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MEJORES AMIGAS

Según mi hija crece veo cómo evoluciona el día de San Valentín para ella. En la etapa en la que está tiene más importancia el amor de “mejores amigas”. A parte del clásico intercambio de dulces con sus compañeros de clase, busca un regalo especial para su mejor amiga. Debo admitir que me place que celebre la amistad de esa manera, ya que las amigas son la familia que una escoge y pueden ser para toda la vida.

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Honrar la amistad es un acto de amor de todos los días y hay muchos valores que podemos fomentar con la misma. Cuando se es amigo verdaderamente se es leal, sincero, compasivo, solidario, comunicativo, agradecido, entre otras cosas. Por lo tanto, avivar la amistad entre nuestros hijos y sus pares resulta trascendental.

Durante la preadolescencia las madres no somos las mejores amigas de nuestras hijas, pero que eso no nos quite el sueño porque ser madres supera cualquier cosa y somos las que estaremos día a día, durante toda su existencia. Nuestro lugar ahora es ser sus cómplices para buscar ese detalle especial con el que le dirán a su amiga lo importante que es para ella. Debe ser un presente auténtico que refleje el valor y no el costo. Digo esto porque es imprescindible que aprendan que el valor y el costo son dos cosas distintas y la amistad es un valor, sobre cualquier otra cosa.

Roguemos que la vida sea generosa y les permita a nuestros hijos cosechar las virtudes de la amistad, como nos lo ha permitido a nosotros. Los dejo con este breve cuento anónimo de origen árabe que bien muestra la verdadera amistad.

“Amigos”

Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

“Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

“Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”.

Intrigado, el amigo preguntó:

-¿Por qué, después que te lastimé, escribiste en la arena, y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

P. D. Cuento tomado de biblioteca digital de ciudadseva. Imagen de las niñas cortesía de Pixabay. Recuerda visitar mi tienda para que encuentres un detalle especial creado pensando en ti: https://www.zazzle.com/store/solteraconcompromiso

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POPULARIDAD VS AUTORIDAD: ¿QUIÉNES SON LOS “INFLUENCERS”?

¿Te ha pasado que tu hijo o hija preadolescente de pronto comienza a hablar y a vestirse diferente? ¿Te ha pedido que lo lleves a comprar una camiseta, una gorra o un libro de su yutúber favorito? ¿Sabes a qué edad nuestros hijos son vulnerables a los “influencers”?

Según Elena Bragado, directora general de la Fundación Alia2, que promueve la educación en Internet y las redes sociales desde etapas tempranas, los niños a partir de los 10 años se vuelven sensibles al fenómeno de los distintos “influencers” que conocen a través de plataformas como Youtube e Instagram, entre otras.

Es importante que sepamos que durante la preadolescencia Mami o Papi comenzamos a dejar de ser la autoridad y la figura a seguir. Somos suplantados por los “influencers” que nuestros hijos siguen o imitan, aun sin reconocerlo. ¿Por qué? Porque apelan a sus intereses, les hablan de tú a tú, enriquecen sus contenidos con imágenes y videos y existen “influencers” de todo lo que a nuestros hijos les puede interesar.

¿Es esto negativo? No necesariamente, pero tenemos que estar alertas porque como bien afirma el profesor José Luis Orihuela, de la Universidad de Navarra y especialista en la comunicación digital, uno de los aspectos más destacados y preocupantes es que la capacidad de influir ha dejado de estar sustentada por el conocimiento experto de una autoridad y se funda en la popularidad que las redes otorgan a personas engrandecidas por sus propias comunidades de seguidores.

¿Qué podemos hacer como padres responsables? Estar pendientes y conocer a quiénes siguen nuestros hijos y cuál es el contenido que publican estos “influencers”. Explicarles la diferencia entre alguien que se expresa sobre un tema porque es popular y alguien que habla de un asunto porque es un experto en la materia. Bragado recomienda, además, que conversemos con los chicos sobre la diferencia entre lo que se proyecta y lo que realmente es la persona detrás de su cámara.

