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EL AUTÉNTICO LEGADO

A July

Si te preguntan qué legado quieres dejar a tus hijos, ¿qué responderías? Quizás pienses en dinero, bienes, educación, memorias… El verdadero legado empieza en vida. Solo cuando perdemos a nuestros padres reconocemos y valoramos su herencia. En mi caso, la dote que más valoro no tiene que ver con lo material, que deprecia y desaparece. El tesoro de mis padres cobra más valor cada día porque en lugar de esfumarse, brota y se multiplica. Lo que lo vuelve una riqueza invaluable que espero dejar a mi hija.

En mi opinión, empieza con el ejemplo, porque los consejos que no se viven se pierden en el vacío. Mi padre, para mí, fue modelo de credibilidad, verticalidad, lealtad, confianza y respeto. Mi madre, de humildad, honestidad, amor, discreción y entrega. De mi padre aprendí el amor por la lectura, la atención hacia el discurso, las ansias de aprender y la pasión por las letras. De mi madre, el amor incondicional, la elegancia de la sencillez, el poder de las palabras y el compromiso ineludible.

De sus cosas materiales guardo pequeños detalles que conservan su esencia. Una corbata y un pañuelo con la inicial de mi Papá, algunas fotos y trazos de su puño y letra. De mi Mamá conservó unos lentes, un anillo, un prendedor y su perfume plasmado en las páginas de su libro sagrado. De mi padre atesoro recuerdos de mi niñez cuando jugaba conmigo los mismos juegos que hoy practico con mi hija. A las cosquillas, el pellizquito en la nalga y algunas canciones que tarareaba que yo era la nena de papi. De mi madre recuerdo su complicidad, su costumbre de siempre comprarme alguna bobería si salía sin mí y su alcahuetería al prepararme un menú distinto cuando lo que cocinaba para la familia a mí no me gustaba.

Como ellos eran tan distintos el uno de la otra, aprendí distintas formas de ver la vida y de afrontar las dificultades, pero siempre a salir airosa. Me enseñaron a respetar a los mayores y a valorar su sabiduría. Me ejemplificaron qué es tener responsabilidad y cumplir con mis deberes y obligaciones. Me regalaron el principio de la libertad como el ente que le permite al ser humano tomar sus decisiones y a actuar según su intuición, inteligencia y voluntad. Sé que a veces no estuvieron de acuerdo con mis elecciones, pero siempre las respetaron para que aprendiera a madurar con cada una de mis equivocaciones.

En mi crianza hubo una que otra nalgada, algunos gritos, pocos castigos y mucho ejemplo de entereza y humildad. Todo fue merecido, aunque quizá en su momento no fue bien recibido. No obstante, mis padres, con paciencia y amor, rompieron y formaron mi vasija las veces que fue necesario e hicieron de mí la persona que soy.

El auténtico legado empieza en vida. Si logro dejarle a mi hija solo una parte de lo que mis padres me heredaron a mí, me sentiré feliz. Quiero que tenga muchas fotos y videos de los momentos que vivimos juntas para que las imágenes acompañen su memoria (ahora sé el tesoro que es eso). Aspiro dejarle las letras. Desde que soy madre me he dedicado a escribir mucho para que ella aprenda que las palabras son poderosas y transformadoras, y para contarle nuestras anécdotas. Deseo que cuando yo no esté me sienta y me recuerde cada día de la forma en que yo lo hago con mis padres. Porque cuando el cuerpo se marchita y el aliento se va, queda la esencia espiritual perennemente y si esta es loable, somos bienaventurados.

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COSAS PARA HACER ENTRE MADRE E HIJA

A Ivonne y a Luz (cuya relación de madre e hija admiro mucho)

Cuando llega el verano tenemos más tiempo libre. Los chicos están de vacaciones y hay que buscar en qué entretenerlos. Además de los campamentos y talleres de verano, es importante que pasemos tiempo con ellos. Como no tenemos que llegar del trabajo para hacer o monitorear tareas escolares, podemos aprovechar ese tiempo para pasar tiempo de calidad con nuestros hijos. Como es mi caso, hablaré de madre a hija y algunas acciones entretenidas que podemos hacer.

