Para mi abuela, por supuesto
Abuela es mi camino, / mi comienzo, / mi destino, / los pasos que he recorrido / descalza / con los pies sobre la tierra; / los pasos que he caminado / calzada / con los tacos sobre el pavimento*. La matriarca Malavé alcanzó sus 96 primaveras. Yo insisto y creo en que como Úrsula Iguarán llegará a los cien años, pero no de soledad. Mientras yo viva disfrutaré el privilegio de amarla y acompañarla. Mi abuela Consuelo es la recompensa que me dejó el Universo cuando me arrebató a mi madre, inesperadamente. Desde entonces me he unido a ella con una necesidad primigenia. Buscando a mi madre en mi abuela solo me he encontrado a mí misma.

Abuela es mi antigua versión, / soy su imagen, / su carne, / los pies cruzados sobre la cama; / su imponente palabra, / su acción segura, / su mazo, / su dolor, /su fuerza*. Hace dos años cayó en cama, pero de ahí se levantó y entre la silla de ruedas y sus breves pasos ya hace de todo otra vez. Y cómo haberlo dudado… Sobrepasó a la muerte de una cría a fuerza de los golpes que le dio un mal hombre, la fiebre le arrebató a una hija que no alcanzó a llevar al hospital porque el “mal hombre” no lo creyó necesario, enterró a un hijo que optó por la soga (quién sabe por qué), cedió su tumba a mi madre que nos dejó trágicamente, agarró la mano de mi tía Mary mientras la muerte llegaba y despidió a otro hijo que para no morir en su casa hacía uno o dos días que se había marchado. El dolor que la ha partido también la ha fortalecido.
Abuela es mi Consuelo / y Consuelo somos dos / y Consuelo es solo una. / Ella es la historia de mi vida pasada / de piedra y arena; / estamos hechas / de diluvio y llovizna, / de tormenta y calma*. Creo que todos podemos ser una historia para novelar y las anécdotas de mi abuela me lo confirman, superan a la ficción, pero por mucho. Es más fuerte que Úrsula Iguarán (Cien años de soledad) y más mágica que Clara Trueba (La casa de los espíritus). Conocerla me ha ayudado a conocerme. Y a entender que cada prueba que he superado ha tenido el peso de una hoja al caer porque el verdadero sacrificio, el sudor de la frente y el lomo doblado lo ha tenido ella. Significa para mí lo que el sacrificio de la cruz para los cristianos.
Abuela es mi eterno relato, / la mujer, / la guerrera, / la heroína; / de ella soy / a ella voy, / nosotras somos / las de ayer, / las de mañana, / las que siempre estaremos juntas; / unidas por la misma columna, / aunque despertemos en otro tiempo, / yo estoy en ella y ella en mí… / Inevitablemente*. Durante su fiesta de los 96 años empezó a contar a todos los nietos que había criado y cuando llegó a mí dijo que “yo había salido mejorcita” porque me crió mi madre y no ella. A lo que repliqué: “Ay, abuela, yo soy la nieta que más se parece a ti” y la dejé “callada” y eso es difícil. No hubo nada que replicar ante una verdad tan grande porque ella y yo lo sabemos bien. Cuando nuestras miradas se encuentran no hay escapatoria, forman un triángulo que en la tradición esotérica es símbolo de conexión con los planos superiores de conciencia, representando la ascensión espiritual y el despertar de la conciencia superior: ineluctablemente.
Cuando pienso en qué será de mí cuando mi abuela se vaya de este plano, imagino sus manos tiznadas y su lomo doblado por todo el carbón que cargó, el abono que regó y la hierba que cortó; sus dedos ágiles ante el café que recogió y las prendas que bordó y cosió; sus piernas y brazos firmes ante la tabla de planchar y la palangana de lavar; su corazón gallardo ante las penas de una madre… Y entonces, entonces comprendo que mi dolor ineludible hará las paces con la tristeza intransitable de la muerte y estará profundamente agradecido del privilegio de amarla y ser con ella y ser de ella y ser ella para siempre.
*Poema “Duplicada”





























