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CÓMO EVITAR UNA EDUCACIÓN SEXISTA

La educación sexista es más común de lo que pensamos. Empieza con simples detalles como asignar sexo a los colores y regalar juguetes diferentes a los niños y a las niñas. Aunque muchos puedan pensar que esto es algo natural e inofensivo, no lo es. Si queremos evitar actitudes discriminatorias y violencia de género, debemos educar para la igualdad. Podemos comenzar en casa.

Cosas rutinarias, como las tareas del hogar, deben ser distribuidas entre ambos sexos. Los varones pueden hacer labores como fregar y barrer y las hembras, a su vez, lavar el carro, cambiar una bombilla, por ejemplo. Si se trata de una familia monoparental, como la mía, en la que las dos somos féminas, también podemos educar con una base en la igualdad de género. Cuando no hay presencia del sexo opuesto, podemos hablar al respecto e instruir a través de libros, películas, etc.

La expresión de los sentimientos debe percibirse como lo que es, algo natural e individual que nada tiene que ver con el sexo. En el siglo XXI aún hay padres y madres que critican a sus hijos si lloran en público, pero no a sus hijas. Llorar y reír es lo mismo porque son emociones. De modo que esa actitud castrante de que los nenes no deben llorar en público, debe erradicarse totalmente. Nosotros debemos expresar nuestros sentimientos libremente y fomentar que nuestros hijos así lo hagan.

Otro punto importante que debemos tener presente es el lenguaje sexista. Muchas veces se pueden hacer comentarios de este tipo o usar palabras despectivas sobre el otro sexo, sin tener plena conciencia de ello. Por eso debemos ser muy cuidadosos con lo que expresamos. Comentarios como: “no aceptaron a la nena en el equipo de futbol porque es muy débil…” o “ese es el único nene en la clase de danza…” Mensajes como estos están cargados de estereotipos y prejuicios que nuestros hijos pueden terminar imitando.

Las actividades extracurriculares que elijamos para ellos, deben ser las que más les apasionen. Recordemos que el niño y la niña son igualmente capaces de desempeñarse en diversas acciones. Una niña puede realizar actividades físicas como un varón y un niño puede realizar actividades pasivas como una niña. La única diferencia entre una cosa u otra, es el impulso del corazón. Y ese ímpetu es asexual.

Al momento de jugar debemos promover que todos puedan usar libremente los juguetes y no separárselos como si tuvieran que cumplir con unos roles de acuerdo al sexo. El juego es un espacio de creatividad y de aprendizaje.

Si no queremos que nuestros hijos formen parte de las estadísticas de individuos que presentan actitudes sexistas, eduquemos para la igualdad. El sexismo es real y conduce a la violencia. No queremos ser padres de víctimas ni de victimarios. Pensemos antes de hablar. Eduquemos con el ejemplo.

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EL MANEJO DE LAS EMOCIONES ES UN APRENDIZAJE

Como padres una de nuestras principales preocupaciones es la educación de nuestros hijos. Debemos recordar que, si queremos niños bien educados, el aprendizaje comienza en casa y va más allá de la actividad académica. El manejo de las emociones es un aprendizaje tan importante como las materias básicas que se enseñan en la escuela. Sin embargo, no necesariamente forman parte o se integran en el currículo escolar. No obstante, la inteligencia emocional es un aprendizaje para la vida. De esta depende que los niños logren una buena integración en la sociedad y sean felices.

Todo lo que hacemos está impregnado de emoción, por lo tanto, aprender a manejar las emociones es crucial. Si para los adultos resulta difícil lograrlo, aun con todas las experiencias vividas, imaginen lo complicado que es para los infantes que carecen de experiencia. Por eso es tan importante que aprendan a manejar sus emociones. De lo contrario serán niños frágiles, irritables, agresivos, hostiles, etc. Y como consecuencia, adultos inadaptados, frustrados e infelices.