El verano se presta para las actividades al aire libre. Así que, por supuesto, las playas, las piscinas y los ríos son una buena opción. Si tu hija se cree un pececito (como la mía) disfrutará nadar y entretenerse en el agua. En la playa se puede jugar a hacer figuras de arena, incluso recoger piedras y caracoles con los que luego puedes inventar alguna manualidad. La piscina es buena para retozar con juguetes de agua o simplemente refrescarnos y conversar. En el río no solo disfrutamos el agua, también podemos explorar y hacer un pícnic.

Si el día no tiene las mejores condiciones para estar al aire libre, el cine siempre es bienvenido. Máxime cuando en verano suelen exhibir muchos estrenos dirigidos a la familia. Esta actividad, en mi experiencia, es buena para sacarle más partido. Mi hija y yo solemos hablar de cuál fue nuestra parte favorita y yo aprovecho para indagar o resaltar los valores que haya presentado la historia. Y, como si fuera poco, hoy día tenemos la ventaja del “cine” en casa. No tendremos la pantalla gigante, pero sí una que cumple con la función y un “micro” para hacer las palomitas de maíz y algunas otras chucherías para comer y tomar. De modo que una película, invariablemente, es y será una buena alternativa.

Un día de embellecimiento de chicas (spa). ¡Qué rico es! Lo bueno de esto también es que, si no tenemos el dinero suficiente para pagar por estos servicios, podemos hacer en la casa cosas sencillas.  Por ejemplo: pintarnos las uñas, ponernos mascarillas, darnos masajes, maquillarnos, peinarnos. Esto a las niñas, desde pequeñas, les encanta. Creo que todas las que tenemos hijas las hemos sorprendido embarrándose con nuestros maquillajes y poniéndose nuestros zapatos. ¡Guardo hasta fotos de eso! Siempre llega el día que se antojan de maquillarnos y peinarnos y nos dejan como payasitas.

No puede faltar ir de compras. Cuando Sofía Valentina era pequeña no me gustaba llevarla a las tiendas porque se escondía o se portaba mal. Ahora que es más grande es diferente. Según fue creciendo comenzó a hacerse divertido porque empezaba a medirse cosas y a hacer monerías. Ahora que tiene nueve años es casi como ir de compras con una amiga, ya que nuestros gustos se asemejan y nos criticamos la una a la otra.

Otra actividad de madre e hija que me encanta es leer cuentos y charlar a la hora de dormir. Ese momento de comunicación íntima es bien bonito y suele ser revelador, si de conversaciones se trata. Otras veces es un rato de risas si ella me cuenta chistes, si la molesto por algo o le hago cosquillas.

En conclusión, aprovechar cada momento para compartir de madre a hija no solo es necesario, sino que redunda en experiencias únicas de desarrollo, aprendizaje y unión. ¡Hagámoslo!

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PROTEJAMOS A NUESTROS NIÑOS DE LOS PELIGROS DE INTERNET

En la época en que estamos viviendo, a temprana edad, nuestros hijos tienen acceso a una tableta, un teléfono inteligente o un ordenador con acceso a Internet. Sabemos que la red es una fuente inagotable de información y entretenimiento, así que en lugar de prohibirles que la utilicen, debemos supervisar el acceso al contenido que ven. Su seguridad es nuestra responsabilidad.

La tableta o el móvil no puede hacer la función de niñera ni sustituye que juguemos con ellos. No obstante, hay muchas aplicaciones educativas y de entrenamiento que pueden usar a través de ellos. Lo importante es que su uso sea supervisado y moderado por un adulto responsable.

Los padres tenemos que conocer las aplicaciones que nuestros hijos instalan y supervisar este proceso. Es importante conocer sus funciones y el uso que les pueden dar. Existen herramientas que podemos utilizar para autorizar o desautorizar la descarga de las aplicaciones. Para más seguridad es recomendable que intervengamos en ese proceso en todo momento.

Si comprobamos la fiabilidad de las aplicaciones podemos tener más control y evitar que la descarga de algún juego bajado desde Internet, pueda ser la puerta de entrada de  ciberdelincuentes. Es nuestra responsabilidad controlar la información personal que se requiera que nuestros hijos puedan compartir.

En la medida que van creciendo y accediendo a aplicaciones que pueden usar para comunicarse con otros, es imprescindible hacerles ver los riesgos que conlleva facilitar información o contactar con extraños. Nuestros hijos deben entender que de la misma forma que desconfían de extraños en escenarios reales de persona a persona, deben hacerlo a través de Internet.

