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CONFLICTOS INFANTILES: “NO ME DES QUEJAS”

¿Cuántas veces al ir a recoger a tus hijos a la escuela los has encontrado enojados o tristes? Seguramente varias. De la misma forma que los adultos, los niños experimentan situaciones de enfado y conflicto con sus pares.

De acuerdo a expertos de la sicología infantil, la mayoría de las veces lo que nuestros hijos más necesitan cuando vienen explicando un problema o quejándose de alguna riña que tuvieron en la escuela, es que los escuchemos atentamente. Generalmente, con solo prestar atención a lo que dicen y respaldar sus sentimientos, liberan su carga emocional o encuentran la solución al inconveniente.

En el entorno escolar, no todos los niños se llevan bien entre ellos. Situaciones de burla o disgusto, por ejemplo, provocan que se sientan mal o se metan en problemas con sus compañeros. Ante esta situación, nos toca modelarles y enseñarles a oficiar su coraje y a evitar complicaciones.

Los niños pueden enfadarse cuando sienten que alguien ha herido sus sentimientos o no pueden llevar a cabo lo que realmente quieren hacer. También cuando creen que los demás no les entienden o sienten que les han mentido o traicionado. Y cuando se sienten solos o sus pares no actúan de la manera que ellos quisieran.

Según la sicóloga infantil, María Luisa Ferrerós, ante estas situaciones comunes, recomienda evitar la sobreprotección y guiar a nuestros hijos para que busquen estrategias que les ayuden a tolerar sus frustraciones y afrontar sus conflictos de forma eficaz. Por ejemplo, debemos hacerles entender que deben expresar sus sentimientos con palabras, y explicarles que no es correcto golpear a otros ni romper objetos o decir cosas que pueden herir a los demás.

Socorro Morales, otra especialista de la conducta infantil, afirma que los padres debemos enseñarles a nuestros hijos a tolerar la frustración y a mantener autocontrol. Así también, la autodisciplina, la responsabilidad y la salud emocional. De esta forma crearemos una familia afectuosa y capaz de compartir y resolver problemas. Si aumentamos su capacidad de adaptación ante situaciones perturbadoras, también les estaremos dando las claves para desafiar las calamidades de la vida.

De modo que, cuando volvamos a recoger a nuestros hijos y empiecen a darnos quejas de otros niños, hemos de escucharlos en vez de invalidarnos con frases como; “no me des quejas”, “resuélvete solo”, “eso no es nada”, “díselo a tus maestros”, etc. Sus sentimientos son significativos por más triviales que nos parezcan.

Ya me he equivocado en eso y estoy enmendando mi falta. Si mi hija está contenta es importante y si está triste trascendental. Debo alejar la atención de mis quehaceres, escucharla y centrarme en sus emociones. Evitemos el clásico y nefasto: “No me des quejas” y seamos solidarios.

 

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DECIR “TE AMO” NO SIEMPRE ES AMOR

Decir “te amo” no siempre es amor. El cuento de que los padres aman a sus hijos de manera incondicional no es cierto.  Hay padres que no saben amar, no se aman a sí mismos, por lo que no pueden brindar un lazo vigoroso a sus hijos. Los especialistas en conducta, afirman que el síndrome de padres manipuladores carga un alto costo psicológico al bienestar de sus hijos, quienes son victimizados. Lamentablemente este abuso ocurre más de lo que podemos llegar a imaginar y se conoce como “síndrome de alienación parental”.

Los padres manipuladores tienden a cosificar a sus hijos, dejan de considerarlos como personas y empiezan a pensar que son cosas u objetos. Son muy hábiles en ocultar sus auténticas intenciones, por lo que los hijos pueden vivir en una constante confusión. A veces utilizan a sus propios hijos, unos en contra de otros o en contra de sus madres.

En muchas ocasiones los padres que se han divorciado o separado de las madres de sus hijos, suelen manipularlos para evitar cumplir con sus obligaciones financieras y manejar, nocivamente, las relaciones paternas filiales. Un día les dicen a sus hijos que los aman con todo el corazón y al otro día dejan de buscarlos. Un día les hablan con tono afable y cariñoso y al siguiente, les gritan y los insultan. Un día los reconocen y el próximo día los relegan.

