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DESTETE DE FORMA NATURAL

Una de las preguntas que debes hacerte, como madre primeriza, es hasta cuándo debes alimentar a tu pequeño con leche materna y cuándo puedes comenzar a introducir comida sólida. La recomendación de la mayoría de las asociaciones de pediatría (AAP) es que el infante sea lactado por los primeros seis meses, de modo que reciba los nutrientes necesarios para su crecimiento. Pasado este término, su lactancia puede ir acompañada de una alimentación complementaria como el Baby Led Weaning.  

¿De qué se trata?  

Baby Led Weaning es un método para alimentar, completamente natural,  que se basa en sustituir los purés administrados con cuchara por alimentos  enteros que el niño seacapaz de coger y llevarse a la bocaEste método, también conocido como “Destete dirigido por el bebé”, sugiere que, para comenzar, ofrezcas a tu lactante comidas blandas como verduras cocidas, pescado sin espinas en pedazos pequeños, frutas y otros alimentos que recomiende su pediatra. 

Seguramente te preguntarás si tu infante debe cumplir con algún requisito para iniciar con este método. Definitivamente sí. Además de llevar seis meses bajo la lactancia materna, los pediatras indican que el bebé debe poder sentarse, tener una buena coordinación con las manos y realizar movimientos masticatorios. Si tu hijo cumple estos requisitos, el momento ha llegado. Tanto él como tú, se beneficiarán. 

¿Qué ventajas tiene?  

Con este método podrás acompañar la lactancia con la introducción de los mismos alimentos que prepares para el resto de la familia. Claro, deberás adaptarlos en tamaño y forma para que el lactante pueda agarrarlos. Al principio debes darles poca cantidad. Notarás que jugarán y experimentarán con las texturas y los sabores. Sin embargo, poco a poco irán comiendo más y necesitarán menos leche materna hasta que se produzca el destete de forma natural. Según los psicólogos, si el destete se da de esta manera, los pequeños se beneficiarán emocionalmente ya que la separación se producirá sin angustias.  

Si decides utilizar el método Baby Led Weaningtú y tu bebépodrán beneficiarse de la promoción de buenos hábitos alimenticios, siempre y cuando sigas una dieta saludable. Además, este método ayudará a que el propio infante muestre señales de saciedad y hambre de modo que demande la alimentación que realmente necesita. También estarás fomentando su desarrollo sicomotor ya que el niño tocará, cogerá y masticará sus alimentos. Por otro lado, este método previene la obesidad porque evitará el exceso calórico de los purés y otros alimentos triturados.  

¿Es seguro?  

Sí, lo es. No obstante, el método Baby Led Weaning requiere que el infante esté, en todo momento, supervisado por un adulto para evitar un posible atragantamiento. Además, la recomendación de las asociaciones de pediatría es que continúes con la lactancia hasta los dos años y que vigiles que los alimentos aporten suficiente hierro y energía. Si reúnes los requerimientos, apoya el destete de forma natural.


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FORMAS ERRÓNEAS DE SER MADRE

Pensamos que todas las mujeres podemos ser buenas madres y que somos incapaces de equivocarnos, pero no es verdad. A veces no atendemos situaciones que nos podrían conducir a formas erróneas de ser madres.

Veamos algunos ejemplos:

  • La enojada es la que habla mal de todo el mundo ante sus hijos. “De la abundancia del corazón habla la boca”, debemos evitar el enojo y no chismear de la familia, los vecinos, los amigos, etc. No salpiquemos con nuestro enojo a los demás.
  • La negativa siempre trasmite resentimientos en lugar de dejar que los hijos hagan sus propios juicios. La palabra es poderosa y si lo que profesamos está cargado de negatividad, eso será lo que atraeremos. Hablemos de forma positiva y evitemos juzgar a otros.
  • La mártir es la que sufre sin parar y les cuenta sus pesares a sus hijos con el fin de hacerlos culpables por sus sufrimientos. Solo busca que ellos sean sumisos y obedientes en todo momento. Las amarguras personales no deben ser trasmitidas a nuestros hijos.
  • La que todo lo hace por el bien de los hijos comete el error de querer que sus críos sean como ellas desean en lugar de verlos felices. En estos casos, los hijos podrían aceptar el maltrato pensando que ellas lo hacen por su bien. No podemos olvidar que la vida de nuestros hijos le pertenece a ellos y su felicidad es lo más importante.
  • La de mensajes ambiguos es capaz de lacerar la autoestima de sus hijos y al mismo tiempo les dice que los ama. Creen que los hijos no pueden hacer nada por sí mismos, porque ellas están para resolverles la vida. Inutilizar a nuestros hijos por un lado y por el otro enaltecer nuestro amor por ellos, es un mensaje ambiguo que debemos evitar.
  • La mamá tarántula cree que los hijos son una extensión de sí misma.  Es asfixiante, quiere ser parte de todo y vivir a través de ellos. Si sus hijos están independizados llama todo el tiempo, sin justa causa. Evitemos vivir la vida de nuestros descendientes porque ya tenemos la propia y si no nos gusta, podemos cambiarla.
  • La frustrada es la que no sabe identificar las necesidades de sus hijos y los cría totalmente dependientes. Prefiere que ellos no se independicen y que aun adultos vivan con ellas. No debemos cortar sus alas, sino enseñarles a volar y dejarlos libres.
  • La eterna madre tiene miedo de quedarse sola. Esa siempre está cuidando de sus hijos y alimentándolos, aunque sean adultos y tengan pareja. Una madre así solo se vuelve molesta y hace daño a la relación de pareja que su hijo tenga.

Si queremos ser buenas madres debemos evitar cometer estos errores porque le haríamos daño a nuestros hijos. Una madre que de verdad ama, cuida, confía y otorga, a sus proles, no solo guía, sino reconocimiento y libertad. Tenemos que permitir que nuestros hijos crezcan y se desarrollen. Un día los críos habrán de marcharse y eso no significa que el vínculo se termina; jamás debemos sacrificar su felicidad. Seamos capaces de vivir nuestra vida como mujeres independientes, autosuficientes y felices.

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PREVENIR ES PROTEGER

Una de las constantes preocupaciones que tenemos las madres es proteger a nuestros hijos de posibles abusos sexuales. No hay una fórmula infalible, pero prevenir es proteger. Los especialistas en esta área tienen buenas recomendaciones para nosotras. Una de ellas es mantenernos involucradas en la vida de nuestros hijos. Es importante que mostremos interés en sus vidas cotidianas conversando con ellos sobre cómo les fue en el día y con cuáles personas compartieron. Si no conocemos a los niños y adultos que comparten con ellos cuando están en la escuela o en otros lugares, debemos procurar conocerlos y hablar con nuestros hijos sobre ellos. También es nuestra responsabilidad escoger cuidadosamente a las personas que cuidarán de nuestros críos, conocerlos y mantener una buena comunicación con ellos.

Otra recomendación es hablar sobre los incidentes de violencia sexual que se divulguen en los medios noticiosos. De esta forma, podemos preguntarles a nuestros niños qué saben de este particular, prevenirlos sobre el asunto y motivarles a conversar sobre el tema, de modo que se sientan en confianza y puedan compartir con nosotras cualquier inquietud sobre ellos u otro niño que conozcan. Si nuestros hijos saben que su voz será escuchada y tomada en serio, sentirán la confianza de hablar valientemente cuando algo no esté bien.

Debemos enseñarles a los pequeños que hay límites. Que nadie tiene derecho de tocarlos ni hacerlos sentir incómodos y que ellos tampoco pueden hacerle esto a otros niños o a cualquier otra persona. Es necesario que les enseñemos a hablar sobre su cuerpo y que los orientemos sobre los cambios que experimentarán. Tenemos que hacerles saber que pueden hablar con nosotras sobre cualquier cosa que les preocupe o les incomode, de su cuerpo. De igual manera, hacerles claro que hablar no los meterá en problemas, ya que algunos perpetradores usan esta amenaza para que los menores no hablen.

Prevenir es proteger. Démosle la confianza necesaria para que se sientan libres de hablarnos sobre cualquier cosa. Tratándose de ellos, ningún tema es trivial. Si la conversación no es suficiente estemos atentos a las señales. Próximamente hablaremos sobre los indicadores de abuso sexual infantil.

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DE VUELTA A LA RUTINA ESCOLAR

El regreso a clases ya es oficial y nos toca volver a la rutina. Sí, el corre y corre mañanero los inevitables tapones, las diligencias de último minuto… ¿Les resulta familiar? Hablemos de cómo podemos ayudar a los chicos para que tengan un año académico grandioso.