Esta responsabilidad recae sobre nosotros como padres, ya que en la escuela no existe una educación formal sobre redes sociales y, sin embargo, la generación actual pasa muchas horas conectado a Internet. Por otro lado, lo que no conocen de primera mano lo saben a través de sus pares y luego van y lo investigan por su cuenta. De modo que no podemos quedarnos rezagados. Tenemos que estar más al día que ellos y dejarles saber que por el hecho de que puedan pasar mucho tiempo en la red, no significa (ni remotamente) que saben más que nosotros.

Cada vez que nuestro preadolescente nos mencione un “influencers” nuevo, tenemos que apresurarnos a investigar quién es y conocer de primera mano el contenido que comparten. Así podremos saber si esa influencia es buena para ellos o si debemos redirigirla.  El universo de Internet es infinito. Hay cosas buenas para nosotros y también para nuestros retoños. Y por supuesto, recordemos que, aunque tal vez hoy menos que ayer, nos siguen observando… Y a lo largo de sus vidas somos sus verdaderos “influencers” porque quizá no tengamos mucha popularidad, pero sí autoridad.

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AGÁRRALA POR LOS CUERNOS

¿Qué si estoy ansiosa? No…, solo siento algo de presión en el pecho, a veces respiro con dificultad, no estoy durmiendo bien en estos días y me preocupa que mi hija va a regresar a la escuela. Pero esto no es ansiedad, es muy normal… Seguramente muchas madres en Puerto Rico están sintiendo lo que yo, ahora. Tras los constantes sismos que estamos viviendo en estos días, es perfectamente entendible que nos sintamos inquietas. Lo verdaderamente importante es que lo aceptemos y agarremos a la ansiedad por los cuernos.

Empecemos reconociéndola, como estoy haciendo ahora. ¡Sí, sí, carajo, estoy bien ansiosa! El hecho de que mi hija empieza la escuela me causa punzadas en el pecho.  En todos los temblores de tierra que he sentido ella ha estado conmigo y la idea de que ocurra otro mientras esté en la escuela, me aflige.  Ya está, lo reconozco.

Ahora bien, ¿qué puedo o podemos hacer? Empezar a calmarnos. Asegurémonos de que la escuela a la que van nuestros hijos haya sido debidamente inspeccionada y que cumpla con los estándares de seguridad. Confirmemos que la administración escolar tenga un plan de emergencia bien estructurado y que tanto el personal como los niños lo conozcan y estén preparados para seguirlo.

Una vez hecho esto nos queda trabajar en nosotras. He estado leyendo mucho para tratar de tranquilizarme. Mi hija ya ha percibido mi ansiedad y eso no ayuda, si trasmitimos nuestra angustia la situación empeora. Así que voy a compartir lo que me está ayudando. En un artículo que escribió Cristina Martín García citó al presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, Antonio Cano Vindel, quien ofreció excelentes recomendaciones para reconocer y trabajar con la ansiedad.

Cano recomienda que seamos realistas y no magnifiquemos la ansiedad reinterpretando la amenaza de forma menos grave. Aconseja la siguiente práctica: Primero nos invita a razonar sobre si la posibilidad de que ocurra lo peor es tan grande. Luego, a que reflexionemos en cuanto a si ocurriese lo peor eso sería tan grave y por último a poner atención en los problemas solo cuando se pueda hacer algo. Ante estas recomendaciones no nos queda otra cosa que seguir la vida normal y atender las situaciones según se presenten. La posibilidad de que ocurra un sismo cuando nuestros hijos estén en la escuela, existe, pero angustiarnos de antemano solo nubla nuestros pensamientos y perturba nuestro corazón. No resuelve nada.

¿Qué podemos hacer? Instruirnos y relajarnos. Debemos estar informadas y orientar a nuestros hijos sobre qué hacer y cómo mantener la calma en caso de que ocurra una emergencia. Distraer la mente ayuda mucho. A mí me relaja caminar al aire libre, repetir mantras u oraciones y usar algunas técnicas de relajación a través de la respiración. Identifica qué funciona para ti y ponlo en práctica. Agarremos a la ansiedad por los cuernos para dominarla.

Decretemos: Todo está en perfecto orden.

