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ACTIVIDADES Y VALORES PARA ESTOS DÍAS FESTIVOS

Para la mayoría de nosotros ya se acerca el clásico receso de las festividades navideñas. Para disfrutar plenamente de la Navidad hay actividades que podemos realizar con nuestros hijos, al mismo tiempo que fomentamos valores que son para toda la vida.

Aquí comparto algunas sugerencias:

  1. Preparar el hogar para la época:

Podemos hacer una limpieza profunda en la que recojamos cosas que ya no usamos y las donemos a personas que puedan sacarles provecho. Decorar la casa con artículos navideños e incluir detalles hechos por los pequeños. Con esta actividad fomentamos el valor de la unidad y la generosidad.

  • Escribir una carta a un ser querido

Para esta actividad seleccionemos a una persona que sea especial en nuestras vidas. Ayudemos a nuestros hijos en la tarea y exhortémosle a que exprese sus sentimientos a ese ser amado, le agradezca por ser parte de su vida, a la vez que le extienda sus felicitaciones y mejores deseos. Con esta obra promovemos el valor de la solidaridad y la gratitud.

  • Visitar a alguien que no lo espera

Una visita sorpresa puede ser un gran regalo. Sobre todo, si se trata de alguien a quien no vemos con frecuencia y que es posible que esté solo. La visita de los niños siempre es motivo de ilusión, juegos y alegría. Al hacer esto avivamos el valor de la sensibilidad y el amor.

  • Ver películas u obras navideñas

Las películas y las obras navideñas siempre cuentan historias con las que podemos identificarnos y resaltan valores humanos que es bueno recordar. Además, es una actividad que hacemos en familia e impulsa la empatía, la fe y la confianza.

  • Leer cuentos navideños

La lectura es gratificante en todo momento. Podemos aprovechar esta actividad para leer historias entretenidas y conocer cómo se celebra la Navidad en distintas partes del mundo. Incluso, dramatizar alguna escena para el disfrute de todos. Esta acción promueve la equidad, el respeto y la creatividad.

  • Confeccionar tarjetas navideñas

Con la eficacia de la tecnología ya muchos han perdido la tradición de las tarjetas navideñas. Recobrar esa costumbre, haciendo nuestras propias postales puede ser maravilloso y divertido. Al realizar esta obra provocamos la creatividad y obsequiamos amor a través de ejemplares únicos para esas personas especiales que, sin duda, las atesorarán.

Cada familia es única y sabrá cuáles de estas sugerencias puede llevar a cabo. Lo importante es pasarla bien, dar amor y estar unidos. No nos quedemos solos en nuestra habitación, abramos las puertas, los brazos y los corazones.

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COSAS PARA HACER ENTRE MADRE E HIJA

A Ivonne y a Luz (cuya relación de madre e hija admiro mucho)

Cuando llega el verano tenemos más tiempo libre. Los chicos están de vacaciones y hay que buscar en qué entretenerlos. Además de los campamentos y talleres de verano, es importante que pasemos tiempo con ellos. Como no tenemos que llegar del trabajo para hacer o monitorear tareas escolares, podemos aprovechar ese tiempo para pasar tiempo de calidad con nuestros hijos. Como es mi caso, hablaré de madre a hija y algunas acciones entretenidas que podemos hacer.

El verano se presta para las actividades al aire libre. Así que, por supuesto, las playas, las piscinas y los ríos son una buena opción. Si tu hija se cree un pececito (como la mía) disfrutará nadar y entretenerse en el agua. En la playa se puede jugar a hacer figuras de arena, incluso recoger piedras y caracoles con los que luego puedes inventar alguna manualidad. La piscina es buena para retozar con juguetes de agua o simplemente refrescarnos y conversar. En el río no solo disfrutamos el agua, también podemos explorar y hacer un pícnic.

Si el día no tiene las mejores condiciones para estar al aire libre, el cine siempre es bienvenido. Máxime cuando en verano suelen exhibir muchos estrenos dirigidos a la familia. Esta actividad, en mi experiencia, es buena para sacarle más partido. Mi hija y yo solemos hablar de cuál fue nuestra parte favorita y yo aprovecho para indagar o resaltar los valores que haya presentado la historia. Y, como si fuera poco, hoy día tenemos la ventaja del “cine” en casa. No tendremos la pantalla gigante, pero sí una que cumple con la función y un “micro” para hacer las palomitas de maíz y algunas otras chucherías para comer y tomar. De modo que una película, invariablemente, es y será una buena alternativa.