  • Asegurémonos de que tengan todo lo necesario

Libros, libretas, materiales escolares, uniformes, zapatos… Son tantas cosas que algo se nos puede olvidar. Es importante que unos días antes repasemos y nos cercioremos de que nuestros hijos tienen todo lo que necesitan para el regreso a clases. De este modo no nos tomará por sorpresa un pedido de último minuto.

  • Velemos sus horas de sueño

En el verano, nuestros hijos cambian su horario: juegan más y duermen menos. No obstante, en el proceso de volver a la rutina, debemos restablecer las horas de descanso, de modo que este sea suficiente y no se levanten con sueño o malhumorados. De lo contrario, no estarán lo suficientemente alertas y dispuestos a aprender.

  • Vigilemos que tengan buena alimentación

Todos sabemos que tomar el desayuno es esencial. Sin embargo, a veces se nos hace tarde o los chicos no quieren comer en la casa. En ese caso, debemos prepararle una lonchera con alimentos nutritivos para que coman antes de entrar a clases. También podemos motivarlos para que vayan al comedor escolar, si se ofrece ese servicio. Por otro lado, si se les da dinero para que compren en la cafetería, debemos percatarnos de los artículos que venden y enseñarles a nuestros hijos a administrar bien el dinero.

  • Estemos pendientes de las tareas

En la edad primaria los niños necesitan mucha supervisión y apoyo. Por eso es necesario revisar las libretas, diariamente, para darle seguimiento a las tareas que puedan tener. No debemos cometer el error de simplemente preguntar a nuestros hijos y confiar en lo que dicen, ya que a veces se distraen y olvidan algunas asignaciones o pendientes.

  • Enseñémosles a ser organizados

La organización es un aspecto muy importante para el éxito escolar, laboral y personal. Lo primero es educar con el ejemplo y lo segundo, ayudarlos y enseñarles cómo se hace. La organización incluye desde tener sus libretas, libros y artículos escolares en el lugar correspondiente, hasta establecer un horario diario que incluya: descanso, tareas y estudio, recreación, etc.

  • Instemos a nuestros hijos a estudiar

Estudiar puede ser un arte placentero como una obligación antipática. Nos corresponde a los padres, apoyar la labor de los maestros e instar y ayudar a nuestros hijos a estudiar. Es importante que demostremos entusiasmo y mostremos cuáles son los beneficios de aprender. Cada vez que se anuncie un examen, convenimos estar alertas y apoyarlos. Tanto en la preparación de un buen repaso como ocuparnos, personalmente, o a través de algún tutor, de que el material sea aprendido efectivamente.

  • Llevémoslos a tiempo  

Del mismo modo que no nos ausentamos del trabajo, sin razón justificada, los chicos no deben faltar a la escuela sin una causa válida. En caso de enfermedad, definitivamente, no debemos enviarlos a la escuela, sino cuidarlos en la casa o llevarlos al médico. Cuando esto ocurre, corresponde indagar con algún compañero o con los maestros, sobre el material dado en clase para que no se atrasen y se pongan al día a la brevedad posible. La comunicación con los pares y los maestros es transcendental para este y otros aspectos.

  • Apoyemos las actividades extracurriculares

La vida estudiantil no solo son tareas y exámenes. Existen actividades extracurriculares igualmente imprescindibles para el crecimiento y desarrollo de nuestros hijos. Hemos no solo alentarlos a que participen de las mismas, sino también involucrarnos como padres, participar y ayudar a la comunidad escolar en las actividades que celebren.

  • Hablemos de la escuela

Nuestros hijos pasan de 6 a 8 horas en la escuela. Periodo en que nosotros trabajamos y estamos alejados de ellos. Hablar sobre el día a día es una conversación que no debe faltar. Busquemos la manera de hacerla casualmente y de forma entretenida, para que no sientan que los estamos investigando. No obstante, saber cómo pasaron el día es significativo, porque mantiene la comunicación entre padres e hijos y nos implica en su vida estudiantil y personal.

El regreso a la rutina no tiene que ser una pesadilla. Vamos a organizarnos y a ocuparnos de lo que nos toca. ¡Apoyemos a nuestros hijos para que tengan un feliz y exitoso año académico!

