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ÉL ME HACE FALTA

Hablemos de padres. Mucho se ha escrito sobre la relación de las hijas con los padres. Sin embargo, no hay nada como la experiencia para constatar los datos. Algunas mujeres hemos tenido el privilegio de tener a nuestro padre presente durante muchas etapas de nuestra vida. No obstante, otras no han gozado de esa fortuna. Mi hija, por ejemplo.

La experiencia de haber tenido al mío y la de que mi hija no tenga al suyo, me lleva a reflexionar sobre la importancia de su figura durante el desarrollo. Es un reto para nosotras (las madres) lidiar con esa carencia. Papá hace falta, papá es insustituible y pretender lo contrario es el primer error.

Mi hija no vive con su padre desde que tenía 9 meses. Durante los primeros años de su vida mantuvo una buena relación con él, como no, “si las nenas son de papi”. En la actualidad la relación es muy distante porque, para empezar, él no vive en nuestro país. Eso le afecta, le duele mucho y yo sufro ese dolor, veo sus lágrimas, escucho sus lamentos, estoy ahí…

Yo extraño a mi papá todos los días de mi vida y lo tuve hasta mi adultez, así que puedo imaginar cuánto ella extraña al suyo. Ahora que mi hija ha llegado a la preadolescencia sus estados de ánimo cambian constantemente y todo se vuelve un poco más complejo. Hoy la consuela una frase que mañana no significa nada. Hoy la sostiene un abrazo, pero mañana no quiere que la toque. Es difícil para ambas.

Ante esta situación nos conviene buscar toda la ayuda posible: familia, amigos, profesionales, etc. He leído que fomentar otras relaciones en las que haya una figura masculina en la vida de las niñas, suele ser bueno. Un abuelo, si lo hay (no es nuestro caso), algún tío, padrino, entre otros. Sucede que esa presencia es vital para abonar a una buena autoestima, expresar amor y respeto. Una figura paternal que sepa escuchar, dedicarle tiempo y hacerla sentir valiosa, contribuye a que esa niña crezca y sea una mujer poderosa.

Es otro reto para las que somos madres solteras. Será un desafío, pero no es el fin del mundo. No fracasaremos como familia. Por el contrario, como mujeres empoderadas buscaremos toda la ayuda posible. Seremos mediadoras en la relación de hija y papá. Fomentaremos el trato de sobrina y tío. Extenderemos nuestra familia como red de apoyo. Si la ausencia de papá ahora es un reto, lo superaremos.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay

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AUSENTES

Recientemente me preguntaron cómo se debía manejar el tema de los padres ausentes así que, aparte de compartir mi experiencia, investigué un poco. Ciertamente el modelo de la familia ha cambiado. A parte de la familia tradicional, existen las monoparentales, las que tienen dos mamás o dos papás, entre otras. Una de nuestras responsabilidades como adultos debe ser educar sobre la diversidad y las diferentes formas de hacer familia para que los niños comprendan que no todos sus amigos tienen mamá y papá en casa.

Obviamente quien primero preguntará por el papá o la mamá ausente es el pequeño que no lo tiene. ¿Qué debemos responder a esta interrogación? ¿Nada, una mentira o la verdad? Según la sicóloga Bárbara Veloso, debemos responder a sus preguntas con la verdad. No obstante, aclara que decir la verdad no es lo mismo que darles información que pueda resultar innecesaria, perturbadora, o que generare aún más confusión.

Veloso recomienda que atendamos cómo les decimos lo ocurrido en torno a la ausencia de papá o mamá, cuidando que nuestros gestos y relatos no estén saturados de nuestras propias emociones de enojo, frustración o culpa. Además, exhorta a que dejemos abierta la posibilidad a más preguntas que vayan surgiendo a medida que el infante crezca. 

Lo que sí es esencial, de acuerdo con la sicóloga Mónica Serrano, es que seamos conscientes que la información sobre el padre o la madre forma parte de los orígenes del niño, y esto es fundamental para la construcción de su historia personal. Además, forma base de su autoconcepto y su autoestima. La sicóloga aclara que es primordial destacar que la ausencia del padre o de la madre no tiene que ver con el pequeño. Es decir, debemos enfatizar que la separación no ha sido provocada por el hijo, sino que es algo que ha ocurrido por razones que tienen que ver con la persona que no está. Serrano también recomienda que recordemos lo bueno de él o ella,para que sepamos identificar sus cualidades y transmitírselas a nuestros hijos.

Las sicólogas recomiendan que fomentemos los vínculos del niño con otros familiares y personas cercanas. Además depromover la relación con otras familias monoparentales, para facilitar la identificación del niño con un grupo social de referencia. Es básico transmitirle al crío que es un ser amado por muchas personas, un individuo valioso e importante y que siempre va a estar acompañado, cuidado y querido.

Veloso recomienda que nos sensibilicemos ante la angustia que pueda sentir nuestro hijo aceptando su tristeza, haciéndoselo saber y ofreciéndoles nuestro regazo. De esta forma construimos puentes entre adultos y niños que nos permitirán conectarnos y mantenernos servibles, sin ocultar ni desviar la realidad. Aunque la experiencia de consolarlos no borra la ausencia ni disminuye el sufrimiento que puedan sentir nuestros hijos, abre la posibilidad de que expresen sus sentimientos y compartan su pena. Y si estamos disponibles para abrazarlos y conversar se sentirán más seguros y más amados.