La educación emocional, como todas las demás, también comienza en casa. Veamos algunas recomendaciones que hace la sicóloga Valeria Sabater sobre cómo educar a los niños en la inteligencia emocional y comencemos haciéndolo en nuestros hogares.

Cuando son bebés debemos tomar acción ante sus rabietas y no verlas como algo gracioso. Nunca debemos permitirles la agresión, sino hablarles hasta calmarlos y que logren tomar control de lo que están sintiendo.

A partir de los dos años ya podemos iniciarlos en el reconocimiento de emociones como la alegría, la tristeza, el miedo, el coraje, etc. La sicóloga recomienda que hagamos ejercicios con ellos mediante fotografías que muestren estas emociones, para que empiecen a reconocer las propias. Además, más adelante, podrán nombrar sus propios sentimientos. Es importante, no solo que los nombren, sino que los manejen adecuadamente. Por ejemplo, si cuando están molestos, gritan o tiran cosas, podemos aprovechar ese momento para instruirles que es conveniente expresar sus emociones con palabras y prestarnos a escucharlos comprensivamente. De este modo, también fomentamos la comunicación.

Para desarrollar la empatía tomemos ventaja del día a día. Situaciones rutinarias son el momento apropiado para la educación emocional. Sabater recomienda que, por ejemplo, si algún miembro de la familia está triste, podemos preguntarles a los pequeños por qué ellos piensan que esta persona se siente así y razonar con ellos mediante preguntas similares.

Cerca de los diez años nuestros hijos empiezan a experimentar otras emociones como el amor, la vergüenza y la ansiedad. Por lo tanto, si en los primeros años logramos inculcar una buena comunicación, compartirán con nosotros las nuevas emociones de la pre adolescencia y estaremos listos para escucharlos y continuar fomentando el diálogo.

Cada día podemos tener la oportunidad de hacer nuevos aportes a la inteligencia emocional de nuestros hijos. Aprovechemos esos momentos. Logremos que aprendan a reconocer sus emociones y también las ajenas, que comuniquen sus sentimientos, maduren y alcancen una integración social sana y feliz. No dejemos el futuro de nuestros hijos a lo incierto, cuando podemos contribuir y ofrecerles una buena educación en inteligencia emocional.

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¿CUÁL ES LA MEJOR EDUCACIÓN SEXUAL INFANTIL?

La que le damos en casa. Somos los responsables de la educación sexual de nuestros hijos. Desde temprana edad los infantes comienzan a explorar y a aprender sobre su cuerpo, es algo tan natural como caminar. Desde esas primeras manifestaciones podemos empezar a educar. Debemos comenzar con enseñarles los nombres correctos de sus órganos sexuales. Y según van madurando, explicarles que sus partes íntimas son privadas.

De acuerdo al desarrollo humano, los pequeños de uno a dos años pueden comenzar a tocar sus genitales. Es importante estar pendientes de cómo y dónde esto sucede. Hay que explicarles que tocarse es normal, pero se hace en privado. Además de estar alertas de que no se vuelva una actividad recurrente que pueda ser indicio de un problema. Ante cualquier duda, debemos consultar a un especialista.

Cerca de los tres y cuatro años comienzan a notar la diferencia entre los órganos de los niños y las niñas (podría ser antes si tienen hermanos). Sea antes o después nos corresponde educarlos al respecto y explicar la diferencia entre uno y otro. Como, por ejemplo, por qué los varones generalmente orinan de pie, mientras las hembras lo hacen sentadas.

El tema de la sexualidad no tiene por qué ser estresante. Hemos de aprovechar la cotidianidad para hablar de sexo en todas las oportunidades que se presenten. Por ejemplo, si surge un embarazo en el círculo familiar, podemos explicarles cómo llegan los bebés al vientre materno y cómo nacen. Si el infante pregunta, está preparado para la respuesta y esta debe ser honesta. Las explicaciones que les demos deben ser de acuerdo a su madurez y usando el vocabulario correcto.

