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EL MEJOR ALIMENTO PARA EL ESPÍRITU

A maestra Mayra

Según Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura y autor de Nunca me abandones, el arte es la manera de materializar todo lo que se lleva dentro, es el mejor alimento para un espíritu en construcción. Como madre, deseo que mi hija goce de una educación universal e íntegra y, para ello, las bellas artes ocupan un papel crucial.

Se ha demostrado científicamente que el estudio de las bellas artes, desde temprana edad, cultiva en el ser humano una sensibilidad que lo lleva a desarrollar una ética muy sólida en su adultez. En un artículo publicado en el periódico El Universal, se explica que el arte es una de las manifestaciones más elevadas de la actividad humana.

Por ejemplo: el dibujo y la pintura constituyen un proceso complejo en el que los niños reúnen diversos elementos de su experiencia para formar un todo con un nuevo significado. La música, les permite tener una mejor concentración.  La literatura desarrolla el pensamiento y el lenguaje. El teatro, estimula la integración en conjunto a través del juego dramático y desarrolla el vínculo y la confianza personal. La danza promueve el trabajo en equipo y la invariable toma de conciencia para la ganancia de valores como la solidaridad, el respeto por la diversidad, la tolerancia, la cooperación y la valoración de la propia identidad.

El estudio de las bellas artes logra lo siguiente:

  • Enseña a los niños a ser más condescendientes
  • Permite que se expresen en forma creativa
  • Promueve el compromiso individual y colectivo
  • Aumenta la seguridad en sí mismos
  • Mejora el aprovechamiento académico
  • Ayuda a mejorar los esquemas de memoria y las organizaciones del pensamiento
  • Contribuye a desarrollar el contenido perceptivo analítico
  • Permite divisar y dirigir el mundo desde un punto de vista ético y estético

Como vemos, son muchos los beneficios de la educación en las bellas artes. Sin embargo, a menos que no se trate de una escuela especializada, los colegios privados y las escuelas públicas, no cuentan con un currículo satisfactorio en esta área. No obstante, las bellas artes son tan significativas como las materias básicas. Así que debemos educar con el ejemplo. Si nuestros hijos ven que valoramos el arte, ellos también lo apreciarán. Además, podemos buscar alternativas extracurriculares que cumplan con tan trascendental formación.

En mi caso, mi hija, desde pequeña, ha tomado clases de ballet clásico y principios de flamenco. Pero recientemente, tuve la maravillosa oportunidad de matricularla en un taller de danza, música, dibujo y poesía. Fue una experiencia extraordinaria. Un pequeño grupo de niños junto a unos talentosos maestros, estuvieron en contacto con estas bellas artes y culminaron el taller con la creación de un libro de poesía y dibujo. Además, presentaron un espectáculo en el que demostraron su apreciación y talento artístico. Niños entre 5 y 9 años recibieron el mejor alimento para el espíritu, y lo compartieron libremente y con amor. Promovamos la educación artística y formaremos una mejor conciencia colectiva.

P. D. Felicito a maestra Mayra y a los colaboradores de Aprodanza de Puerto Rico, por exponer a los niños a tan bonita experiencia.

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EL ÚNICO EXCESO RECOMENDABLE

El único exceso recomendable es el de dar gracias. Cuando estamos agradecidos no tenemos lugar para las quejas, los lamentos, las frustraciones, mucho menos, para el rencor y la tristeza. Esta importante lección de vida no se aprende de un día para otro. A unos nos toma más tiempo que a otros. A mí, por ejemplo, me ha tomado años y aún trabajo en eso cuando lo olvido.

Lo cierto es que mientras más agradecidos somos más energías positivas atraemos a nuestra vida. Interesantemente, está comprobado que las personas gratificadas viven más y son más felices porque este sentimiento abre la puerta a la prosperidad y a la abundancia. Además, según estudios publicados por universidades y medios noticiosos, las personas agradecidas duermen mejor y se sienten bien al despertar, tienen más fortaleza mental, una mejor salud cardíaca y hasta una reducción en la ingesta de grasa.

Dar gracias no es labor de un solo día, es el secreto del bienestar de nuestras vidas. Si damos gratitudes constantemente tendremos amenos resultados porque el Universo sabrá que estamos listos para salir de donde estamos y llegar a un lugar mejor.