Un día de embellecimiento de chicas (spa). ¡Qué rico es! Lo bueno de esto también es que, si no tenemos el dinero suficiente para pagar por estos servicios, podemos hacer en la casa cosas sencillas.  Por ejemplo: pintarnos las uñas, ponernos mascarillas, darnos masajes, maquillarnos, peinarnos. Esto a las niñas, desde pequeñas, les encanta. Creo que todas las que tenemos hijas las hemos sorprendido embarrándose con nuestros maquillajes y poniéndose nuestros zapatos. ¡Guardo hasta fotos de eso! Siempre llega el día que se antojan de maquillarnos y peinarnos y nos dejan como payasitas.

No puede faltar ir de compras. Cuando Sofía Valentina era pequeña no me gustaba llevarla a las tiendas porque se escondía o se portaba mal. Ahora que es más grande es diferente. Según fue creciendo comenzó a hacerse divertido porque empezaba a medirse cosas y a hacer monerías. Ahora que tiene nueve años es casi como ir de compras con una amiga, ya que nuestros gustos se asemejan y nos criticamos la una a la otra.

Otra actividad de madre e hija que me encanta es leer cuentos y charlar a la hora de dormir. Ese momento de comunicación íntima es bien bonito y suele ser revelador, si de conversaciones se trata. Otras veces es un rato de risas si ella me cuenta chistes, si la molesto por algo o le hago cosquillas.

En conclusión, aprovechar cada momento para compartir de madre a hija no solo es necesario, sino que redunda en experiencias únicas de desarrollo, aprendizaje y unión. ¡Hagámoslo!

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¡A CARGAR LAS PILAS!

En una sociedad cambiante y llena de retos es usual que nos sintamos agotadas. A veces nuestro cerebro nos manda un mensaje similar al que nos muestra el móvil cuando las baterías están perdiendo su carga. No debemos ignorar este recado como no ignoramos el del teléfono porque de la misma forma que el celular podría apagarse, nuestro cerebro también.

Continuar con la faena del trabajo laboral y doméstico, de la crianza y la manutención, de los compromisos familiares y sociales, requiere que nos concibamos bien, equilibradas, en armonía. Cuando somos jefas de hogar, todo cae sobre nuestros hombros y nos cansamos, no solo físicamente, sino emocionalmente. Hoy comparto algunas recomendaciones para cargar las pilas. Veamos:

  • Dormir y tomarnos el tiempo de descanso adecuado para la recuperación física y mental.

No es pecado echar una siesta o quedarnos un día del fin de semana en la casa, solo para descansar. Hazlo cuando haga falta.

  • Meditar y relajarnos.

Meditemos en silencio o con música, pero no dejemos pasar la ocasión de descansar la mente y relajarnos un poco, buscando paz interior.

  • Tener contacto con la naturaleza.

Está probado que al contemplar la naturaleza la mente descansa y el cuerpo se relaja, lo que potencia la energía.

  • Seamos agradecidas.

Contar las bendiciones y disfrutar de lo que tenemos es el mejor acto de agradecimiento. Y nos permite darnos cuenta que poseemos más de lo que necesitamos.

  • Hagamos un poco de ejercicio.

Científicamente se ha probado que hacer ejercicios genera las endorfinas que aumentan el estado de placer y circula nuestra energía. Si no te gusta el gimnasio camina un poco o practica algún deporte.

  • Cantemos o bailemos.

Cantar y / o bailar son actividades que fortalecen la energía, pero no deben ir asociadas con trasnocharnos porque al final estaremos más cansadas. Son acciones que podemos hacer mientras manejamos el auto o estamos haciendo tareas domésticas.

  • Hacer una buena lectura.

Existe un universo de palabras, un mar de historias. Leer unas cuantas páginas cada día, de los temas que nos apasionen, siempre conseguirá un estado de bienestar que, definitivamente, carga las pilas.

  • Ver una película.

Ya sea en el cine o en la casa, ver una película que nos enfoque en la armonía y el amor es un gran aliciente.

  • Hacer lo que más disfrutamos.

Ya sea que pintes, cuides y cultives el jardín, corras bicicleta o patines, toques un instrumento musical…, no importa. Lo que cuenta es que saquemos tiempo para hacer algo que disfrutemos y que incrementará nuestra energía.