Cuando eres jefa de hogar y adviertes que el padre de tus hijos está manipulándolos, debes atender la situación, prontamente, porque el bienestar del menor es lo primero y nuestra obligación es protegerlos. Los padres manipuladores son dañinos para el infante y también para el futuro adulto, ya que este puede crecer con emociones confusas, entre amor y odio, incomprensión e impotencia, y, muchas veces, pueden llegar a necesitar terapia a consecuencia de trastornos emocionales, depresión o baja autoestima. En el peor de los casos, podrían terminar involucrados en relaciones abusivas o de dependencia emocional.

Así que madres, atentas. Si tu hijo empieza a llorar después de hablar por teléfono con su papá, algo está mal. Si tu hijo llega triste y distante después de haber pasado tiempo con su papá, algo está mal. Si tu hijo se muestra muy reservado de un día para otro, hay que indagar.

Decir “te amo” no siempre es amor. El amor de un buen padre es desinteresado, responsable, protector y consolador. Un padre manipulador dice “te amo” con artimaña, y eso está muy lejos del verdadero amor.

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REORGANIZANDO LA AGENDA

Se acabó lo que quedaba… El regreso a clases ya es oficial y nos toca reorganizar la agenda. Ante esta realidad, quiero compartir con ustedes algunos consejos (que he seguido) y que nos permitirán ayudar a nuestros hijos para que tengan un nuevo año académico lleno de éxito. Veamos:

  • Asistir a la reunión de padres que se celebra antes de empezar el curso

En esta tertulia, los directivos y los maestros comparten con nosotros información general muy importante; desde el aspecto administrativo hasta el académico. Así también, asistir el primer día de clases en apoyo a nuestros críos. Sobre todo, si están en edad prescolar y elemental y si son nuevos en la escuela (como es nuestro caso).

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  • Visitar la escuela y su hogar cibernético

Siempre resulta provechoso conocer las instalaciones de la escuela para identificar lugares importantes como: las oficinas administrativas, el salón hogar, el comedor y / o cafetería, los baños, la biblioteca, etc. En esta época, la mayor parte de los colegios cuentan con una página electrónica en la que ofrecen información de último momento, como también, general. Es muy útil visitar este sitio, frecuentemente, para estar al día de lo que está sucediendo o por ocurrir. La tecnología puede ser nuestra aliada, debemos aprovecharla al máximo.

  • Vigilar que tengan buena alimentación

Todos sabemos que tomar el desayuno es esencial. Sin embargo, a veces se nos hace tarde o los chicos no quieren comer en la casa. En ese caso, debemos prepararle una lonchera con alimentos nutritivos para que coman antes de entrar a clases. También podemos motivarlos para que vayan al comedor escolar, si se ofrece ese servicio. Por otro lado, si se les da dinero para que compren en la cafetería, debemos percatarnos de los artículos que venden y enseñarles a nuestros hijos a administrar bien el dinero.

  • Velar el sueño

En el verano, nuestros hijos cambian su horario: juegan más y duermen menos. No obstante, en el proceso de reorganizar la agenda, debemos restablecer las horas de descanso, de modo que este sea suficiente y no se levanten con sueño y malhumorados. De lo contrario, no estarán lo suficientemente alertas y dispuestos a aprender.

  • Estar pendientes de las tareas

En la edad primaria los niños necesitan mucha supervisión y apoyo. Por eso es necesario revisar las libretas, diariamente, para darle seguimiento a las tareas que puedan tener. No debemos cometer el error de simplemente preguntar a nuestros hijos y confiar en lo que dicen, ya que a veces se distraen y olvidan algunas asignaciones o pendientes.

  • Enseñémosles a ser organizados

La organización es un aspecto muy importante para el éxito escolar, laboral y personal. Lo primero es educar con el ejemplo y lo segundo, ayudarlos y enseñarles cómo se hace. La organización incluye desde tener sus libretas, libros y artículos escolares en el lugar correspondiente, hasta establecer un horario diario que incluya: descanso, tareas y estudio, recreación, etc. Además, debemos proporcionarles un lugar adecuado, donde se sienten a hacer sus tareas, que sea cómodo y libre de distracciones.