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¿DEBEMOS EXPLICARLE A LOS NIÑOS LOS PROBLEMAS DEL PAÍS?


¿Qué pasaría si de pronto una injusticia,
solo una, es repudiada por todos,
todos que somos todos,
no unos, no algunos sino todos?
Mario Benedetti

Por supuesto que sí. Los niños tienen la capacidad de comprender mucho más de lo que pensamos. El pueblo de Puerto Rico está viviendo días de angustia e incertidumbre y nuestros hijos deben saber por qué. ¿Por qué los adultos están ansiosos? ¿Por qué hay un paro nacional? ¿Por qué los medios muestran tantas imágenes de tumultos? ¿Por qué gritan la consigna: “Ricardo Roselló, renuncia”?

Nuestra responsabilidad como padres, así como nuestro compromiso ciudadano exige que le expliquemos a los niños lo que está sucediendo. No se trata de un asunto partidista, sino de la lucha por un país mejor, en el que los derechos y la dignidad de cada individuo sea respetada. Cada uno de nosotros conoce la madurez de nuestros hijos y de acuerdo a esta, podemos explicarle la crisis que vive Puerto Rico.

Ya en dos ocasiones he sentado a mi hija de nueve años para hablarle del tema. Aunque aparente no hacerme caso, sé que en el futuro podrá conceptualizar lo que le estoy diciendo y con toda probabilidad, arroje algo de luz ante su toma de decisiones. Mi compromiso como madre es hablarle claro sobre todo lo que vivimos día a día. Y en este momento histórico, la situación política de este país es trascendental .

Nuestros hijos perciben y sufren nuestras ansiedades. Ellos ven y escuchan. Hablémosle claro para que no sufran las consecuencias de nuestras zozobras. Para que entiendan que los adultos están expresando su sentir y reclamando por su país, el de sus hijos, el de todos. Nuestros niños son los futuros líderes, no los subestimemos. Démosle las herramientas para que desarrollen su pensamiento crítico. Para que cuando estén gobernando este país lo hagan justamente, dignamente, honestamente.

“¿Qué pasaría si de pronto dejamos de ser patriotas para ser humanos? ¿No sé… me pregunto yo, qué pasaría?” (M. Benedetti) Estamos próximos a conocer la respuesta.

P. D. #rickyrenuncia

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EL AUTÉNTICO LEGADO

A July

Si te preguntan qué legado quieres dejar a tus hijos, ¿qué responderías? Quizás pienses en dinero, bienes, educación, memorias… El verdadero legado empieza en vida. Solo cuando perdemos a nuestros padres reconocemos y valoramos su herencia. En mi caso, la dote que más valoro no tiene que ver con lo material, que deprecia y desaparece. El tesoro de mis padres cobra más valor cada día porque en lugar de esfumarse, brota y se multiplica. Lo que lo vuelve una riqueza invaluable que espero dejar a mi hija.

En mi opinión, empieza con el ejemplo, porque los consejos que no se viven se pierden en el vacío. Mi padre, para mí, fue modelo de credibilidad, verticalidad, lealtad, confianza y respeto. Mi madre, de humildad, honestidad, amor, discreción y entrega. De mi padre aprendí el amor por la lectura, la atención hacia el discurso, las ansias de aprender y la pasión por las letras. De mi madre, el amor incondicional, la elegancia de la sencillez, el poder de las palabras y el compromiso ineludible.

De sus cosas materiales guardo pequeños detalles que conservan su esencia. Una corbata y un pañuelo con la inicial de mi Papá, algunas fotos y trazos de su puño y letra. De mi Mamá conservó unos lentes, un anillo, un prendedor y su perfume plasmado en las páginas de su libro sagrado. De mi padre atesoro recuerdos de mi niñez cuando jugaba conmigo los mismos juegos que hoy practico con mi hija. A las cosquillas, el pellizquito en la nalga y algunas canciones que tarareaba que yo era la nena de papi. De mi madre recuerdo su complicidad, su costumbre de siempre comprarme alguna bobería si salía sin mí y su alcahuetería al prepararme un menú distinto cuando lo que cocinaba para la familia a mí no me gustaba.

