta sorprendido ante su primera erección, ni la hembra, ante su primera menstruación porque ya sabían que eso ocurriría.

Hablemos con nuestros hijos sobre su desarrollo humano. La mejor educación sexual es la que empieza en casa. Somos seres sexuales, hablemos de sexo.

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ANTES DE LA ADOLESCENCIA

Cuando nuestros hijos son pequeños somos sus modelos e influenciamos grandemente en ellos. Una vez van creciendo se vuelven más independientes y se distancian de nosotros. Por eso es recomendable construir buenos hábitos, en la niñez, para que cuando crezcan estos sean parte de ellos.

Por ejemplo: sacar tiempo para conversar. Si desde edad temprana acostumbramos conversar con nuestros críos, cuando crezcan, seguramente, aún hablarán con nosotros. Es importante fomentar una relación de confianza, risas y diálogo. De modo que nunca se pierda.

El contacto físico es imprescindible. Abrazar, dar besos, ser cariñosos, decir halagos, demostrar el amor. Si desde que son pequeños esto se vuelve parte de la relación entre padres e hijos, cuando lleguen a la adolescencia no evitarán, del todo, nuestro contacto físico. Aunque sea en el seno del hogar querrán esas expresiones afectuosas.  

Comprender sus intereses es algo que debemos aprender desde que son niños. No solo comprenderlos, sino apoyarlos para que cuando crezcan continúen compartiéndolos con nosotros.

Desde la infancia debemos enseñarles a aceptar un “no” por respuesta. No podemos complacer todos sus caprichos. Hay que decir “no” cuando haga falta y ayudarles a comprender que es por su bien, que no todo lo que queremos es lo que necesitamos o lo que nos conviene.

El fracaso y el éxito son necesarios. Tan importante es celebrar sus éxitos como apoyarlos en sus fracasos y dejar que aprendan de ellos. Y eso es algo que podemos empezar a hacer desde temprana edad. Así podrán manejar sus frustraciones y celebraciones con más confianza.

El respeto y la cordialidad son hábitos que no podemos dejar de inculcar. Los niños deben aprender a pedir permiso, dar gracias, saludar, disculparse. Respetarse a ellos mismos y a los demás, en todo momento. Si desde chicos lo hacen con naturalidad, serán costumbres que conservarán siempre.

Ser ordenados es una práctica necesaria, algo muy útil para toda la vida. No se trata solo de mantener su habitación en orden, sino su vida. Que sepan que cada cosa tiene su tiempo y su lugar, que establezcan prioridades y ordenen sus quehaceres de manera que puedan cumplir con todos.

Nuestros hijos deben aprender lo que es higiene personal. No debemos hacerle todo, sino enseñarles a hacerse cargo de ellos mismos, según van adquiriendo independencia. Que comprendan la importancia de lavarse bien los dientes, bañarse de pies a cabeza, vestirse adecuadamente y con ropa limpia, tener sus artículos de higiene a su alcance, en todo momento. Y que comprendan que según van creciendo, más importante aún es su higiene personal.

La lectura y el estudio no deben ser una opción, sino una formalidad. Este hábito se aprende con el modelaje y la acción. De nada sirve decirles “estudia mijo”, si ellos no ven que los apoyas y los ayudas en el proceso. De nada vale que le digas “ponte a leer”, si nunca le has leído un cuento ni te han visto devorar un libro.

Por último, pero no menos importante (a propósito del siglo XXI…) Los aparatos electrónicos no se llevan a la mesa. Muchas veces cometemos este error, por lo que debemos estar vigilantes y evitarlo. La mesa debe ser un lugar donde podamos interactuar con los que están allí. Si le enseñamos con el ejemplo lo emularán.

 

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EQUIVOCADO AMOR

El amor equivocado es el que a veces profesamos por nuestros hijos cuando en nombre de este, cometemos errores al criar. Debemos recordar que no podemos vivir a través de nuestros hijos. Decir que los amamos y que queremos lo mejor para ellos es una cosa, pero otra muy distinta es obligarlos a seguir nuestros sueños. Nuestros hijos tienen sus propias vidas y deben tomar sus propias decisiones.  El amor no es egoísta. Nos corresponde alentar sus sueños y apoyarlos en sus decisiones de lo que quieran ser en su vida.

Tampoco debemos olvidar lo que significa ser niños. Como padres podemos cometer el error de pretender que se comporten como adultos. Sin embargo, deben disfrutar de su infancia y, sobre todo, del juego, porque este es su principal herramienta de aprendizaje. Para los niños, jugar no es un privilegio, es un derecho. Y nuestro amor incondicional debe honrar ese derecho.

No podemos equivocarnos con las palabras y el ejemplo. No es un secreto que lo que modelemos prevalecerá. Podemos darles muchas lecciones sobre cómo vivir, pero lo que más recordarán es la forma en que lo hicimos. Nuestros actos prevalecerán. Somos sus modelos.

Ser amigo de nuestros hijos es una forma equivocada de amar. Claro que queremos ganarnos su confianza, pero no puede ser convirtiéndonos en sus amigos, porque es fundamental que los niños aprendan a respetarnos y obedecernos. Si nos ven como sus amigos, nos verán como sus iguales y eso puede conducirnos a un estilo educativo permisivo que no será beneficioso para nuestros hijos. Por supuesto que la complicidad es importante, no obstante, hay que encontrar el punto medio entre la figura de autoridad que representamos y la confianza que se necesita para crear una buena relación.

Recordemos que nuestros hijos no son perfectos porque nadie lo es. No seamos ciegos. Nuestros críos tienen defectos, cometen errores y no siempre actúan con buena intención. Aceptarlos como son es la base de su autoestima, pero esto no se traduce en dar por bueno todo lo que hacen. Consentir incondicionalmente a los niños significa no condicionar nuestro amor a sus éxitos y fracasos. Sin embargo, es esencial enseñarlos a que sigan normas y reglas que les permitan convivir en sociedad.

Un amor equivocado es capaz de matar con las palabras. Si hay algo poderoso son las palabras. Pueden salvar o pueden tronchar una vida.  Como padres responsables y amorosos debemos saber escoger las palabras que le decimos a nuestros hijos. Una broma de mal gusto o una palabra con ira podría causar una herida permanente. Cada palabra debe ser dicha con amor.

Si criamos hijos dependientes, también nos equivocamos. Nos corresponde delegar responsabilidades desde que los niños son pequeños. Su futuro exitoso depende de eso. Si le resolvemos todo en la vida, se sentirán incapaces al momento de tomar decisiones y de enfrentar los desafíos de la vida. La dependencia es un error que podemos cometer en nombre del amor. Pero tenemos que evitarlo para lograr que nuestros hijos gocen de un espíritu emprendedor y sean personas autosuficientes.

Definitivamente, criar bien a nuestros hijos es el mejor regalo que podemos darle, es la forma correcta de amarlos.