Los adultos somos quienes autorizamos que nuestros hijos interactúen en redes sociales. No hay una edad establecida para conceder este permiso, no obstante, los expertos recomiendan que menores de 16 años no tengan perfiles en redes sociales. En el momento que nuestros hijos tengan algún perfil social debemos estar pendiente de cómo se desenvuelven en las mismas, ya que muchas de sus acciones pueden acarrear consecuencias. 

Lo recomendable es que exista confianza entre padres e hijos y que no haya secretos, pero si esto falla, por su seguridad, tenemos que estar alertas, administrar y responsabilizarnos de la configuración y los controles de privacidad que tenga la cuenta de nuestro hijo. Es mejor un hijo enojado que uno expuesto a los peligros de Internet. Protegerlos es nuestra misión.

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CÓMO EVITAR UNA EDUCACIÓN SEXISTA

La educación sexista es más común de lo que pensamos. Empieza con simples detalles como asignar sexo a los colores y regalar juguetes diferentes a los niños y a las niñas. Aunque muchos puedan pensar que esto es algo natural e inofensivo, no lo es. Si queremos evitar actitudes discriminatorias y violencia de género, debemos educar para la igualdad. Podemos comenzar en casa.

Cosas rutinarias, como las tareas del hogar, deben ser distribuidas entre ambos sexos. Los varones pueden hacer labores como fregar y barrer y las hembras, a su vez, lavar el carro, cambiar una bombilla, por ejemplo. Si se trata de una familia monoparental, como la mía, en la que las dos somos féminas, también podemos educar con una base en la igualdad de género. Cuando no hay presencia del sexo opuesto, podemos hablar al respecto e instruir a través de libros, películas, etc.

La expresión de los sentimientos debe percibirse como lo que es, algo natural e individual que nada tiene que ver con el sexo. En el siglo XXI aún hay padres y madres que critican a sus hijos si lloran en público, pero no a sus hijas. Llorar y reír es lo mismo porque son emociones. De modo que esa actitud castrante de que los nenes no deben llorar en público, debe erradicarse totalmente. Nosotros debemos expresar nuestros sentimientos libremente y fomentar que nuestros hijos así lo hagan.

Otro punto importante que debemos tener presente es el lenguaje sexista. Muchas veces se pueden hacer comentarios de este tipo o usar palabras despectivas sobre el otro sexo, sin tener plena conciencia de ello. Por eso debemos ser muy cuidadosos con lo que expresamos. Comentarios como: “no aceptaron a la nena en el equipo de futbol porque es muy débil…” o “ese es el único nene en la clase de danza…” Mensajes como estos están cargados de estereotipos y prejuicios que nuestros hijos pueden terminar imitando.

Las actividades extracurriculares que elijamos para ellos, deben ser las que más les apasionen. Recordemos que el niño y la niña son igualmente capaces de desempeñarse en diversas acciones. Una niña puede realizar actividades físicas como un varón y un niño puede realizar actividades pasivas como una niña. La única diferencia entre una cosa u otra, es el impulso del corazón. Y ese ímpetu es asexual.

Al momento de jugar debemos promover que todos puedan usar libremente los juguetes y no separárselos como si tuvieran que cumplir con unos roles de acuerdo al sexo. El juego es un espacio de creatividad y de aprendizaje.

Si no queremos que nuestros hijos formen parte de las estadísticas de individuos que presentan actitudes sexistas, eduquemos para la igualdad. El sexismo es real y conduce a la violencia. No queremos ser padres de víctimas ni de victimarios. Pensemos antes de hablar. Eduquemos con el ejemplo.

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EQUIVOCADO AMOR

El amor equivocado es el que a veces profesamos por nuestros hijos cuando en nombre de este, cometemos errores al criar. Debemos recordar que no podemos vivir a través de nuestros hijos. Decir que los amamos y que queremos lo mejor para ellos es una cosa, pero otra muy distinta es obligarlos a seguir nuestros sueños. Nuestros hijos tienen sus propias vidas y deben tomar sus propias decisiones.  El amor no es egoísta. Nos corresponde alentar sus sueños y apoyarlos en sus decisiones de lo que quieran ser en su vida.

Tampoco debemos olvidar lo que significa ser niños. Como padres podemos cometer el error de pretender que se comporten como adultos. Sin embargo, deben disfrutar de su infancia y, sobre todo, del juego, porque este es su principal herramienta de aprendizaje. Para los niños, jugar no es un privilegio, es un derecho. Y nuestro amor incondicional debe honrar ese derecho.