Como ellos eran tan distintos el uno de la otra, aprendí distintas formas de ver la vida y de afrontar las dificultades, pero siempre a salir airosa. Me enseñaron a respetar a los mayores y a valorar su sabiduría. Me ejemplificaron qué es tener responsabilidad y cumplir con mis deberes y obligaciones. Me regalaron el principio de la libertad como el ente que le permite al ser humano tomar sus decisiones y a actuar según su intuición, inteligencia y voluntad. Sé que a veces no estuvieron de acuerdo con mis elecciones, pero siempre las respetaron para que aprendiera a madurar con cada una de mis equivocaciones.

En mi crianza hubo una que otra nalgada, algunos gritos, pocos castigos y mucho ejemplo de entereza y humildad. Todo fue merecido, aunque quizá en su momento no fue bien recibido. No obstante, mis padres, con paciencia y amor, rompieron y formaron mi vasija las veces que fue necesario e hicieron de mí la persona que soy.

El auténtico legado empieza en vida. Si logro dejarle a mi hija solo una parte de lo que mis padres me heredaron a mí, me sentiré feliz. Quiero que tenga muchas fotos y videos de los momentos que vivimos juntas para que las imágenes acompañen su memoria (ahora sé el tesoro que es eso). Aspiro dejarle las letras. Desde que soy madre me he dedicado a escribir mucho para que ella aprenda que las palabras son poderosas y transformadoras, y para contarle nuestras anécdotas. Deseo que cuando yo no esté me sienta y me recuerde cada día de la forma en que yo lo hago con mis padres. Porque cuando el cuerpo se marchita y el aliento se va, queda la esencia espiritual perennemente y si esta es loable, somos bienaventurados.

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COSAS PARA HACER ENTRE MADRE E HIJA

A Ivonne y a Luz (cuya relación de madre e hija admiro mucho)

Cuando llega el verano tenemos más tiempo libre. Los chicos están de vacaciones y hay que buscar en qué entretenerlos. Además de los campamentos y talleres de verano, es importante que pasemos tiempo con ellos. Como no tenemos que llegar del trabajo para hacer o monitorear tareas escolares, podemos aprovechar ese tiempo para pasar tiempo de calidad con nuestros hijos. Como es mi caso, hablaré de madre a hija y algunas acciones entretenidas que podemos hacer.

El verano se presta para las actividades al aire libre. Así que, por supuesto, las playas, las piscinas y los ríos son una buena opción. Si tu hija se cree un pececito (como la mía) disfrutará nadar y entretenerse en el agua. En la playa se puede jugar a hacer figuras de arena, incluso recoger piedras y caracoles con los que luego puedes inventar alguna manualidad. La piscina es buena para retozar con juguetes de agua o simplemente refrescarnos y conversar. En el río no solo disfrutamos el agua, también podemos explorar y hacer un pícnic.

Si el día no tiene las mejores condiciones para estar al aire libre, el cine siempre es bienvenido. Máxime cuando en verano suelen exhibir muchos estrenos dirigidos a la familia. Esta actividad, en mi experiencia, es buena para sacarle más partido. Mi hija y yo solemos hablar de cuál fue nuestra parte favorita y yo aprovecho para indagar o resaltar los valores que haya presentado la historia. Y, como si fuera poco, hoy día tenemos la ventaja del “cine” en casa. No tendremos la pantalla gigante, pero sí una que cumple con la función y un “micro” para hacer las palomitas de maíz y algunas otras chucherías para comer y tomar. De modo que una película, invariablemente, es y será una buena alternativa.

Un día de embellecimiento de chicas (spa). ¡Qué rico es! Lo bueno de esto también es que, si no tenemos el dinero suficiente para pagar por estos servicios, podemos hacer en la casa cosas sencillas.  Por ejemplo: pintarnos las uñas, ponernos mascarillas, darnos masajes, maquillarnos, peinarnos. Esto a las niñas, desde pequeñas, les encanta. Creo que todas las que tenemos hijas las hemos sorprendido embarrándose con nuestros maquillajes y poniéndose nuestros zapatos. ¡Guardo hasta fotos de eso! Siempre llega el día que se antojan de maquillarnos y peinarnos y nos dejan como payasitas.

No puede faltar ir de compras. Cuando Sofía Valentina era pequeña no me gustaba llevarla a las tiendas porque se escondía o se portaba mal. Ahora que es más grande es diferente. Según fue creciendo comenzó a hacerse divertido porque empezaba a medirse cosas y a hacer monerías. Ahora que tiene nueve años es casi como ir de compras con una amiga, ya que nuestros gustos se asemejan y nos criticamos la una a la otra.