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DESTETE DE FORMA NATURAL

Una de las preguntas que debes hacerte, como madre primeriza, es hasta cuándo debes alimentar a tu pequeño con leche materna y cuándo puedes comenzar a introducir comida sólida. La recomendación de la mayoría de las asociaciones de pediatría (AAP) es que el infante sea lactado por los primeros seis meses, de modo que reciba los nutrientes necesarios para su crecimiento. Pasado este término, su lactancia puede ir acompañada de una alimentación complementaria como el Baby Led Weaning.  

¿De qué se trata?  

Baby Led Weaning es un método para alimentar, completamente natural,  que se basa en sustituir los purés administrados con cuchara por alimentos  enteros que el niño seacapaz de coger y llevarse a la bocaEste método, también conocido como “Destete dirigido por el bebé”, sugiere que, para comenzar, ofrezcas a tu lactante comidas blandas como verduras cocidas, pescado sin espinas en pedazos pequeños, frutas y otros alimentos que recomiende su pediatra. 

Seguramente te preguntarás si tu infante debe cumplir con algún requisito para iniciar con este método. Definitivamente sí. Además de llevar seis meses bajo la lactancia materna, los pediatras indican que el bebé debe poder sentarse, tener una buena coordinación con las manos y realizar movimientos masticatorios. Si tu hijo cumple estos requisitos, el momento ha llegado. Tanto él como tú, se beneficiarán. 

¿Qué ventajas tiene?  

Con este método podrás acompañar la lactancia con la introducción de los mismos alimentos que prepares para el resto de la familia. Claro, deberás adaptarlos en tamaño y forma para que el lactante pueda agarrarlos. Al principio debes darles poca cantidad. Notarás que jugarán y experimentarán con las texturas y los sabores. Sin embargo, poco a poco irán comiendo más y necesitarán menos leche materna hasta que se produzca el destete de forma natural. Según los psicólogos, si el destete se da de esta manera, los pequeños se beneficiarán emocionalmente ya que la separación se producirá sin angustias.  

Si decides utilizar el método Baby Led Weaningtú y tu bebépodrán beneficiarse de la promoción de buenos hábitos alimenticios, siempre y cuando sigas una dieta saludable. Además, este método ayudará a que el propio infante muestre señales de saciedad y hambre de modo que demande la alimentación que realmente necesita. También estarás fomentando su desarrollo sicomotor ya que el niño tocará, cogerá y masticará sus alimentos. Por otro lado, este método previene la obesidad porque evitará el exceso calórico de los purés y otros alimentos triturados.  

¿Es seguro?  

Sí, lo es. No obstante, el método Baby Led Weaning requiere que el infante esté, en todo momento, supervisado por un adulto para evitar un posible atragantamiento. Además, la recomendación de las asociaciones de pediatría es que continúes con la lactancia hasta los dos años y que vigiles que los alimentos aporten suficiente hierro y energía. Si reúnes los requerimientos, apoya el destete de forma natural.


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FORMAS ERRÓNEAS DE SER MADRE

Pensamos que todas las mujeres podemos ser buenas madres y que somos incapaces de equivocarnos, pero no es verdad. A veces no atendemos situaciones que nos podrían conducir a formas erróneas de ser madres.

Veamos algunos ejemplos:

  • La enojada es la que habla mal de todo el mundo ante sus hijos. “De la abundancia del corazón habla la boca”, debemos evitar el enojo y no chismear de la familia, los vecinos, los amigos, etc. No salpiquemos con nuestro enojo a los demás.
  • La negativa siempre trasmite resentimientos en lugar de dejar que los hijos hagan sus propios juicios. La palabra es poderosa y si lo que profesamos está cargado de negatividad, eso será lo que atraeremos. Hablemos de forma positiva y evitemos juzgar a otros.
  • La mártir es la que sufre sin parar y les cuenta sus pesares a sus hijos con el fin de hacerlos culpables por sus sufrimientos. Solo busca que ellos sean sumisos y obedientes en todo momento. Las amarguras personales no deben ser trasmitidas a nuestros hijos.
  • La que todo lo hace por el bien de los hijos comete el error de querer que sus críos sean como ellas desean en lugar de verlos felices. En estos casos, los hijos podrían aceptar el maltrato pensando que ellas lo hacen por su bien. No podemos olvidar que la vida de nuestros hijos le pertenece a ellos y su felicidad es lo más importante.
  • La de mensajes ambiguos es capaz de lacerar la autoestima de sus hijos y al mismo tiempo les dice que los ama. Creen que los hijos no pueden hacer nada por sí mismos, porque ellas están para resolverles la vida. Inutilizar a nuestros hijos por un lado y por el otro enaltecer nuestro amor por ellos, es un mensaje ambiguo que debemos evitar.
  • La mamá tarántula cree que los hijos son una extensión de sí misma.  Es asfixiante, quiere ser parte de todo y vivir a través de ellos. Si sus hijos están independizados llama todo el tiempo, sin justa causa. Evitemos vivir la vida de nuestros descendientes porque ya tenemos la propia y si no nos gusta, podemos cambiarla.
  • La frustrada es la que no sabe identificar las necesidades de sus hijos y los cría totalmente dependientes. Prefiere que ellos no se independicen y que aun adultos vivan con ellas. No debemos cortar sus alas, sino enseñarles a volar y dejarlos libres.
  • La eterna madre tiene miedo de quedarse sola. Esa siempre está cuidando de sus hijos y alimentándolos, aunque sean adultos y tengan pareja. Una madre así solo se vuelve molesta y hace daño a la relación de pareja que su hijo tenga.

Si queremos ser buenas madres debemos evitar cometer estos errores porque le haríamos daño a nuestros hijos. Una madre que de verdad ama, cuida, confía y otorga, a sus proles, no solo guía, sino reconocimiento y libertad. Tenemos que permitir que nuestros hijos crezcan y se desarrollen. Un día los críos habrán de marcharse y eso no significa que el vínculo se termina; jamás debemos sacrificar su felicidad. Seamos capaces de vivir nuestra vida como mujeres independientes, autosuficientes y felices.

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PREVENIR ES PROTEGER

Una de las constantes preocupaciones que tenemos las madres es proteger a nuestros hijos de posibles abusos sexuales. No hay una fórmula infalible, pero prevenir es proteger. Los especialistas en esta área tienen buenas recomendaciones para nosotras. Una de ellas es mantenernos involucradas en la vida de nuestros hijos. Es importante que mostremos interés en sus vidas cotidianas conversando con ellos sobre cómo les fue en el día y con cuáles personas compartieron. Si no conocemos a los niños y adultos que comparten con ellos cuando están en la escuela o en otros lugares, debemos procurar conocerlos y hablar con nuestros hijos sobre ellos. También es nuestra responsabilidad escoger cuidadosamente a las personas que cuidarán de nuestros críos, conocerlos y mantener una buena comunicación con ellos.

Otra recomendación es hablar sobre los incidentes de violencia sexual que se divulguen en los medios noticiosos. De esta forma, podemos preguntarles a nuestros niños qué saben de este particular, prevenirlos sobre el asunto y motivarles a conversar sobre el tema, de modo que se sientan en confianza y puedan compartir con nosotras cualquier inquietud sobre ellos u otro niño que conozcan. Si nuestros hijos saben que su voz será escuchada y tomada en serio, sentirán la confianza de hablar valientemente cuando algo no esté bien.

Debemos enseñarles a los pequeños que hay límites. Que nadie tiene derecho de tocarlos ni hacerlos sentir incómodos y que ellos tampoco pueden hacerle esto a otros niños o a cualquier otra persona. Es necesario que les enseñemos a hablar sobre su cuerpo y que los orientemos sobre los cambios que experimentarán. Tenemos que hacerles saber que pueden hablar con nosotras sobre cualquier cosa que les preocupe o les incomode, de su cuerpo. De igual manera, hacerles claro que hablar no los meterá en problemas, ya que algunos perpetradores usan esta amenaza para que los menores no hablen.

Prevenir es proteger. Démosle la confianza necesaria para que se sientan libres de hablarnos sobre cualquier cosa. Tratándose de ellos, ningún tema es trivial. Si la conversación no es suficiente estemos atentos a las señales. Próximamente hablaremos sobre los indicadores de abuso sexual infantil.

