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AUTOESTIMA Y FORTALEZA EMOCIONAL

¿Quiénes sufren más de baja autoestima? ¿Las niñas o los niños? Si analizamos los mensajes culturales que promueven los medios, podemos concluir que las niñas padecen de más baja autoestima que los niños. Los mensajes que reciben promueven estereotipos, por eso, hoy día, hay niñas muy inconformes con su apariencia. Según investigaciones, cada vez hay más niñas que no están felices con su peso, su estatura, su forma corporal, su cabello y otros aspectos de su apariencia.

Vale cueva

Pero no solo es el aspecto físico lo que lacera la autoestima de las niñas, es también la forma en como los niños las tratan, lo que también responde a los patrones culturales. Si los niños les dicen a las niñas que no hacen nada bien, que son aburridas, tontas, miedosas y estúpidas; ellas, lamentablemente, lo van a creer. Y lo peor del caso, es que como esto no ocurre en la intimidad del hogar, puede pasar tiempo antes de que mamá o papá, sepa lo que está ocurriendo.

Vale baloncesto

Recientemente mi hija demostró cierta laceración relacionada con este asunto, y me tomó por sorpresa. Siempre procuro decirle cosas positivas, bonitas y alentarla a que puede lograr cualquier cosa que se proponga. No obstante, cuando está en la escuela, solo sé lo que ella me cuenta. Aparentemente debo ser más inquisitiva respecto a cómo pasa los días, para evitar que guarde heridas que puedan hacerle daño a largo plazo.

La autoestima es tan importante como cualquier otro aspecto de la salud, por lo que hay que cuidarla para evitar trastornos graves. Una pobre autoestima en una niña la puede llevar a aislarse socialmente, deprimirse, sufrir trastornos de alimentación y hasta abusar de sustancias. Ninguna madre y ningún padre quiere eso para sus niñas.

Vale escalando

Tenemos que estar alertas para identificar las señales que nos alerten. Cualquier cambio repentino en ellas, puede ser una bandera que se levante. En mi caso fue el llanto. Un llanto que en un principio confundí con changuería. Afortunadamente mi hija habló. Me dijo todo lo que había pasado y cómo se sentía. Sin embargo, no siempre podemos contar con eso. Un problema de autoestima puede ocasionar que nuestras niñas dejen de comunicarse. Cada caso puede ser distinto, por eso tenemos que observarlas y mantener buena comunicación con las personas claves que están cerca de ellas en la escuela. Después de todo, es un trabajo en equipo.

Si eres padre o madre de una niña no te olvides de abrazarla y decirle cosas positivas que no se centren en su apariencia, sino en su esencia. Tenemos que enseñarles a nuestras niñas que todos tenemos derecho a ser como queramos: nosotros mismos; que cada uno es un molde diferente y esa diversidad nos hace maravillosos. Debemos promover el respeto, la igualdad y el perdón entre niñas y niños. Que aprendan que son seres grandiosos independientemente del sexo, que son iguales y se merecen el mismo trato. Promovamos la autoestima saludable y la fortaleza emocional.

Vale y yo mar

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CASADAS, PERO… SOLAS

A las titanas que conozco

Conozco mujeres casadas, pero… solas. Son unas madres titanas. Y admito que no quiero igualarlas.

Estas increíbles mujeres trabajan fuera del hogar, se levantan casi de madrugada para preparar y llevar a los niños a la escuela. Los dejan y son como el corre caminos, llegan puntuales a su trabajo. Cumplen eficientemente su jornada y salen como un petardo a buscar a los hijos a la escuela para llevarlos a las prácticas de deportes, de baile, de lo que sea. Mientras sus hijos están en eso, ellas no están conversando con los demás. Siguen trabajando o estudiando desde sus pequeños ordenadores. Luego, celebran lo bien que lo hicieron los chicos mientras van camino a la casa, si no es que hay que detenerse a comprar algo de última hora. Llegan y revisan que las tareas estén hechas, si falta alguna, a trabajar. Mientras los hijos se bañan y se preparan para descansar, estas mujeres cocinan, limpian y dejan todo listo para, al otro día, volver a empezar. Uf, solo con relatarlo estoy exhausta.