Debemos evitar ignorarlos o regañarlos cuando pregunten sobre temas de índole sexual. Existen muchos recursos que nos pueden ayudar a educarlos sobre este tema. Si causa inseguridad podemos recurrir a algunos libros, pero no dejar la educación sexual al azar o en manos de otros. Convenimos ser la fuente primaria de información y preparar el terreno para mantener una buena comunicación a corto y a largo plazo.

Además de libros, existen películas, documentales y expertos que pueden apoyarnos en esta tarea. Lo importante es que la primera información venga de nosotros. Que el varón no se sienta sorprendido ante su primera erección, ni la hembra, ante su primera menstruación porque ya sabían que eso ocurriría.

Hablemos con nuestros hijos sobre su desarrollo humano. La mejor educación sexual es la que empieza en casa. Somos seres sexuales, hablemos de sexo.

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ANTES DE LA ADOLESCENCIA

Cuando nuestros hijos son pequeños somos sus modelos e influenciamos grandemente en ellos. Una vez van creciendo se vuelven más independientes y se distancian de nosotros. Por eso es recomendable construir buenos hábitos, en la niñez, para que cuando crezcan estos sean parte de ellos.

Por ejemplo: sacar tiempo para conversar. Si desde edad temprana acostumbramos conversar con nuestros críos, cuando crezcan, seguramente, aún hablarán con nosotros. Es importante fomentar una relación de confianza, risas y diálogo. De modo que nunca se pierda.

El contacto físico es imprescindible. Abrazar, dar besos, ser cariñosos, decir halagos, demostrar el amor. Si desde que son pequeños esto se vuelve parte de la relación entre padres e hijos, cuando lleguen a la adolescencia no evitarán, del todo, nuestro contacto físico. Aunque sea en el seno del hogar querrán esas expresiones afectuosas.  

Comprender sus intereses es algo que debemos aprender desde que son niños. No solo comprenderlos, sino apoyarlos para que cuando crezcan continúen compartiéndolos con nosotros.

Desde la infancia debemos enseñarles a aceptar un “no” por respuesta. No podemos complacer todos sus caprichos. Hay que decir “no” cuando haga falta y ayudarles a comprender que es por su bien, que no todo lo que queremos es lo que necesitamos o lo que nos conviene.

El fracaso y el éxito son necesarios. Tan importante es celebrar sus éxitos como apoyarlos en sus fracasos y dejar que aprendan de ellos. Y eso es algo que podemos empezar a hacer desde temprana edad. Así podrán manejar sus frustraciones y celebraciones con más confianza.

El respeto y la cordialidad son hábitos que no podemos dejar de inculcar. Los niños deben aprender a pedir permiso, dar gracias, saludar, disculparse. Respetarse a ellos mismos y a los demás, en todo momento. Si desde chicos lo hacen con naturalidad, serán costumbres que conservarán siempre.

Ser ordenados es una práctica necesaria, algo muy útil para toda la vida. No se trata solo de mantener su habitación en orden, sino su vida. Que sepan que cada cosa tiene su tiempo y su lugar, que establezcan prioridades y ordenen sus quehaceres de manera que puedan cumplir con todos.

Nuestros hijos deben aprender lo que es higiene personal. No debemos hacerle todo, sino enseñarles a hacerse cargo de ellos mismos, según van adquiriendo independencia. Que comprendan la importancia de lavarse bien los dientes, bañarse de pies a cabeza, vestirse adecuadamente y con ropa limpia, tener sus artículos de higiene a su alcance, en todo momento. Y que comprendan que según van creciendo, más importante aún es su higiene personal.

La lectura y el estudio no deben ser una opción, sino una formalidad. Este hábito se aprende con el modelaje y la acción. De nada sirve decirles “estudia mijo”, si ellos no ven que los apoyas y los ayudas en el proceso. De nada vale que le digas “ponte a leer”, si nunca le has leído un cuento ni te han visto devorar un libro.