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EL AUTÉNTICO LEGADO

A July

Si te preguntan qué legado quieres dejar a tus hijos, ¿qué responderías? Quizás pienses en dinero, bienes, educación, memorias… El verdadero legado empieza en vida. Solo cuando perdemos a nuestros padres reconocemos y valoramos su herencia. En mi caso, la dote que más valoro no tiene que ver con lo material, que deprecia y desaparece. El tesoro de mis padres cobra más valor cada día porque en lugar de esfumarse, brota y se multiplica. Lo que lo vuelve una riqueza invaluable que espero dejar a mi hija.

En mi opinión, empieza con el ejemplo, porque los consejos que no se viven se pierden en el vacío. Mi padre, para mí, fue modelo de credibilidad, verticalidad, lealtad, confianza y respeto. Mi madre, de humildad, honestidad, amor, discreción y entrega. De mi padre aprendí el amor por la lectura, la atención hacia el discurso, las ansias de aprender y la pasión por las letras. De mi madre, el amor incondicional, la elegancia de la sencillez, el poder de las palabras y el compromiso ineludible.

De sus cosas materiales guardo pequeños detalles que conservan su esencia. Una corbata y un pañuelo con la inicial de mi Papá, algunas fotos y trazos de su puño y letra. De mi Mamá conservó unos lentes, un anillo, un prendedor y su perfume plasmado en las páginas de su libro sagrado. De mi padre atesoro recuerdos de mi niñez cuando jugaba conmigo los mismos juegos que hoy practico con mi hija. A las cosquillas, el pellizquito en la nalga y algunas canciones que tarareaba que yo era la nena de papi. De mi madre recuerdo su complicidad, su costumbre de siempre comprarme alguna bobería si salía sin mí y su alcahuetería al prepararme un menú distinto cuando lo que cocinaba para la familia a mí no me gustaba.

Como ellos eran tan distintos el uno de la otra, aprendí distintas formas de ver la vida y de afrontar las dificultades, pero siempre a salir airosa. Me enseñaron a respetar a los mayores y a valorar su sabiduría. Me ejemplificaron qué es tener responsabilidad y cumplir con mis deberes y obligaciones. Me regalaron el principio de la libertad como el ente que le permite al ser humano tomar sus decisiones y a actuar según su intuición, inteligencia y voluntad. Sé que a veces no estuvieron de acuerdo con mis elecciones, pero siempre las respetaron para que aprendiera a madurar con cada una de mis equivocaciones.

En mi crianza hubo una que otra nalgada, algunos gritos, pocos castigos y mucho ejemplo de entereza y humildad. Todo fue merecido, aunque quizá en su momento no fue bien recibido. No obstante, mis padres, con paciencia y amor, rompieron y formaron mi vasija las veces que fue necesario e hicieron de mí la persona que soy.

El auténtico legado empieza en vida. Si logro dejarle a mi hija solo una parte de lo que mis padres me heredaron a mí, me sentiré feliz. Quiero que tenga muchas fotos y videos de los momentos que vivimos juntas para que las imágenes acompañen su memoria (ahora sé el tesoro que es eso). Aspiro dejarle las letras. Desde que soy madre me he dedicado a escribir mucho para que ella aprenda que las palabras son poderosas y transformadoras, y para contarle nuestras anécdotas. Deseo que cuando yo no esté me sienta y me recuerde cada día de la forma en que yo lo hago con mis padres. Porque cuando el cuerpo se marchita y el aliento se va, queda la esencia espiritual perennemente y si esta es loable, somos bienaventurados.

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COSAS PARA HACER ENTRE MADRE E HIJA

A Ivonne y a Luz (cuya relación de madre e hija admiro mucho)

Cuando llega el verano tenemos más tiempo libre. Los chicos están de vacaciones y hay que buscar en qué entretenerlos. Además de los campamentos y talleres de verano, es importante que pasemos tiempo con ellos. Como no tenemos que llegar del trabajo para hacer o monitorear tareas escolares, podemos aprovechar ese tiempo para pasar tiempo de calidad con nuestros hijos. Como es mi caso, hablaré de madre a hija y algunas acciones entretenidas que podemos hacer.