Es cuestión de cargar las pilas y levantarnos cada día con una sonrisa y la mejor disposición para continuar siendo mujeres, madres, profesionales… Son muchos los sombreros que nos ponemos, por lo que no es posible dejarnos de ocupar de nosotras. Si el mensaje que te envía tu cerebro es “batería baja”, deja todo y conéctate contigo.

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ANTES DE LA ADOLESCENCIA

Cuando nuestros hijos son pequeños somos sus modelos e influenciamos grandemente en ellos. Una vez van creciendo se vuelven más independientes y se distancian de nosotros. Por eso es recomendable construir buenos hábitos, en la niñez, para que cuando crezcan estos sean parte de ellos.

Por ejemplo: sacar tiempo para conversar. Si desde edad temprana acostumbramos conversar con nuestros críos, cuando crezcan, seguramente, aún hablarán con nosotros. Es importante fomentar una relación de confianza, risas y diálogo. De modo que nunca se pierda.

El contacto físico es imprescindible. Abrazar, dar besos, ser cariñosos, decir halagos, demostrar el amor. Si desde que son pequeños esto se vuelve parte de la relación entre padres e hijos, cuando lleguen a la adolescencia no evitarán, del todo, nuestro contacto físico. Aunque sea en el seno del hogar querrán esas expresiones afectuosas.  

Comprender sus intereses es algo que debemos aprender desde que son niños. No solo comprenderlos, sino apoyarlos para que cuando crezcan continúen compartiéndolos con nosotros.

Desde la infancia debemos enseñarles a aceptar un “no” por respuesta. No podemos complacer todos sus caprichos. Hay que decir “no” cuando haga falta y ayudarles a comprender que es por su bien, que no todo lo que queremos es lo que necesitamos o lo que nos conviene.

El fracaso y el éxito son necesarios. Tan importante es celebrar sus éxitos como apoyarlos en sus fracasos y dejar que aprendan de ellos. Y eso es algo que podemos empezar a hacer desde temprana edad. Así podrán manejar sus frustraciones y celebraciones con más confianza.

El respeto y la cordialidad son hábitos que no podemos dejar de inculcar. Los niños deben aprender a pedir permiso, dar gracias, saludar, disculparse. Respetarse a ellos mismos y a los demás, en todo momento. Si desde chicos lo hacen con naturalidad, serán costumbres que conservarán siempre.

Ser ordenados es una práctica necesaria, algo muy útil para toda la vida. No se trata solo de mantener su habitación en orden, sino su vida. Que sepan que cada cosa tiene su tiempo y su lugar, que establezcan prioridades y ordenen sus quehaceres de manera que puedan cumplir con todos.

Nuestros hijos deben aprender lo que es higiene personal. No debemos hacerle todo, sino enseñarles a hacerse cargo de ellos mismos, según van adquiriendo independencia. Que comprendan la importancia de lavarse bien los dientes, bañarse de pies a cabeza, vestirse adecuadamente y con ropa limpia, tener sus artículos de higiene a su alcance, en todo momento. Y que comprendan que según van creciendo, más importante aún es su higiene personal.

La lectura y el estudio no deben ser una opción, sino una formalidad. Este hábito se aprende con el modelaje y la acción. De nada sirve decirles “estudia mijo”, si ellos no ven que los apoyas y los ayudas en el proceso. De nada vale que le digas “ponte a leer”, si nunca le has leído un cuento ni te han visto devorar un libro.

Por último, pero no menos importante (a propósito del siglo XXI…) Los aparatos electrónicos no se llevan a la mesa. Muchas veces cometemos este error, por lo que debemos estar vigilantes y evitarlo. La mesa debe ser un lugar donde podamos interactuar con los que están allí. Si le enseñamos con el ejemplo lo emularán.

 

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EL MEJOR ALIMENTO PARA EL ESPÍRITU

A maestra Mayra

Según Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura y autor de Nunca me abandones, el arte es la manera de materializar todo lo que se lleva dentro, es el mejor alimento para un espíritu en construcción. Como madre, deseo que mi hija goce de una educación universal e íntegra y, para ello, las bellas artes ocupan un papel crucial.

Se ha demostrado científicamente que el estudio de las bellas artes, desde temprana edad, cultiva en el ser humano una sensibilidad que lo lleva a desarrollar una ética muy sólida en su adultez. En un artículo publicado en el periódico El Universal, se explica que el arte es una de las manifestaciones más elevadas de la actividad humana.