Por último, pero no menos importante (a propósito del siglo XXI…) Los aparatos electrónicos no se llevan a la mesa. Muchas veces cometemos este error, por lo que debemos estar vigilantes y evitarlo. La mesa debe ser un lugar donde podamos interactuar con los que están allí. Si le enseñamos con el ejemplo lo emularán.

 

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EQUIVOCADO AMOR

El amor equivocado es el que a veces profesamos por nuestros hijos cuando en nombre de este, cometemos errores al criar. Debemos recordar que no podemos vivir a través de nuestros hijos. Decir que los amamos y que queremos lo mejor para ellos es una cosa, pero otra muy distinta es obligarlos a seguir nuestros sueños. Nuestros hijos tienen sus propias vidas y deben tomar sus propias decisiones.  El amor no es egoísta. Nos corresponde alentar sus sueños y apoyarlos en sus decisiones de lo que quieran ser en su vida.

Tampoco debemos olvidar lo que significa ser niños. Como padres podemos cometer el error de pretender que se comporten como adultos. Sin embargo, deben disfrutar de su infancia y, sobre todo, del juego, porque este es su principal herramienta de aprendizaje. Para los niños, jugar no es un privilegio, es un derecho. Y nuestro amor incondicional debe honrar ese derecho.

No podemos equivocarnos con las palabras y el ejemplo. No es un secreto que lo que modelemos prevalecerá. Podemos darles muchas lecciones sobre cómo vivir, pero lo que más recordarán es la forma en que lo hicimos. Nuestros actos prevalecerán. Somos sus modelos.

Ser amigo de nuestros hijos es una forma equivocada de amar. Claro que queremos ganarnos su confianza, pero no puede ser convirtiéndonos en sus amigos, porque es fundamental que los niños aprendan a respetarnos y obedecernos. Si nos ven como sus amigos, nos verán como sus iguales y eso puede conducirnos a un estilo educativo permisivo que no será beneficioso para nuestros hijos. Por supuesto que la complicidad es importante, no obstante, hay que encontrar el punto medio entre la figura de autoridad que representamos y la confianza que se necesita para crear una buena relación.

Recordemos que nuestros hijos no son perfectos porque nadie lo es. No seamos ciegos. Nuestros críos tienen defectos, cometen errores y no siempre actúan con buena intención. Aceptarlos como son es la base de su autoestima, pero esto no se traduce en dar por bueno todo lo que hacen. Consentir incondicionalmente a los niños significa no condicionar nuestro amor a sus éxitos y fracasos. Sin embargo, es esencial enseñarlos a que sigan normas y reglas que les permitan convivir en sociedad.

Un amor equivocado es capaz de matar con las palabras. Si hay algo poderoso son las palabras. Pueden salvar o pueden tronchar una vida.  Como padres responsables y amorosos debemos saber escoger las palabras que le decimos a nuestros hijos. Una broma de mal gusto o una palabra con ira podría causar una herida permanente. Cada palabra debe ser dicha con amor.

Si criamos hijos dependientes, también nos equivocamos. Nos corresponde delegar responsabilidades desde que los niños son pequeños. Su futuro exitoso depende de eso. Si le resolvemos todo en la vida, se sentirán incapaces al momento de tomar decisiones y de enfrentar los desafíos de la vida. La dependencia es un error que podemos cometer en nombre del amor. Pero tenemos que evitarlo para lograr que nuestros hijos gocen de un espíritu emprendedor y sean personas autosuficientes.

Definitivamente, criar bien a nuestros hijos es el mejor regalo que podemos darle, es la forma correcta de amarlos.  

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LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS Y CÓMO SALVAGUARDARLOS

Todos los seres humanos tenemos derechos, los niños no son la excepción y a los adultos nos corresponde salvaguardarlos. Los infantes tienen derecho a tener un nombre. La importancia de esto radica en que, al vivir en sociedad, el nombre es lo que le garantiza el cumplimiento del resto de sus derechos. Si un niño no es inscrito en la oficina de registro de su país, es como si no existiera. Los padres o tutores tenemos que hacer valer este derecho pocos días después de su nacimiento.