El verano se presta para las actividades al aire libre. Así que, por supuesto, las playas, las piscinas y los ríos son una buena opción. Si tu hija se cree un pececito (como la mía) disfrutará nadar y entretenerse en el agua. En la playa se puede jugar a hacer figuras de arena, incluso recoger piedras y caracoles con los que luego puedes inventar alguna manualidad. La piscina es buena para retozar con juguetes de agua o simplemente refrescarnos y conversar. En el río no solo disfrutamos el agua, también podemos explorar y hacer un pícnic.

Si el día no tiene las mejores condiciones para estar al aire libre, el cine siempre es bienvenido. Máxime cuando en verano suelen exhibir muchos estrenos dirigidos a la familia. Esta actividad, en mi experiencia, es buena para sacarle más partido. Mi hija y yo solemos hablar de cuál fue nuestra parte favorita y yo aprovecho para indagar o resaltar los valores que haya presentado la historia. Y, como si fuera poco, hoy día tenemos la ventaja del “cine” en casa. No tendremos la pantalla gigante, pero sí una que cumple con la función y un “micro” para hacer las palomitas de maíz y algunas otras chucherías para comer y tomar. De modo que una película, invariablemente, es y será una buena alternativa.

Un día de embellecimiento de chicas (spa). ¡Qué rico es! Lo bueno de esto también es que, si no tenemos el dinero suficiente para pagar por estos servicios, podemos hacer en la casa cosas sencillas.  Por ejemplo: pintarnos las uñas, ponernos mascarillas, darnos masajes, maquillarnos, peinarnos. Esto a las niñas, desde pequeñas, les encanta. Creo que todas las que tenemos hijas las hemos sorprendido embarrándose con nuestros maquillajes y poniéndose nuestros zapatos. ¡Guardo hasta fotos de eso! Siempre llega el día que se antojan de maquillarnos y peinarnos y nos dejan como payasitas.

No puede faltar ir de compras. Cuando Sofía Valentina era pequeña no me gustaba llevarla a las tiendas porque se escondía o se portaba mal. Ahora que es más grande es diferente. Según fue creciendo comenzó a hacerse divertido porque empezaba a medirse cosas y a hacer monerías. Ahora que tiene nueve años es casi como ir de compras con una amiga, ya que nuestros gustos se asemejan y nos criticamos la una a la otra.

Otra actividad de madre e hija que me encanta es leer cuentos y charlar a la hora de dormir. Ese momento de comunicación íntima es bien bonito y suele ser revelador, si de conversaciones se trata. Otras veces es un rato de risas si ella me cuenta chistes, si la molesto por algo o le hago cosquillas.

En conclusión, aprovechar cada momento para compartir de madre a hija no solo es necesario, sino que redunda en experiencias únicas de desarrollo, aprendizaje y unión. ¡Hagámoslo!

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PROTEJAMOS A NUESTROS NIÑOS DE LOS PELIGROS DE INTERNET

En la época en que estamos viviendo, a temprana edad, nuestros hijos tienen acceso a una tableta, un teléfono inteligente o un ordenador con acceso a Internet. Sabemos que la red es una fuente inagotable de información y entretenimiento, así que en lugar de prohibirles que la utilicen, debemos supervisar el acceso al contenido que ven. Su seguridad es nuestra responsabilidad.

La tableta o el móvil no puede hacer la función de niñera ni sustituye que juguemos con ellos. No obstante, hay muchas aplicaciones educativas y de entrenamiento que pueden usar a través de ellos. Lo importante es que su uso sea supervisado y moderado por un adulto responsable.

Los padres tenemos que conocer las aplicaciones que nuestros hijos instalan y supervisar este proceso. Es importante conocer sus funciones y el uso que les pueden dar. Existen herramientas que podemos utilizar para autorizar o desautorizar la descarga de las aplicaciones. Para más seguridad es recomendable que intervengamos en ese proceso en todo momento.