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  • Instruir a nuestros hijos a estudiar

Estudiar puede ser un arte placentero como una obligación antipática. Nos corresponde a los padres, apoyar la labor de los maestros e instruir y ayudar a nuestros hijos a estudiar. Es importante que demostremos entusiasmo y mostremos cuáles son los beneficios de aprender. Cada vez que se anuncie un examen, convenimos estar alertas y apoyarlos. Tanto en la preparación de un buen repaso como ocuparnos, personalmente, o a través de algún tutor, de que el material sea aprendido efectivamente.

  • Asistir puntualmente

Del mismo modo que no nos ausentamos del trabajo, sin razón justificada, los chicos no deben faltar a la escuela sin una causa válida. En caso de enfermedad, definitivamente, no debemos enviarlos a la escuela, sino cuidarlos en la casa o llevarlos al médico. Cuando esto ocurre, corresponde indagar con algún compañero o con los maestros, sobre el material dado en clase para que no se atrasen y se pongan al día a la brevedad posible. La comunicación con los pares y los maestros es transcendental para este y otros aspectos.

  • Ayudar a la comunidad escolar

La vida estudiantil no solo son tareas y exámenes. Existen actividades extracurriculares igualmente imprescindibles para el crecimiento y desarrollo de nuestros hijos. Hemos no solo alentarlos a que participen de las mismas, sino también involucrarnos como padres, participar y ayudar a la comunidad escolar en las actividades que celebren.

  • Hay que hablar de la escuela

Nuestros hijos pasan de 6 a 8 horas en la escuela. Periodo en que nosotros trabajamos y estamos alejados de ellos. Hablar sobre el día a día es una conversación que no debe faltar. Busquemos la manera de hacerla casualmente y de forma entretenida, para que no sientan que los estamos investigando. No obstante, saber cómo pasaron el día es significativo, porque mantiene la comunicación entre padres e hijos y nos implica en su vida estudiantil y personal.

Así que amigos lectores, el regreso a clases ya es oficial. Vamos todos a reorganizar la agenda, ocupémonos de lo que nos toca, que este nuevo año académico será genial.

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CASADAS, PERO… SOLAS

A las titanas que conozco

Conozco mujeres casadas, pero… solas. Son unas madres titanas. Y admito que no quiero igualarlas.

Estas increíbles mujeres trabajan fuera del hogar, se levantan casi de madrugada para preparar y llevar a los niños a la escuela. Los dejan y son como el corre caminos, llegan puntuales a su trabajo. Cumplen eficientemente su jornada y salen como un petardo a buscar a los hijos a la escuela para llevarlos a las prácticas de deportes, de baile, de lo que sea. Mientras sus hijos están en eso, ellas no están conversando con los demás. Siguen trabajando o estudiando desde sus pequeños ordenadores. Luego, celebran lo bien que lo hicieron los chicos mientras van camino a la casa, si no es que hay que detenerse a comprar algo de última hora. Llegan y revisan que las tareas estén hechas, si falta alguna, a trabajar. Mientras los hijos se bañan y se preparan para descansar, estas mujeres cocinan, limpian y dejan todo listo para, al otro día, volver a empezar. Uf, solo con relatarlo estoy exhausta.

Conozco mujeres casadas, pero… solas. Son unas madres titanas. Y admito que no quiero igualarlas. No es un error, lo repito adrede. ¿Dónde están los maridos de estas mujeres? ¿O por qué estas mujeres están casadas? ¡Lo hacen todo solas!

Le he preguntado a algunas sobre este tema. Comparto algunas repuestas anónimas.

  • Mi marido cree que llevar a los niños a la escuela es cosa de mujeres.
  • Yo no delego la educación de mis hijos a su padre porque es incapaz de comprender cómo funciona.
  • Él siempre se levanta más tarde y piensa que su trabajo es más importante que el mío.
  • Mi esposo no puede ir a las prácticas porque termina discutiendo con los otros papás.
  • Mi marido no tiene hora de llegada.
  • Si delego algo en mi esposo, se le olvida.
  • A mí me gusta hacerlo todo, mi matrimonio es por costumbre.
  • Me basta con que él pague las cuentas.
  • Los maridos son como tener otro hijo, esperan que una les haga todo.
  • Ahora que lo preguntas y recapacito, no sé por qué hago todo sola.