Otra actividad de madre e hija que me encanta es leer cuentos y charlar a la hora de dormir. Ese momento de comunicación íntima es bien bonito y suele ser revelador, si de conversaciones se trata. Otras veces es un rato de risas si ella me cuenta chistes, si la molesto por algo o le hago cosquillas.

En conclusión, aprovechar cada momento para compartir de madre a hija no solo es necesario, sino que redunda en experiencias únicas de desarrollo, aprendizaje y unión. ¡Hagámoslo!

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¿DISCIPLINAMOS O CASTIGAMOS?

Contrario a lo que muchos piensan, disciplina y castigo no son sinónimos, sino antónimos. Disciplinar es enseñar y castigar es sancionar. En los momentos en que perdemos la paciencia podemos pasar de la disciplina al castigo casi sin darnos cuenta. A veces creemos que hemos agotado todas las herramientas para disciplinar y que solo el castigo puede remediar la situación, pero nos equivocamos. En momentos así me he sentido fracasada como madre, no obstante, tirar la toalla no ha sido nunca una opción. He tenido que entender que la disciplina toma tiempo y aunque es agotadora, debo ejercerla todos los días.

La terapista Denhi Chaney afirma que la disciplina es más difícil, pero forma a una persona moral, mientras que el castigo es una ruta fácil que en la mayoría de los casos no funciona. El castigo es negativo porque no corrige ni ensaña lo que es el comportamiento adecuado, ya que se trata de una acción momentánea que no acarrea explicaciones de las consecuencias del mal comportamiento. Por ejemplo, la represión y / o desaprobación verbal. Estas acciones son castigos que restringen que el niño hable y manifieste sus opiniones o los ridiculiza cuando usamos palabras crueles y negativas. Estos castigos llegan a tener consecuencias negativas en la vida de los niños. Ocasionan baja autoestima, inseguridad, ira, etc.

Denhi recomienda que enviemos a nuestros hijos mensajes positivos y formativos al momento de disciplinar. Por ejemplo, decirles que los amamos, aunque desobedezcan, que sus opiniones son válidas, aunque no estemos de acuerdo con ellas, y que los queremos lo suficiente para guiarlos y enseñarlos.

La terapista y otros expertos ofrecen, además, las siguientes recomendaciones:

  • que procuremos entender lo que causó el mal comportamiento
  • que la corrección esté relacionada con lo que el niño hizo mal
  • que les digamos cuál será la medida a tomar antes de que desobedezcan
  • que compartamos con el niño la responsabilidad de encontrar soluciones
  • que siempre mostremos amor cuando hayan sido disciplinados
  • que conversemos sobre lo que aprendieron

Criar es una tarea difícil y estresante, pero no debemos perder el control y acudir a los gritos o los golpes. Debemos recordar lo que aclara Roldán, pedagoga terapéutica: el castigo es un acto punitivo que hace que el niño sufra por haber roto las reglas mientras que la disciplina trata de enseñar cómo tomar una buena elección la próxima vez para que el niño sienta control ante sus propias decisiones.

Por último, recordemos que el castigo es reactivo, mientras la disciplina es proactiva, fomenta el buen comportamiento y relaciones positivas entre padres e hijos.

salud física, mental y emocional

PARA UNA SALUD PLENA…

Para que nuestros hijos tengan una salud plena debemos atender no solo sus carencias físicas, sino también las mentales y emocionales. Es fácil saber cuándo tiene hambre, podemos darnos cuenta cuando ha crecido y necesita ropa nueva, notamos si está cansado, etc. No obstante, las necesidades mentales y emocionales no son tan obvias, sin embargo, son igualmente importantes. Los expertos indican que la buena salud mental permite a los niños pensar claramente, desarrollarse socialmente, aprender nuevas destrezas, desarrollar autoestima y una perspectiva mental positiva. De modo que es un aspecto al que tenemos que atender con premura, máxime cuando en Puerto Rico el cuadro de salud mental es preocupante.