Si comprobamos la fiabilidad de las aplicaciones podemos tener más control y evitar que la descarga de algún juego bajado desde Internet, pueda ser la puerta de entrada de  ciberdelincuentes. Es nuestra responsabilidad controlar la información personal que se requiera que nuestros hijos puedan compartir.

En la medida que van creciendo y accediendo a aplicaciones que pueden usar para comunicarse con otros, es imprescindible hacerles ver los riesgos que conlleva facilitar información o contactar con extraños. Nuestros hijos deben entender que de la misma forma que desconfían de extraños en escenarios reales de persona a persona, deben hacerlo a través de Internet.

Los adultos somos quienes autorizamos que nuestros hijos interactúen en redes sociales. No hay una edad establecida para conceder este permiso, no obstante, los expertos recomiendan que menores de 16 años no tengan perfiles en redes sociales. En el momento que nuestros hijos tengan algún perfil social debemos estar pendiente de cómo se desenvuelven en las mismas, ya que muchas de sus acciones pueden acarrear consecuencias. 

Lo recomendable es que exista confianza entre padres e hijos y que no haya secretos, pero si esto falla, por su seguridad, tenemos que estar alertas, administrar y responsabilizarnos de la configuración y los controles de privacidad que tenga la cuenta de nuestro hijo. Es mejor un hijo enojado que uno expuesto a los peligros de Internet. Protegerlos es nuestra misión.

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CÓMO EVITAR UNA EDUCACIÓN SEXISTA

La educación sexista es más común de lo que pensamos. Empieza con simples detalles como asignar sexo a los colores y regalar juguetes diferentes a los niños y a las niñas. Aunque muchos puedan pensar que esto es algo natural e inofensivo, no lo es. Si queremos evitar actitudes discriminatorias y violencia de género, debemos educar para la igualdad. Podemos comenzar en casa.

Cosas rutinarias, como las tareas del hogar, deben ser distribuidas entre ambos sexos. Los varones pueden hacer labores como fregar y barrer y las hembras, a su vez, lavar el carro, cambiar una bombilla, por ejemplo. Si se trata de una familia monoparental, como la mía, en la que las dos somos féminas, también podemos educar con una base en la igualdad de género. Cuando no hay presencia del sexo opuesto, podemos hablar al respecto e instruir a través de libros, películas, etc.

La expresión de los sentimientos debe percibirse como lo que es, algo natural e individual que nada tiene que ver con el sexo. En el siglo XXI aún hay padres y madres que critican a sus hijos si lloran en público, pero no a sus hijas. Llorar y reír es lo mismo porque son emociones. De modo que esa actitud castrante de que los nenes no deben llorar en público, debe erradicarse totalmente. Nosotros debemos expresar nuestros sentimientos libremente y fomentar que nuestros hijos así lo hagan.

Otro punto importante que debemos tener presente es el lenguaje sexista. Muchas veces se pueden hacer comentarios de este tipo o usar palabras despectivas sobre el otro sexo, sin tener plena conciencia de ello. Por eso debemos ser muy cuidadosos con lo que expresamos. Comentarios como: “no aceptaron a la nena en el equipo de futbol porque es muy débil…” o “ese es el único nene en la clase de danza…” Mensajes como estos están cargados de estereotipos y prejuicios que nuestros hijos pueden terminar imitando.

Las actividades extracurriculares que elijamos para ellos, deben ser las que más les apasionen. Recordemos que el niño y la niña son igualmente capaces de desempeñarse en diversas acciones. Una niña puede realizar actividades físicas como un varón y un niño puede realizar actividades pasivas como una niña. La única diferencia entre una cosa u otra, es el impulso del corazón. Y ese ímpetu es asexual.

Al momento de jugar debemos promover que todos puedan usar libremente los juguetes y no separárselos como si tuvieran que cumplir con unos roles de acuerdo al sexo. El juego es un espacio de creatividad y de aprendizaje.

Si no queremos que nuestros hijos formen parte de las estadísticas de individuos que presentan actitudes sexistas, eduquemos para la igualdad. El sexismo es real y conduce a la violencia. No queremos ser padres de víctimas ni de victimarios. Pensemos antes de hablar. Eduquemos con el ejemplo.