Admiro el gran esfuerzo de todas estas mujeres que se esmeran como madres para que sus hijos tengan lo mejor. Sin embargo, no comparto la idea de que si tienen un compañero todo el trabajo del hogar y la crianza recaiga solo en ellas. Es agotador y sumamente machista (por ellos y por ellas). Avalo “la ayuda idónea”.

Prefiero vivir pausadamente, de forma más sosegada y respirar la libertad de ser Soltera con Compromiso.

 

 

 

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TARJETAS, DULCES, AMOR ES…

Hace unos años, el día de San Valentín, mi hija regresó a casa con varias tarjetas dedicadas a su nombre. Recuerdo que cuando encontré la primera, en tono de broma, le pregunté que quién era el fulano. Luego siguieron apareciendo tarjetitas en el bulto, entonces me di cuenta que se trataba del tradicional intercambio de postales de San Valentín, que celebran en las escuelas. Sin embargo, yo, madre primeriza, no había comprado cartitas para los compañeros de Sofía. De esa ocasión aprendí que hay ciertos ritos que celebrar.

Recuerdo que cuando yo era pequeña tenía un traje blanco repleto de corazoncitos rojos, que mi mamá me ponía para ir a la escuela el día de San Valentín. De modo que era la niña más acorazonada del patio escolar. Para aquella época también repartíamos tarjetas de amistad a nuestros compañeros, solo que muchas veces, las hacíamos nosotros mismos. Además, coronaban a una reina y a un rey de corazones, que nosotros elegíamos por simpatía.

Hoy día veo el entusiasmo que Sofía Valentina le presta al famoso 14 de febrero y evoco la inocencia de aquellos años de infancia. Para ella es toda una ocasión porque es un día de fiesta en la escuela. Como ya está más grande se esmera en escoger la ropa casual que se pondrá y el peinado que se hará. Por supuesto, presta especial interés en los dulces que se comerá, en lo mucho que va a brincar y a bailar y en los detalles que le va a ofrecer a sus amigos, compañeros y maestras. Me toca entonces avalar su entusiasmo y lo hago con mucho gusto. Este año compramos pulseras de dulces que vienen en empaques individuales y con espacio para la dedicatoria.

Como todo momento es bueno para alguna lección de vida, le pedí a mi hija que hiciera un dibujo que representara a nuestra familia en San Valentín. Aquí se los comparto: Pepe, ella y yo. Me parece que es un dibujo muy lindo y representativo de nuestro amor. Ese amor que damos cada día a nuestra familia, amigos, compañeros… Pequeños gigantes que irradian luz en nuestros corazones.

Celebrar el amor y la amistad es cuestión de cada día, los insignificantes detalles son los grandes regalos. Mi hija es un ser de amor como todos los niños. Ellos son el verdadero significado del amor: sin prejuicios, inocente y desinteresado. Mis aplausos y reverencia a esos cachetitos rojos y sudados, que juegan libremente y corren hacia nosotros a abrazarnos. ¡Feliz día del amor y la amistad, todos los días!

 

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¿QUIÉN ES LA MADRE PERFECTA?

Mi madre era discreta, hogareña, laboriosa. Siempre estuvo pendiente de sus tres hijos, su esposo, la casa, la familia. Cuidó de todos hasta el último día de su vida. Pero ahora pienso en ella y me parece que muchas veces estaba triste. Hay cosas que probablemente no supe de ella. En alguna etapa de nuestras vidas, reñimos mucho, pero era mi madre y punto. Nunca pensé si era la madre perfecta, ni si hubiera preferido a otra.

Hace 8 años que me convertí en madre. Ya la mía se había ido, pocos meses antes. De modo, que ella no estuvo en mi “baby shower”, ni en mi parto, ni en los primeros días en los que estuve en casa. No podía llamarla por teléfono cada vez que tenía dudas de lo que estaba haciendo. Operé por instinto, si es que eso es válido.

Contrario a mi madre, soy soltera, tengo solo una hija y tomo todas las decisiones pertinentes a mi vida y a las de la niña que estoy criando. Son dos cuadros diferentes. Curiosamente, a veces, procedo de cierta forma en las que actuó ella, o pronuncio palabras que ella dijo, incluso en el mismo tono. Mis manos cada día se asemejan más a las de mi madre y hay cierta perfección en ellas.