Los niños tienen derecho a la supervivencia. Por eso es nuestro deber cuidar de su salud física y mental. Tenemos la obligación de alimentarlos adecuadamente, de procurar que duerman y descansen lo suficiente y proveerle los cuidados preventivos que sean necesarios. Si no podemos pagar un plan de salud privado, debemos procurar los beneficios que el Estado pueda ofrecer sobre este particular.

Otro derecho que tiene la niñez es a ser educados. Todos los niños deben acceder a una educación de eficacia que les permita desarrollar sus mentes hasta el máximo de sus posibilidades. Para ello, la educación elemental debe ser gratis y debemos facilitarles el acceso a la superior y a la universidad. Los adultos, como custodios, podemos pagarles una educación privada o instruirlos en la casa (homeschooling). Cualquier método es válido siempre y cuando protejamos su derecho a la educación.

Nuestros niños tienen derecho a jugar. Sí, así como lo lee. La niñez es una etapa de la vida y los niños tienen derecho a disfrutar de su infancia. Una de las mejores maneras para lograrlo es a través del juego. Los pequeños tienen derecho a reír, a soñar, a descubrir y a crear. Y la mejor manera de lograrlo es por medio del recreo. Mediante el mismo, no solo gozan, aprenden y fortalecen su bienestar emocional y sus destrezas sociales.

También debemos garantizarle el derecho a la protección. Hay muchos peligros que amenazan a los niños durante los primeros años de su vida. Los adultos debemos de protegerlos de la violencia, el mal trato, la explotación y cualquier tipo de abuso que amenace su confianza. Debemos evitar, a toda costa, convertirnos en sus verdugos y denunciar cualquier amenaza a su seguridad.

Los críos tienen derecho a no ser separados de sus padres, a menos que sea por su bienestar. Y los padres tenemos la obligación de proveerles vivienda, alimentos y un hogar en el que gocen de una sana convivencia. Los niños tienen derecho a tener una familia que los ame y vele por que sean tratados con justicia e igualdad.

Además, tienen derecho a opinar y ser escuchados. Los adultos debemos de aclararles que esto no implica que puedan tomar decisiones, pero sí  que se expresen libremente. Los niños tienen mucho que decir y saber escucharlos debe ser prioridad. No olvidemos que de ellos también aprendemos y que sus inquietudes y sentires son genuinos.

Estos son los derechos de los niños, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Los invito a indagar más sobre este tema y los recluto para que como padres, tutores o custodios nos comprometamos a procurar que los derechos de la niñez sean respetados y realizados.

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QUIÉN CUIDA A MAMI

Las madres podemos ser expertas en cuidar a nuestros hijos. Solemos detectar cualquier anomalía y preocupemos mucho.  Llevamos a los críos a sus citas periódicas con el pediatra, el dentista, las vacunas, etcétera. Pero cuando se trata de nosotras, ¿quién nos cuida? Buena pregunta…

Pensamos que somos infalibles y que los cuidados preventivos pueden ser una pérdida de tiempo. Si sentimos algún malestar lo resolvemos con una aspirina o algún remedio casero. Sin embargo, si Mami no cuida de ella, ¿quién lo hará?

Debemos ocuparnos de nosotras y realizar los chequeos preventivos que los médicos recomiendan porque queremos gozar de buena salud. Si como yo, quieres llegar a la vejez y tener una buena calidad de vida, tenemos que cuidarnos ahora.

Como mujeres y madres, somos responsables de seguir recomendaciones generales como: visitar al ginecólogo para los chequeos rutinarios y preventivos. Por ejemplo: el examen que diagnostica el cáncer cervicouterino, la mamografía y sonomamografía, la prueba de analítica hormonal y el estudio de densidad mineral ósea.  Es importante hacernos todos estos exámenes una vez al año.