No podemos equivocarnos con las palabras y el ejemplo. No es un secreto que lo que modelemos prevalecerá. Podemos darles muchas lecciones sobre cómo vivir, pero lo que más recordarán es la forma en que lo hicimos. Nuestros actos prevalecerán. Somos sus modelos.

Ser amigo de nuestros hijos es una forma equivocada de amar. Claro que queremos ganarnos su confianza, pero no puede ser convirtiéndonos en sus amigos, porque es fundamental que los niños aprendan a respetarnos y obedecernos. Si nos ven como sus amigos, nos verán como sus iguales y eso puede conducirnos a un estilo educativo permisivo que no será beneficioso para nuestros hijos. Por supuesto que la complicidad es importante, no obstante, hay que encontrar el punto medio entre la figura de autoridad que representamos y la confianza que se necesita para crear una buena relación.

Recordemos que nuestros hijos no son perfectos porque nadie lo es. No seamos ciegos. Nuestros críos tienen defectos, cometen errores y no siempre actúan con buena intención. Aceptarlos como son es la base de su autoestima, pero esto no se traduce en dar por bueno todo lo que hacen. Consentir incondicionalmente a los niños significa no condicionar nuestro amor a sus éxitos y fracasos. Sin embargo, es esencial enseñarlos a que sigan normas y reglas que les permitan convivir en sociedad.

Un amor equivocado es capaz de matar con las palabras. Si hay algo poderoso son las palabras. Pueden salvar o pueden tronchar una vida.  Como padres responsables y amorosos debemos saber escoger las palabras que le decimos a nuestros hijos. Una broma de mal gusto o una palabra con ira podría causar una herida permanente. Cada palabra debe ser dicha con amor.

Si criamos hijos dependientes, también nos equivocamos. Nos corresponde delegar responsabilidades desde que los niños son pequeños. Su futuro exitoso depende de eso. Si le resolvemos todo en la vida, se sentirán incapaces al momento de tomar decisiones y de enfrentar los desafíos de la vida. La dependencia es un error que podemos cometer en nombre del amor. Pero tenemos que evitarlo para lograr que nuestros hijos gocen de un espíritu emprendedor y sean personas autosuficientes.

Definitivamente, criar bien a nuestros hijos es el mejor regalo que podemos darle, es la forma correcta de amarlos.  

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QUIÉN CUIDA A MAMI

Las madres podemos ser expertas en cuidar a nuestros hijos. Solemos detectar cualquier anomalía y preocupemos mucho.  Llevamos a los críos a sus citas periódicas con el pediatra, el dentista, las vacunas, etcétera. Pero cuando se trata de nosotras, ¿quién nos cuida? Buena pregunta…

Pensamos que somos infalibles y que los cuidados preventivos pueden ser una pérdida de tiempo. Si sentimos algún malestar lo resolvemos con una aspirina o algún remedio casero. Sin embargo, si Mami no cuida de ella, ¿quién lo hará?

Debemos ocuparnos de nosotras y realizar los chequeos preventivos que los médicos recomiendan porque queremos gozar de buena salud. Si como yo, quieres llegar a la vejez y tener una buena calidad de vida, tenemos que cuidarnos ahora.

Como mujeres y madres, somos responsables de seguir recomendaciones generales como: visitar al ginecólogo para los chequeos rutinarios y preventivos. Por ejemplo: el examen que diagnostica el cáncer cervicouterino, la mamografía y sonomamografía, la prueba de analítica hormonal y el estudio de densidad mineral ósea.  Es importante hacernos todos estos exámenes una vez al año.

También es necesario mantenernos activas practicando algún tipo de ejercicio, ya que el ejercicio regular es una medida preventiva eficaz para más de 25 condiciones crónicas médicas, incluidas la enfermedad cardiovascular y la mortalidad prematura. La actividad física suele ser  un antidepresivo y antiestrés por las endorfinas que libera el cerebro y que producen sensación de bienestar y alegría. El ejercicio regular puede ayudarnos a controlar el peso, fortalecer los huesos y luchar contra la osteoporosis.

Para cuidarnos a nosotras mismas debemos alimentarnos de forma saludable. Una buena nutrición significa que nuestro cuerpo obtiene todos los nutrientes, vitaminas y minerales que necesita para funcionar correctamente. Las necesidades dietéticas de nosotras son especificas debido a nuestra fisiología, y deben adaptarse a cada una de las diferentes etapas de nuestra vida. Atendamos nuestra alimentación.