Conozco mujeres casadas, pero… solas. Son unas madres titanas. Y admito que no quiero igualarlas. No es un error, lo repito adrede. ¿Dónde están los maridos de estas mujeres? ¿O por qué estas mujeres están casadas? ¡Lo hacen todo solas!

Le he preguntado a algunas sobre este tema. Comparto algunas repuestas anónimas.

  • Mi marido cree que llevar a los niños a la escuela es cosa de mujeres.
  • Yo no delego la educación de mis hijos a su padre porque es incapaz de comprender cómo funciona.
  • Él siempre se levanta más tarde y piensa que su trabajo es más importante que el mío.
  • Mi esposo no puede ir a las prácticas porque termina discutiendo con los otros papás.
  • Mi marido no tiene hora de llegada.
  • Si delego algo en mi esposo, se le olvida.
  • A mí me gusta hacerlo todo, mi matrimonio es por costumbre.
  • Me basta con que él pague las cuentas.
  • Los maridos son como tener otro hijo, esperan que una les haga todo.
  • Ahora que lo preguntas y recapacito, no sé por qué hago todo sola.

Admiro el gran esfuerzo de todas estas mujeres que se esmeran como madres para que sus hijos tengan lo mejor. Sin embargo, no comparto la idea de que si tienen un compañero todo el trabajo del hogar y la crianza recaiga solo en ellas. Es agotador y sumamente machista (por ellos y por ellas). Avalo “la ayuda idónea”.

Prefiero vivir pausadamente, de forma más sosegada y respirar la libertad de ser Soltera con Compromiso.

 

 

 

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¡QUÉ BUENA VIDA!

Aunque se trata de una expresión muy común, encierra un significado muy profundo. ¿Qué es una buena vida? ¿Tengo una buena vida? ¿Contribuyo a que mi hija la tenga? Esta simple pregunta es un tema de profunda reflexión. Creo que debemos detenernos en distintos momentos de nuestro camino y examinar cómo estamos viviendo. Es lo que he hecho en estos días…

Claro está, el significado a esta interrogante puede ser distinto para todos. Para unos puede significar riqueza y placer, para otros; salud y paz, y así sucesivamente. No obstante, para mí, es una vida con propósito, alegría y satisfacción. Sin embargo, el propósito no es un camino recto al que se llega sin desvíos, por el contrario, es un laberinto. Por eso en distintos momentos podemos sentir que hemos perdido nuestro norte y nos toca arrear en busca de la salida que nos lleve nuevamente a ese sendero. En este proceso solemos perder la alegría, ya que nos invade la ansiedad ante nuestros pasos perdidos. Y como efecto dominó, la satisfacción de una buena vida, desaparece momentáneamente.

¿Qué hacer entonces? En mi caso, me detengo y pienso. No se trata de mí solamente, tengo a cargo la crianza de una niña, por lo que el llevar o no llevar una buena vida tiene un impacto en ella y es un asunto muy serio. Me toca soltar el ancla, examinar el horizonte y, poco a poco, halar la cuerda. Para lograrlo intento seguir algunos pasos, por ejemplo:

  • Disfrutar la alegría de los sencillos placeres de la vida: Un vino, un café, una buena lectura o conversación, un rato en mi balcón, la sonrisa de mi hija, los juegos con mi mascota…
  • Ayudar a hacer de este mundo un lugar mejor: Es importante tener una participación cívica. Ayudar a los demás y trabajar por un bien común, siempre trae satisfacción.
  • Ser agradecidos: La gratitud es un aspecto importante de la buena vida. Nos ayuda a superar la sensación de no tener suficiente.
  • No preocuparnos por las cosas que no podemos controlar: No somos capaces de controlar una gran variedad de eventos en la vida, pero sí de manejar nuestras respuestas ante estos eventos.
  • Valorar y mantener las relaciones interpersonales: Nada es más grato que pasar tiempo con las personas afines a nosotros, reír, charlar y disfrutar de esa compañía.
  • Vivir nuestras pasiones: Hacer lo que nos apasiona, nos da una sensación de plenitud, de realización y de verdadera satisfacción.
  • Vivir el momento: En lugar de estar atrapados en el pasado o temerosos sobre el futuro, debemos de disfrutar ahora, “Carpe diem”.