También es necesario mantenernos activas practicando algún tipo de ejercicio, ya que el ejercicio regular es una medida preventiva eficaz para más de 25 condiciones crónicas médicas, incluidas la enfermedad cardiovascular y la mortalidad prematura. La actividad física suele ser  un antidepresivo y antiestrés por las endorfinas que libera el cerebro y que producen sensación de bienestar y alegría. El ejercicio regular puede ayudarnos a controlar el peso, fortalecer los huesos y luchar contra la osteoporosis.

Para cuidarnos a nosotras mismas debemos alimentarnos de forma saludable. Una buena nutrición significa que nuestro cuerpo obtiene todos los nutrientes, vitaminas y minerales que necesita para funcionar correctamente. Las necesidades dietéticas de nosotras son especificas debido a nuestra fisiología, y deben adaptarse a cada una de las diferentes etapas de nuestra vida. Atendamos nuestra alimentación.

Como cuidar a Mami depende de nosotras, hemos de prestar atención a la salud mental y mantener una perfecta armonía entre la mente y el cuerpo. Para contribuir a ello es significativo dormir bien, minimizar el estrés y evitar los estilos de vida que puedan dañar nuestra salud, como el abuso del alcohol y otras sustancias. También es recomendable sacar tiempo para nosotras, distraernos, mimarnos, charlar con amigos o algún especialista médico, si es necesario.

¿Quién cuida a Mami? Mami se cuida a sí misma porque quiere ver sus hijos crecer, disfrutar de la adultez y llegar a la vejez en las mejores condiciones que sea posible. Mami quiere valerse por sí misma y no tener que ser una carga para otros. Yo soy madre de una sola hija que ahora tiene 9 años y dice que me va a cuidar cuando esté vieja. Sin embargo, ni pienso ni quiero eso. Lo que deseo es que ella tenga una vida plena y poder disfrutar verla realizarle. Quiero llegar a mi vejez independiente, autosuficiente y llena de alegría. Por eso Mami debe cuidarse, hoy yo empecé. ¿Y tú?

 

 

 

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QUEDA BIEN CONTIGO

Hace poco leí unas palabras que decían: “Es necesario reivindicar los hechos de la propia vida para convertirse en uno mismo”, Anne-Wilson Schaef. He meditado en ellas en la búsqueda de nuevos proyectos de realización personal. Me parece importante hacer una introspección antes de una planificación. Muchas veces nos desenfocamos y buscamos quedar bien con los demás traicionándonos a nosotros mismos. Pues bien, hoy se trata de quedar bien contigo…

¿Quién eres? ¿Qué deseas? ¿Qué te gusta? ¿A dónde quieres llegar? Son algunas de las preguntas que debemos hacernos y respondernos honestamente, mirándonos al espejo, de tú a tú. Es cierto que vivimos en sociedad, pero también tenemos que ser conscientes del gran regalo que es nuestra vida y que es nuestra responsabilidad cada paso que damos. Antes de quedar bien con la familia, los vecinos, los amigos, el trabajo, la escuela…, queda bien contigo. Si no quedamos bien con nosotros mismos, al final, no quedamos bien con nadie. Parece fácil, pero el verdadero reto es ese.

Creo que uno de los propósitos de nuestra existencia es buscar ser mejor cada día. Porque mientras más plenos y felices seamos, más luz irradiaremos a los demás. Y, en consecuencia, mejor será nuestra convivencia y seremos un buen modelo para nuestros hijos. Mi hija, por ejemplo, es un reflejo mío, de lo bueno y de lo que tengo que mejorar (que es mucho). Es muy difícil explicar con palabras aquello que contradice mis acciones. Por lo tanto, tengo que corregirme primero y modelarle una mejor versión de mí.

¡Qué difícil! Algo desventajado cuando se trata de una familia de dos porque el círculo es muy pequeño. No obstante, con los aciertos y desaciertos he comprendido que tengo que quedar bien conmigo. Cuando me siento plena, feliz y realizada, soy mejor persona, mejor madre, mejor modelo. Cuando trato de cumplir con todas las exigencias sociales y renuncio a mi voluntad (directa o indirectamente), me vuelvo huraña, malhumorada y apática. Esas emociones son energías negativas que opacan mi luz. No debo permitirlas.