Ser una madre perfecta es el reto de todas las que criamos, porque pensamos que eso es posible. A lo mejor, a muchas les ha pasado como a mí. Hay ocasiones en las que regaño a mi hija, le prohíbo hacer algo, le quito tiempo, le grito y luego pienso: “que mala madre soy, mi hija merece más”. Y es una pena que nos llevamos a la almohada cuando nos acostamos a dormir.

Sin embargo, amanece y la vida nos da una nueva oportunidad porque es mentira que seamos malas madres. Somos personas, seres humanos llenos de complejidad. Y en nuestro caso, somos mujeres empoderadas, guías únicas de nuestra vida extendida. Los errores son parte del quehacer, hay que cometerlos. En el futuro, si mi hija se convierte en madre, habrá aprendido de ellos, repetirá algunos, superará otros. Como he hecho yo.

¿Quién es la madre perfecta?, esa pregunta tiene respuesta. Se la hice a mi hija y ella me dijo que era yo, porque la amaba y la cuidaba. No mencionó los regaños ni las malas caras. Estoy segura que si mi madre me hubiera hecho esa pregunta a la edad que Sofía Valentina tiene, yo le hubiera respondido igual. No obstante, ahora que soy adulta, que soy madre y que extraño a la mía hace 8 años, puedo afirmar que ella fue una madre perfecta y es una pena que nunca se lo haya dicho.

Las madres perfectas no son solo las que paren, ni las que crían, son las que vivas o muertas, permanecen como una luz guiando tu vida, afirmando tus pasos, consolando tus penas. Si cuentas con ese resplandor, tienes la madre perfecta.

 

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¡CÓMO ESTAR EN CASA!

Para mí, sumergirme en la lectura de un buen libro es como estar en casa: “hogar, dulce hogar”. Como madre, leerle a mi hija ha sido una costumbre desde que estaba en mi vientre. En mi embarazo, le leía poemas en voz alta. Su primer libro se lo regalé cuando tenía tres años. Y leerle al acostarla, es una tradición.

Ahora, aparte de que sea una aficionada a la lectura, hay muchos beneficios con esta práctica. Según han revelado estudios de especialistas en el desarrollo infantil, leerle en voz alta a los niños, ejerce una influencia positiva en su desarrollo intelectual y emocional.

En mi caso, leerle a mi hija es el último acto del día y fomenta nuestra unión y comunicación. La llevo a la cama, me acuesto a su lado y le leo. A veces comentamos las lecturas en ese momento, otras, nos acurrucamos y disfrutamos de ese rato juntas. Luego me levanto, la beso, le digo que la amo y la dejo en sus sueños.

Ese rato de esparcimiento, también nos sirve para inculcarles a los niños los beneficios de la lectura y el placer que es capaz de producirnos. Como valor añadido, está probado que la lectura garantiza mayor éxito académico, ya que desarrolla la capacidad de concentrarse y prestar atención.

Por otro lado, la lectura logra que los pequeños puedan expresarse con más confianza y facilidad, porque su vocabulario se amplía. Cuando le leo a Sofía Valentina, siempre que escucha una palabra nueva me pregunta qué significa. Luego escucho como la incorpora a su vocabulario con toda la naturalidad del mundo.

Otro beneficio de la lectura, es que fomenta la curiosidad infantil, así que su capacidad creativa crece. Lo observo en mi hija cuando la oigo en sus conversaciones a solas, con sus juguetes y cuando la veo inventar y experimentar con objetos. Siempre busca un nuevo uso para las cosas que desecho, y las historias que crea son fascinantes.

Leerle a nuestros hijos nos permite exponerlos ante otras situaciones, a la vez que ganan nuevas experiencias de aprendizaje. También adquieren valores y buenos hábitos de educación general. Para mí es agradable escuchar que tengo una hija hermosa, pero se me infla el pecho de orgullo cuando me dicen que tengo una hija bien educada. La que dice buenos días, por favor, con permiso, buen provecho… Sin duda, la lectura le ha enseñado mucho más que mis palabras.

Eduquemos con el ejemplo: que nuestros hijos nos vean leer. Aprenderán que un libro es un amigo y que adentrarse en una buena historia es como ampliar la familia. Es sin duda, estar en casa.