Como cuidar a Mami depende de nosotras, hemos de prestar atención a la salud mental y mantener una perfecta armonía entre la mente y el cuerpo. Para contribuir a ello es significativo dormir bien, minimizar el estrés y evitar los estilos de vida que puedan dañar nuestra salud, como el abuso del alcohol y otras sustancias. También es recomendable sacar tiempo para nosotras, distraernos, mimarnos, charlar con amigos o algún especialista médico, si es necesario.

¿Quién cuida a Mami? Mami se cuida a sí misma porque quiere ver sus hijos crecer, disfrutar de la adultez y llegar a la vejez en las mejores condiciones que sea posible. Mami quiere valerse por sí misma y no tener que ser una carga para otros. Yo soy madre de una sola hija que ahora tiene 9 años y dice que me va a cuidar cuando esté vieja. Sin embargo, ni pienso ni quiero eso. Lo que deseo es que ella tenga una vida plena y poder disfrutar verla realizarle. Quiero llegar a mi vejez independiente, autosuficiente y llena de alegría. Por eso Mami debe cuidarse, hoy yo empecé. ¿Y tú?

 

 

 

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QUEDA BIEN CONTIGO

Hace poco leí unas palabras que decían: “Es necesario reivindicar los hechos de la propia vida para convertirse en uno mismo”, Anne-Wilson Schaef. He meditado en ellas en la búsqueda de nuevos proyectos de realización personal. Me parece importante hacer una introspección antes de una planificación. Muchas veces nos desenfocamos y buscamos quedar bien con los demás traicionándonos a nosotros mismos. Pues bien, hoy se trata de quedar bien contigo…

¿Quién eres? ¿Qué deseas? ¿Qué te gusta? ¿A dónde quieres llegar? Son algunas de las preguntas que debemos hacernos y respondernos honestamente, mirándonos al espejo, de tú a tú. Es cierto que vivimos en sociedad, pero también tenemos que ser conscientes del gran regalo que es nuestra vida y que es nuestra responsabilidad cada paso que damos. Antes de quedar bien con la familia, los vecinos, los amigos, el trabajo, la escuela…, queda bien contigo. Si no quedamos bien con nosotros mismos, al final, no quedamos bien con nadie. Parece fácil, pero el verdadero reto es ese.

Creo que uno de los propósitos de nuestra existencia es buscar ser mejor cada día. Porque mientras más plenos y felices seamos, más luz irradiaremos a los demás. Y, en consecuencia, mejor será nuestra convivencia y seremos un buen modelo para nuestros hijos. Mi hija, por ejemplo, es un reflejo mío, de lo bueno y de lo que tengo que mejorar (que es mucho). Es muy difícil explicar con palabras aquello que contradice mis acciones. Por lo tanto, tengo que corregirme primero y modelarle una mejor versión de mí.

¡Qué difícil! Algo desventajado cuando se trata de una familia de dos porque el círculo es muy pequeño. No obstante, con los aciertos y desaciertos he comprendido que tengo que quedar bien conmigo. Cuando me siento plena, feliz y realizada, soy mejor persona, mejor madre, mejor modelo. Cuando trato de cumplir con todas las exigencias sociales y renuncio a mi voluntad (directa o indirectamente), me vuelvo huraña, malhumorada y apática. Esas emociones son energías negativas que opacan mi luz. No debo permitirlas.

Así que este año, luego de unas vacaciones, un buen descanso y mucha reflexión, tengo el firme propósito de quedar bien conmigo. Lo que implica mucho trabajo con mi ser. Algo dificultoso. Sin embargo, estoy segura de que si empleo más tiempo en mi bienestar seré mejor persona, mejor madre, mejor modelo para mi cría.

No puedo evitar que mi hija me imite, pero sí puedo ocuparme de que lo que repita sea lo mejor. Quiero que me escuche decretar afirmaciones positivas que impliquen abundancia y la realización de proyectos que tengan impacto positivo en otros seres. Quiero que ella vea que es transcendental ocuparse de una, verse y sentirse bien, esparcir alegría, ser responsable, cumplir con una misma. De este modo y según siga madurando, comprenderá que ella es responsable de sí y que, aunque es natural preocuparse, el compromiso debe ser, ocuparse.

Hoy comienzo con algo aparentemente trivial: me vestiré y me arreglaré para mí, para sentirme bien, para quedar bien conmigo y de ahí… hacia adelante. De lo simple a lo complejo.