Así que este año, luego de unas vacaciones, un buen descanso y mucha reflexión, tengo el firme propósito de quedar bien conmigo. Lo que implica mucho trabajo con mi ser. Algo dificultoso. Sin embargo, estoy segura de que si empleo más tiempo en mi bienestar seré mejor persona, mejor madre, mejor modelo para mi cría.

No puedo evitar que mi hija me imite, pero sí puedo ocuparme de que lo que repita sea lo mejor. Quiero que me escuche decretar afirmaciones positivas que impliquen abundancia y la realización de proyectos que tengan impacto positivo en otros seres. Quiero que ella vea que es transcendental ocuparse de una, verse y sentirse bien, esparcir alegría, ser responsable, cumplir con una misma. De este modo y según siga madurando, comprenderá que ella es responsable de sí y que, aunque es natural preocuparse, el compromiso debe ser, ocuparse.

Hoy comienzo con algo aparentemente trivial: me vestiré y me arreglaré para mí, para sentirme bien, para quedar bien conmigo y de ahí… hacia adelante. De lo simple a lo complejo.

 

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PEDALEA, NENA, PEDALEA

A veces sucesos triviales nos llevan a reflexionar sobre asuntos verdaderamente importantes. Mi hija, Sofía Valentina, recibió como regalo de un rey mago, una bicicleta. Ella es una niña bastante activa y arriesgada, pero esta es su primera vez en una bici más grande y de solo dos ruedas. Así que el rey mago y yo la llevamos a practicar. Al principio le dio un ataque de risa y si se asustaba soltaba la bicicleta, pero pronto hizo balance y le fue mejor.

Lo interesante fue que cuando le decíamos que ella podía lo tomaba a la ligera y se desbalanceaba, dejaba de pedalear y se caía. Cuando nos cansamos de su pobre empeño le dijimos que guardaríamos la bici, que estaba bien para ser la primera vez y que no podíamos pedirle que hiciera lo que no podía, entonces, cambió de actitud, totalmente. “¡Yo puedo!”, dijo.

Se afincó en la bicicleta, comenzó a tararear y a pedalear con su vista justo frente al camino. En un abrir y cerrar de ojos se estaba alejando y pedaleando como si fuera casi una experta. Entre tarareo y pedaleo, tomó control y recorrió el camino hasta alejarse del alcance de nuestros ojos. Y al final, nos reprochó que pensáramos que ella no podía porque sí pudo. “Esa es la actitud que debes tomar ante todo en la vida”, le dije. “Cada vez que te digan que no puedes, haz lo contrario”, añadí.

Luego me quedé pensando, reflexionado… La vida es como una bicicleta a la que nos subimos… A veces nos da un ataque de risa, nos asustamos, nos tiramos de ella, nos golpeamos y no nos queremos volver a subir. Otras veces, fijamos la vista en el sendero, tarareamos, pedaleamos y avanzamos. A algunas personas los alienta el refuerzo positivo, a otras, por el contrario, que los subestimen.

Yo, por ejemplo, he estado en todas estas fases. Incluso he dejado mi bicicleta estática por largo tiempo y hasta me he atrevido a decir que no la sé correr. No le he mentido a nadie, sino a mí misma porque me aterra subirme a ella, desenfocarme, caerme y estropearme como tantas veces me ha pasado. Por eso me enorgullece que mi hija sea valiente, ¡hace tanto honor a su nombre! Por mi parte, debo emular a mi abuela. ¡Esa sí que ha corrido bicicleta! Tiene 90 años, se queja de las rodillas, pero no deja de pedalear, aunque le duelan.