Hace poco comprendí que en lugar de lamentarme porque mis padres murieron debo agradecer cuánto me amaron y las herramientas que me dieron para salir adelante. Desde que hice este cambio de “canal mental”, cuando los recuerdo, (que es diariamente), siento menos coraje y más paz. Me ha tomado nueve años lidiar con esta perdida, los reproches y la culpa, pero durante estos tiempos he aprendido a caminar como si hubiera vuelto a nacer: paso a paso.

Agradezco al Universo la influencia positiva que han logrado en mí las personas que me han guiado este sendero de descubrimiento. Hoy estoy mejor que hace unos años y dentro de varios años más, estaré en un peldaño más alto. “Se hace camino al andar…”, como escribió el poeta Antonio Machado.

Con la clara convicción de agradecer lo que por gracia he recibido, invité a mi hija a que hiciera una lista de 10 cosas que gratificaba y también hice lo propio e intercambiamos listas. Concurrimos en que agradecemos al Universo por nuestras vidas, la salud, nuestros padres, tener una mascota, un techo, comida en nuestra mesa, disfrutar del amor, los amigos y la familia. Yo, por mi parte, igualmente reconozco tener un trabajo que disfruto y me permite sustentar un hogar. Asimismo, compenso al Universo por el regalo y el reto que significa para mí ser madre de Sofía Valentina. Y, por supuesto, gratifico las experiencias vividas…

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¡QUÉ BUENA VIDA!

Aunque se trata de una expresión muy común, encierra un significado muy profundo. ¿Qué es una buena vida? ¿Tengo una buena vida? ¿Contribuyo a que mi hija la tenga? Esta simple pregunta es un tema de profunda reflexión. Creo que debemos detenernos en distintos momentos de nuestro camino y examinar cómo estamos viviendo. Es lo que he hecho en estos días…

Claro está, el significado a esta interrogante puede ser distinto para todos. Para unos puede significar riqueza y placer, para otros; salud y paz, y así sucesivamente. No obstante, para mí, es una vida con propósito, alegría y satisfacción. Sin embargo, el propósito no es un camino recto al que se llega sin desvíos, por el contrario, es un laberinto. Por eso en distintos momentos podemos sentir que hemos perdido nuestro norte y nos toca arrear en busca de la salida que nos lleve nuevamente a ese sendero. En este proceso solemos perder la alegría, ya que nos invade la ansiedad ante nuestros pasos perdidos. Y como efecto dominó, la satisfacción de una buena vida, desaparece momentáneamente.

¿Qué hacer entonces? En mi caso, me detengo y pienso. No se trata de mí solamente, tengo a cargo la crianza de una niña, por lo que el llevar o no llevar una buena vida tiene un impacto en ella y es un asunto muy serio. Me toca soltar el ancla, examinar el horizonte y, poco a poco, halar la cuerda. Para lograrlo intento seguir algunos pasos, por ejemplo:

  • Disfrutar la alegría de los sencillos placeres de la vida: Un vino, un café, una buena lectura o conversación, un rato en mi balcón, la sonrisa de mi hija, los juegos con mi mascota…
  • Ayudar a hacer de este mundo un lugar mejor: Es importante tener una participación cívica. Ayudar a los demás y trabajar por un bien común, siempre trae satisfacción.
  • Ser agradecidos: La gratitud es un aspecto importante de la buena vida. Nos ayuda a superar la sensación de no tener suficiente.
  • No preocuparnos por las cosas que no podemos controlar: No somos capaces de controlar una gran variedad de eventos en la vida, pero sí de manejar nuestras respuestas ante estos eventos.
  • Valorar y mantener las relaciones interpersonales: Nada es más grato que pasar tiempo con las personas afines a nosotros, reír, charlar y disfrutar de esa compañía.
  • Vivir nuestras pasiones: Hacer lo que nos apasiona, nos da una sensación de plenitud, de realización y de verdadera satisfacción.
  • Vivir el momento: En lugar de estar atrapados en el pasado o temerosos sobre el futuro, debemos de disfrutar ahora, “Carpe diem”.

Desentender el rumbo que marca la brújula es permisible, perderla; inadmisible. Vivir una buena vida es tarea de todos los días. Reconocer que no nos fue bien; también. Detenernos siempre que haga falta y redirigirnos, es el reto que debemos enfrentar. Una vida con propósito, alegría y satisfacción, no se alcanza en un momento para siempre: se tiene, se pierde y se vuelve a tener. Con mucho esfuerzo. Nuestro bienestar es la garantía del equilibrio de nuestro hogar.