 

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PEDALEA, NENA, PEDALEA

A veces sucesos triviales nos llevan a reflexionar sobre asuntos verdaderamente importantes. Mi hija, Sofía Valentina, recibió como regalo de un rey mago, una bicicleta. Ella es una niña bastante activa y arriesgada, pero esta es su primera vez en una bici más grande y de solo dos ruedas. Así que el rey mago y yo la llevamos a practicar. Al principio le dio un ataque de risa y si se asustaba soltaba la bicicleta, pero pronto hizo balance y le fue mejor.

Lo interesante fue que cuando le decíamos que ella podía lo tomaba a la ligera y se desbalanceaba, dejaba de pedalear y se caía. Cuando nos cansamos de su pobre empeño le dijimos que guardaríamos la bici, que estaba bien para ser la primera vez y que no podíamos pedirle que hiciera lo que no podía, entonces, cambió de actitud, totalmente. “¡Yo puedo!”, dijo.

Se afincó en la bicicleta, comenzó a tararear y a pedalear con su vista justo frente al camino. En un abrir y cerrar de ojos se estaba alejando y pedaleando como si fuera casi una experta. Entre tarareo y pedaleo, tomó control y recorrió el camino hasta alejarse del alcance de nuestros ojos. Y al final, nos reprochó que pensáramos que ella no podía porque sí pudo. “Esa es la actitud que debes tomar ante todo en la vida”, le dije. “Cada vez que te digan que no puedes, haz lo contrario”, añadí.

Luego me quedé pensando, reflexionado… La vida es como una bicicleta a la que nos subimos… A veces nos da un ataque de risa, nos asustamos, nos tiramos de ella, nos golpeamos y no nos queremos volver a subir. Otras veces, fijamos la vista en el sendero, tarareamos, pedaleamos y avanzamos. A algunas personas los alienta el refuerzo positivo, a otras, por el contrario, que los subestimen.

Yo, por ejemplo, he estado en todas estas fases. Incluso he dejado mi bicicleta estática por largo tiempo y hasta me he atrevido a decir que no la sé correr. No le he mentido a nadie, sino a mí misma porque me aterra subirme a ella, desenfocarme, caerme y estropearme como tantas veces me ha pasado. Por eso me enorgullece que mi hija sea valiente, ¡hace tanto honor a su nombre! Por mi parte, debo emular a mi abuela. ¡Esa sí que ha corrido bicicleta! Tiene 90 años, se queja de las rodillas, pero no deja de pedalear, aunque le duelan.

Tengo trabajo que hacer. Este año debo correr más bicicleta y decirme a mí misma: “Pedalea, nena, pedalea”.  Si mi hija de 9 años puede hacerlo y mi abuela de 90, sigue pedaleando, no tengo excusas para dejar mi bici estacionada. Si mis rodillas son más jóvenes que las de abuela, debo poder pedalear, tengo que hacerlo. Anoche recibí esta lección, porque mi hija también es mi maestra, pero que no lo sepa, hagan silencio…

Tomemos control de nuestras bicicletas, pongámonos el casco, saquémoslas al pedregal y avancemos un poco a ver qué pasa.

 

 

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EL MEJOR ALIMENTO PARA EL ESPÍRITU

A maestra Mayra

Según Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura y autor de Nunca me abandones, el arte es la manera de materializar todo lo que se lleva dentro, es el mejor alimento para un espíritu en construcción. Como madre, deseo que mi hija goce de una educación universal e íntegra y, para ello, las bellas artes ocupan un papel crucial.

Se ha demostrado científicamente que el estudio de las bellas artes, desde temprana edad, cultiva en el ser humano una sensibilidad que lo lleva a desarrollar una ética muy sólida en su adultez. En un artículo publicado en el periódico El Universal, se explica que el arte es una de las manifestaciones más elevadas de la actividad humana.

Por ejemplo: el dibujo y la pintura constituyen un proceso complejo en el que los niños reúnen diversos elementos de su experiencia para formar un todo con un nuevo significado. La música, les permite tener una mejor concentración.  La literatura desarrolla el pensamiento y el lenguaje. El teatro, estimula la integración en conjunto a través del juego dramático y desarrolla el vínculo y la confianza personal. La danza promueve el trabajo en equipo y la invariable toma de conciencia para la ganancia de valores como la solidaridad, el respeto por la diversidad, la tolerancia, la cooperación y la valoración de la propia identidad.