Tengo trabajo que hacer. Este año debo correr más bicicleta y decirme a mí misma: “Pedalea, nena, pedalea”.  Si mi hija de 9 años puede hacerlo y mi abuela de 90, sigue pedaleando, no tengo excusas para dejar mi bici estacionada. Si mis rodillas son más jóvenes que las de abuela, debo poder pedalear, tengo que hacerlo. Anoche recibí esta lección, porque mi hija también es mi maestra, pero que no lo sepa, hagan silencio…

Tomemos control de nuestras bicicletas, pongámonos el casco, saquémoslas al pedregal y avancemos un poco a ver qué pasa.

 

 

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SOLTAR Y AGARRAR

A mis seguidores, familia y amigos

“Y lo malo pa’ allá, pa’ allá, pa’ allá. Y lo bueno pa’ acá, pa’ acá, pa’ acá”.

Así como a fin de año acostumbramos hacer una limpieza profunda en la casa, también debemos hacer un lavado a fondo de nuestro ser. Del mismo modo en que echamos en una caja lo que vamos a desechar y en otra, lo que vamos a conservar, conviene hacer con nuestras emociones. ¿No creen?

Esta vez comencé la limpieza de fin de año por mi casa interior. Ha sido un ciclo difícil, molesto en varios aspectos de mi vida como Soltera con Compromiso y como Consuelo Mar. Ciertamente soy una sola persona, pero cumplo roles distintos. Soltera con Compromiso es la jefa de familia, madre de una niña de 9 años y bloguera sobre temas de familias monoparentales. Consuelo Mar es la mujer, la profesional, la íntima…

Hice una lista de varias emociones negativas, acumuladas durante el año, que quiero soltar y de otras, positivas, que quiero agarrar. La primera que quiero soltar son las preocupaciones que surgen cuando algo ha ocurrido o va a ocurrir. Lo que producen es intranquilidad, temor, angustia e inquietudes. ¡Quiero soltarlas y agarrar el agradecimiento! Cada vez que me sienta preocupada deseo poder enfocarme en las cosas que tengo para agradecer y así atraer las energías positivas, y darme cuenta de las bendiciones que el Universo me obsequia.

¡Pretendo soltar la pereza y agarrar el entusiasmo! Definitivamente. El tiempo libre que tengo quiero aprovecharlo en cosas útiles y placenteras. Por ejemplo: dormir menos, leer más. Ver menos televisión y escribir más. ¡Algún proyecto nuevo de tantas ideas que dejo en el tintero! Aspiro soltar la pereza, esas ganas de no hacer nada y abrazar el entusiasmo, materializando planes que he ignorado.

¡Aguardo soltar el coraje y agarrar la serenidad! Las cosas que pasaron ya no se pueden cambiar, sentir coraje solo provoca un profundo malestar. La serenidad, en cambio, es apacible. Nos mantiene sosegados, sin turbaciones físicas o morales. ¡Y así es como persigo sentirme!

¡Deseo soltar la indiferencia y agarrar el amor! No debo dar por hecho que mis seres amados saben cuánto los quiero. La indiferencia puede provocar malos entendidos y causar que las personas que amamos se alejen, si se sienten poco apreciados. Quiero profesar el amor libremente, aprender a manifestarlo con pequeños detalles, reforzarlo con acciones, pronunciarlo con palabras.

¡También quiero soltar el disgusto y agarrar la felicidad! Me disgusto fácilmente. Ante los regueros que mi hija hace, el tapón en las calles, los cambios de planes sin previo aviso, la ineptitud de las personas, la falta de compromiso de muchos alumnos, las incompetencias laborales, entre tantas cosas. Pero, en fin, apremio agarrar la felicidad y dejar de disgustarme por muchas cosas que ni siquiera están bajo mi control. La felicidad es individual y debo procurar la mía.

Te invito a hacer la limpieza de tu casa interior. ¡Suelta y agarra! Empieza con distintos bríos el nuevo año.

P. D. Agradezco a todos los seguidores de mi blog y a los fieles radioescuchas de mi segmento el en Happy Hour de Fidelity. ¡Les deseo una Feliz Navidad!