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TAMBIÉN TUVE MIEDO

Sí, yo también tuve miedo. Antes no escribí sobre esto porque no quería herir a terceras personas. No obstante, tras los recientes acontecimientos en Puerto Rico en los que se ha evidenciado (una vez más) que la violencia de género cobra vidas, me siento responsable de levantar “mi pluma”. Una víctima de violencia de género puede ser presa de esas circunstancias por largo tiempo. Salir de una relación tóxica no es tan fácil como parece.

Definitivamente la clave está en la crianza y en la educación que se recibe. En mi casa nunca me hablaron de eso y en la escuela tampoco. Por eso muchas veces la víctima da por “buenas” algunas actitudes del agresor. De pronto te gritan y recuerdas que en casa también el padre se enojaba y le gritaba a la mamá y piensas que eso es normal. Pero esos gritos pueden pasar a ser palabras ofensivas que te van hiriendo y socavando tu autoestima.

A lo mejor no recibes golpes físicos, pero esa persona rompe cosas en la casa. Te asustas. Te intimidas. Tienes miedo. Pero eso no está bien y en el fondo lo sabes, aunque no te hayan hablado de ello. Quizá el agresor solo se va, desaparece por días, sin comunicarse contigo y luego regresa como si te hubiera dejado hace un rato. No da explicaciones. No muestra respeto hacia ti. Tal vez solo te cela. Te dice: “No te pongas esa ropa. No hables con fulano”.

La lista puede ser muy variada y reconocer que estás en una relación que te pone en peligro es tan abrumadora como devastadora. Sin embargo, la realidad yace ahí, detrás de esa cortina en la que te escondes. Juzgar y ser juzgados, he aquí la divisa… A mí me resultó útil la solidaridad. Palabras como “estoy aquí para ti decidas lo que decidas”, “cuentas conmigo para lo que necesites”, “llámame a cualquier hora”, “sabes que te apoyaré incondicionalmente”. En la medida que juzgamos dejamos de crecer porque solo conocemos fragmentos. Seamos fraternos.

La vida es todo lo que tenemos. Y merecemos vivir con dignidad y ser respetadas. Si tu pareja te grita, no pienses que es aceptable. Si tu pareja te ofende, no es buena para ti. Si tu pareja rompe cosas, es un acto violento. Si tu pareja se pierde por días, no te merece. Si tu pareja te cela, trata de controlarte. Sin embargo, eres la única persona que puede salvarse a sí misma. La justicia, las leyes, la burocracia, pueden dejarte expuesta. Lo sé.

Hasta el que debe ser tu custodio, se equivoca. “Ustedes se ven tan bien juntos, pueden arreglar las cosas”. Esas palabras me las dijo un policía. Me sentí ultrajada, pero me salvé a mí misma. Ahora, lamentablemente, soy desconfiada. La única persona con la que me siento segura es conmigo misma.

Hoy lloro por todas las mujeres que no lo lograron. Y tengo el corazón en vilo por todas las niñas: mi hija, mis sobrinas, las hijas de mis amigas, las crías que veo en el parque y que no conozco. Pero hay que hablar del tema. Hay que educarlas en valentía, autoestima, dignidad, autosuficiencia, empoderamiento. No somos princesas, sino guerreras.

Madres, no las dejemos solas. No las echemos al mundo sin armadura. Criemos en igualdad de condiciones. Enseñémosle a cuidarse y a respetarse. No nos quedemos esperando que sea el gobierno quien las proteja ni la escuela quien las eduque. Hablemos en casa. Alertémoslas de las señales peligrosas. Criemos para la vida. Aunque sintamos miedo podemos salvarnos.

P. D. Imágenes de Pixabay

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¿Y SI ES UNA TRISTE NAVIDAD?

Para Mel y algunos más…

Se escuchan los villancicos, suenan las maracas y los panderos, el árbol está encendido, el coquito en la nevera y ya huele el asado. Una tradicional Nochebuena para muchas familias. Damos por sentado que todo es felicidad, pero debemos pensar en aquellos que viven una triste Navidad: personas enfermas, ancianos solos y otros que han perdido a seres queridos. Una época festiva puede ser nostálgica cuando la ausencia duele más porque añoramos a esas personas que amamos y que, por distintas razones, ya no están. Seamos solidarios con el dolor ajeno, el mismo que un día puede ser nuestro.

Hace 10 años que no paso Navidad con mis padres, así que conozco la pérdida de primera mano. Su legado es el que me ha enseñado a sobrellevar las cargas y a ser feliz a pesar de su ausencia. Han sido años de aprendizaje y superación por lo que, en esta ocasión, deseo compartir con los que sufren la pérdida de alguien querido.

Si esa persona se fue hace poco tiempo el dolor no puede negarse porque es algo natural. Como amigos o familiares de quien sufre, debemos ofrecerle nuestro hombro para que llore, en vez de instarlo a que olvide, ría y goce como si nada hubiera pasado. Hay que llorar para liberar ese quebranto. Después del llanto siempre nos sentimos mejor. Llora si es tu caso o consuela a quien lo necesita.

No renuncies a la Navidad, por el contrario, celébrala porque es lo que tu ser amado hubiera querido. Al siguiente año de haber muerto mis padres mi hija había nacido, estaba sola con ella y fue la primera vez que puse un árbol de Navidad en mi hogar. Incluso le puse por nombre “Sofía Elvira”, en honor a ellas. Así que, piénsalo mejor, puedes honrar la memoria de quien no está contigo.

La muerte es inevitable, dolorosa, pero natural. Y así debemos recordar a esos seres amados, con naturalidad. En lugar de dejar una silla vacía, dedica tiempo a recordarlo con amor y alegría. Viendo sus fotos o videos, contando anécdotas, etc. Las lágrimas podrían surgir, pero las risas también. Podemos rendir homenaje a las personas que no están poniendo algo suyo en el árbol, cocinando algo que ellos siempre hacían o a través de cualquier otra costumbre que tenían.

La primera Navidad lidiando con una ausencia, evidentemente es diferente. Podemos aprovechar para iniciar con nuevos ritos de celebración. No todo siempre tiene que ser igual. Puedes hacer un viaje, celebrar las fiestas en otro país, con otras personas y diferentes costumbres. O simplemente, cambiar algo, explorar la novedad para desviar la atención, empezar de nuevo sin perder la ilusión.

Cuando perdemos a seres amados la tristeza va y viene, un día reímos y al otro lloramos. Pasarán los años y así será. A veces podemos sentir culpa. No obstante, tenemos el derecho y hasta la obligación de seguir adelante. Debemos agradecer y ser felices a pesar de la ausencia.