El estudio de las bellas artes logra lo siguiente:

  • Enseña a los niños a ser más condescendientes
  • Permite que se expresen en forma creativa
  • Promueve el compromiso individual y colectivo
  • Aumenta la seguridad en sí mismos
  • Mejora el aprovechamiento académico
  • Ayuda a mejorar los esquemas de memoria y las organizaciones del pensamiento
  • Contribuye a desarrollar el contenido perceptivo analítico
  • Permite divisar y dirigir el mundo desde un punto de vista ético y estético

Como vemos, son muchos los beneficios de la educación en las bellas artes. Sin embargo, a menos que no se trate de una escuela especializada, los colegios privados y las escuelas públicas, no cuentan con un currículo satisfactorio en esta área. No obstante, las bellas artes son tan significativas como las materias básicas. Así que debemos educar con el ejemplo. Si nuestros hijos ven que valoramos el arte, ellos también lo apreciarán. Además, podemos buscar alternativas extracurriculares que cumplan con tan trascendental formación.

En mi caso, mi hija, desde pequeña, ha tomado clases de ballet clásico y principios de flamenco. Pero recientemente, tuve la maravillosa oportunidad de matricularla en un taller de danza, música, dibujo y poesía. Fue una experiencia extraordinaria. Un pequeño grupo de niños junto a unos talentosos maestros, estuvieron en contacto con estas bellas artes y culminaron el taller con la creación de un libro de poesía y dibujo. Además, presentaron un espectáculo en el que demostraron su apreciación y talento artístico. Niños entre 5 y 9 años recibieron el mejor alimento para el espíritu, y lo compartieron libremente y con amor. Promovamos la educación artística y formaremos una mejor conciencia colectiva.

P. D. Felicito a maestra Mayra y a los colaboradores de Aprodanza de Puerto Rico, por exponer a los niños a tan bonita experiencia.

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EL ÚNICO EXCESO RECOMENDABLE

El único exceso recomendable es el de dar gracias. Cuando estamos agradecidos no tenemos lugar para las quejas, los lamentos, las frustraciones, mucho menos, para el rencor y la tristeza. Esta importante lección de vida no se aprende de un día para otro. A unos nos toma más tiempo que a otros. A mí, por ejemplo, me ha tomado años y aún trabajo en eso cuando lo olvido.

Lo cierto es que mientras más agradecidos somos más energías positivas atraemos a nuestra vida. Interesantemente, está comprobado que las personas gratificadas viven más y son más felices porque este sentimiento abre la puerta a la prosperidad y a la abundancia. Además, según estudios publicados por universidades y medios noticiosos, las personas agradecidas duermen mejor y se sienten bien al despertar, tienen más fortaleza mental, una mejor salud cardíaca y hasta una reducción en la ingesta de grasa.

Dar gracias no es labor de un solo día, es el secreto del bienestar de nuestras vidas. Si damos gratitudes constantemente tendremos amenos resultados porque el Universo sabrá que estamos listos para salir de donde estamos y llegar a un lugar mejor.

Hace poco comprendí que en lugar de lamentarme porque mis padres murieron debo agradecer cuánto me amaron y las herramientas que me dieron para salir adelante. Desde que hice este cambio de “canal mental”, cuando los recuerdo, (que es diariamente), siento menos coraje y más paz. Me ha tomado nueve años lidiar con esta perdida, los reproches y la culpa, pero durante estos tiempos he aprendido a caminar como si hubiera vuelto a nacer: paso a paso.

Agradezco al Universo la influencia positiva que han logrado en mí las personas que me han guiado este sendero de descubrimiento. Hoy estoy mejor que hace unos años y dentro de varios años más, estaré en un peldaño más alto. “Se hace camino al andar…”, como escribió el poeta Antonio Machado.

Con la clara convicción de agradecer lo que por gracia he recibido, invité a mi hija a que hiciera una lista de 10 cosas que gratificaba y también hice lo propio e intercambiamos listas. Concurrimos en que agradecemos al Universo por nuestras vidas, la salud, nuestros padres, tener una mascota, un techo, comida en nuestra mesa, disfrutar del amor, los amigos y la familia. Yo, por mi parte, igualmente reconozco tener un trabajo que disfruto y me permite sustentar un hogar. Asimismo, compenso al Universo por el regalo y el reto que significa para mí ser madre de Sofía Valentina. Y, por supuesto, gratifico las experiencias vividas…