Los padres podemos fomentar una sana salud mental en nuestros niños dándole amor incondicional, promoviendo su confianza y su autoestima, alentándolos a jugar, haciéndolos partícipes de actividades extracurriculares, proporcionándoles un hogar seguro, orientándolos y disciplinándolos con amor y firmeza, conversando diariamente con ellos y acudiendo a los especialistas, siempre que sea necesario. Tenemos que romper el tabú hacia los consejeros, sicólogos y siquiatras infantiles. Si el pequeño tiene caries, lo llevamos al dentista, si le da un resfriado, al pediatra. Por lo tanto, si nos preocupa algo de su salud mental o emocional, nos corresponde llevarlos al especialista en cuestión.

Yo, como madre soltera, reconozco que necesito toda la ayuda posible para sacar a mi hija adelante. A veces no tengo las herramientas necesarias para enfrentar la complejidad de la crianza. De la misma forma que tengo una pediatra de confianza y una dentista, también tengo una sicóloga. Me preocupo por las emociones y los sentimientos de mi hija, sobre todo de aquellos que posiblemente no comparte conmigo, o que cuando lo hace me dejan inquieta. En esos momentos la sicóloga es mi aliada y sus servicios repercuten en bienestar para mi familia.

Como padres, debemos ser precavidos. No siempre es fácil saber si nuestro hijo tiene un problema serio porque las tensiones diarias pueden causar cambios en su comportamiento. No obstante, debemos estar alertas si comienza a presentar problemas en la escuela, en la casa, con sus amigos y compañeros, si sufre cambios drásticos en el apetito o en el sueño, si comienza a aislarse o a mostrar miedo sin razón aparente, si se muestra siempre molesto o triste, si comienza a hacerse daño, etc. La salud mental y emocional es tan importante como la física y debe ser atendida con la misma seriedad.

El amor, la comprensión y la conversación son las mejores terapias, pero somos sus padres. Muchas veces necesitamos esa ayuda extra para que nuestros hijos puedan disfrutar de una salud plena. Sigamos al viejo proverbio: “Ante la duda, saluda”.

P. D. Rompe con el tabú…

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PROTEJAMOS A NUESTROS NIÑOS DE LOS PELIGROS DE INTERNET

En la época en que estamos viviendo, a temprana edad, nuestros hijos tienen acceso a una tableta, un teléfono inteligente o un ordenador con acceso a Internet. Sabemos que la red es una fuente inagotable de información y entretenimiento, así que en lugar de prohibirles que la utilicen, debemos supervisar el acceso al contenido que ven. Su seguridad es nuestra responsabilidad.

La tableta o el móvil no puede hacer la función de niñera ni sustituye que juguemos con ellos. No obstante, hay muchas aplicaciones educativas y de entrenamiento que pueden usar a través de ellos. Lo importante es que su uso sea supervisado y moderado por un adulto responsable.

Los padres tenemos que conocer las aplicaciones que nuestros hijos instalan y supervisar este proceso. Es importante conocer sus funciones y el uso que les pueden dar. Existen herramientas que podemos utilizar para autorizar o desautorizar la descarga de las aplicaciones. Para más seguridad es recomendable que intervengamos en ese proceso en todo momento.

Si comprobamos la fiabilidad de las aplicaciones podemos tener más control y evitar que la descarga de algún juego bajado desde Internet, pueda ser la puerta de entrada de  ciberdelincuentes. Es nuestra responsabilidad controlar la información personal que se requiera que nuestros hijos puedan compartir.

En la medida que van creciendo y accediendo a aplicaciones que pueden usar para comunicarse con otros, es imprescindible hacerles ver los riesgos que conlleva facilitar información o contactar con extraños. Nuestros hijos deben entender que de la misma forma que desconfían de extraños en escenarios reales de persona a persona, deben hacerlo a través de Internet.

Los adultos somos quienes autorizamos que nuestros hijos interactúen en redes sociales. No hay una edad establecida para conceder este permiso, no obstante, los expertos recomiendan que menores de 16 años no tengan perfiles en redes sociales. En el momento que nuestros hijos tengan algún perfil social debemos estar pendiente de cómo se desenvuelven en las mismas, ya que muchas de sus acciones pueden acarrear consecuencias. 

Lo recomendable es que exista confianza entre padres e hijos y que no haya secretos, pero si esto falla, por su seguridad, tenemos que estar alertas, administrar y responsabilizarnos de la configuración y los controles de privacidad que tenga la cuenta de nuestro hijo. Es mejor un hijo enojado que uno expuesto a los peligros de Internet. Protegerlos es nuestra misión.