Desentender el rumbo que marca la brújula es permisible, perderla; inadmisible. Vivir una buena vida es tarea de todos los días. Reconocer que no nos fue bien; también. Detenernos siempre que haga falta y redirigirnos, es el reto que debemos enfrentar. Una vida con propósito, alegría y satisfacción, no se alcanza en un momento para siempre: se tiene, se pierde y se vuelve a tener. Con mucho esfuerzo. Nuestro bienestar es la garantía del equilibrio de nuestro hogar.

 

 

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¿QUIÉN ES LA MADRE PERFECTA?

Mi madre era discreta, hogareña, laboriosa. Siempre estuvo pendiente de sus tres hijos, su esposo, la casa, la familia. Cuidó de todos hasta el último día de su vida. Pero ahora pienso en ella y me parece que muchas veces estaba triste. Hay cosas que probablemente no supe de ella. En alguna etapa de nuestras vidas, reñimos mucho, pero era mi madre y punto. Nunca pensé si era la madre perfecta, ni si hubiera preferido a otra.

Hace 8 años que me convertí en madre. Ya la mía se había ido, pocos meses antes. De modo, que ella no estuvo en mi “baby shower”, ni en mi parto, ni en los primeros días en los que estuve en casa. No podía llamarla por teléfono cada vez que tenía dudas de lo que estaba haciendo. Operé por instinto, si es que eso es válido.

Contrario a mi madre, soy soltera, tengo solo una hija y tomo todas las decisiones pertinentes a mi vida y a las de la niña que estoy criando. Son dos cuadros diferentes. Curiosamente, a veces, procedo de cierta forma en las que actuó ella, o pronuncio palabras que ella dijo, incluso en el mismo tono. Mis manos cada día se asemejan más a las de mi madre y hay cierta perfección en ellas.

Ser una madre perfecta es el reto de todas las que criamos, porque pensamos que eso es posible. A lo mejor, a muchas les ha pasado como a mí. Hay ocasiones en las que regaño a mi hija, le prohíbo hacer algo, le quito tiempo, le grito y luego pienso: “que mala madre soy, mi hija merece más”. Y es una pena que nos llevamos a la almohada cuando nos acostamos a dormir.

Sin embargo, amanece y la vida nos da una nueva oportunidad porque es mentira que seamos malas madres. Somos personas, seres humanos llenos de complejidad. Y en nuestro caso, somos mujeres empoderadas, guías únicas de nuestra vida extendida. Los errores son parte del quehacer, hay que cometerlos. En el futuro, si mi hija se convierte en madre, habrá aprendido de ellos, repetirá algunos, superará otros. Como he hecho yo.

¿Quién es la madre perfecta?, esa pregunta tiene respuesta. Se la hice a mi hija y ella me dijo que era yo, porque la amaba y la cuidaba. No mencionó los regaños ni las malas caras. Estoy segura que si mi madre me hubiera hecho esa pregunta a la edad que Sofía Valentina tiene, yo le hubiera respondido igual. No obstante, ahora que soy adulta, que soy madre y que extraño a la mía hace 8 años, puedo afirmar que ella fue una madre perfecta y es una pena que nunca se lo haya dicho.

Las madres perfectas no son solo las que paren, ni las que crían, son las que vivas o muertas, permanecen como una luz guiando tu vida, afirmando tus pasos, consolando tus penas. Si cuentas con ese resplandor, tienes la madre perfecta.