Por ejemplo: el dibujo y la pintura constituyen un proceso complejo en el que los niños reúnen diversos elementos de su experiencia para formar un todo con un nuevo significado. La música, les permite tener una mejor concentración.  La literatura desarrolla el pensamiento y el lenguaje. El teatro, estimula la integración en conjunto a través del juego dramático y desarrolla el vínculo y la confianza personal. La danza promueve el trabajo en equipo y la invariable toma de conciencia para la ganancia de valores como la solidaridad, el respeto por la diversidad, la tolerancia, la cooperación y la valoración de la propia identidad.

El estudio de las bellas artes logra lo siguiente:

  • Enseña a los niños a ser más condescendientes
  • Permite que se expresen en forma creativa
  • Promueve el compromiso individual y colectivo
  • Aumenta la seguridad en sí mismos
  • Mejora el aprovechamiento académico
  • Ayuda a mejorar los esquemas de memoria y las organizaciones del pensamiento
  • Contribuye a desarrollar el contenido perceptivo analítico
  • Permite divisar y dirigir el mundo desde un punto de vista ético y estético

Como vemos, son muchos los beneficios de la educación en las bellas artes. Sin embargo, a menos que no se trate de una escuela especializada, los colegios privados y las escuelas públicas, no cuentan con un currículo satisfactorio en esta área. No obstante, las bellas artes son tan significativas como las materias básicas. Así que debemos educar con el ejemplo. Si nuestros hijos ven que valoramos el arte, ellos también lo apreciarán. Además, podemos buscar alternativas extracurriculares que cumplan con tan trascendental formación.

En mi caso, mi hija, desde pequeña, ha tomado clases de ballet clásico y principios de flamenco. Pero recientemente, tuve la maravillosa oportunidad de matricularla en un taller de danza, música, dibujo y poesía. Fue una experiencia extraordinaria. Un pequeño grupo de niños junto a unos talentosos maestros, estuvieron en contacto con estas bellas artes y culminaron el taller con la creación de un libro de poesía y dibujo. Además, presentaron un espectáculo en el que demostraron su apreciación y talento artístico. Niños entre 5 y 9 años recibieron el mejor alimento para el espíritu, y lo compartieron libremente y con amor. Promovamos la educación artística y formaremos una mejor conciencia colectiva.

P. D. Felicito a maestra Mayra y a los colaboradores de Aprodanza de Puerto Rico, por exponer a los niños a tan bonita experiencia.

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¡CÓMO ESTAR EN CASA!

Para mí, sumergirme en la lectura de un buen libro es como estar en casa: “hogar, dulce hogar”. Como madre, leerle a mi hija ha sido una costumbre desde que estaba en mi vientre. En mi embarazo, le leía poemas en voz alta. Su primer libro se lo regalé cuando tenía tres años. Y leerle al acostarla, es una tradición.

Ahora, aparte de que sea una aficionada a la lectura, hay muchos beneficios con esta práctica. Según han revelado estudios de especialistas en el desarrollo infantil, leerle en voz alta a los niños, ejerce una influencia positiva en su desarrollo intelectual y emocional.

En mi caso, leerle a mi hija es el último acto del día y fomenta nuestra unión y comunicación. La llevo a la cama, me acuesto a su lado y le leo. A veces comentamos las lecturas en ese momento, otras, nos acurrucamos y disfrutamos de ese rato juntas. Luego me levanto, la beso, le digo que la amo y la dejo en sus sueños.

Ese rato de esparcimiento, también nos sirve para inculcarles a los niños los beneficios de la lectura y el placer que es capaz de producirnos. Como valor añadido, está probado que la lectura garantiza mayor éxito académico, ya que desarrolla la capacidad de concentrarse y prestar atención.

Por otro lado, la lectura logra que los pequeños puedan expresarse con más confianza y facilidad, porque su vocabulario se amplía. Cuando le leo a Sofía Valentina, siempre que escucha una palabra nueva me pregunta qué significa. Luego escucho como la incorpora a su vocabulario con toda la naturalidad del mundo.

Otro beneficio de la lectura, es que fomenta la curiosidad infantil, así que su capacidad creativa crece. Lo observo en mi hija cuando la oigo en sus conversaciones a solas, con sus juguetes y cuando la veo inventar y experimentar con objetos. Siempre busca un nuevo uso para las cosas que desecho, y las historias que crea son fascinantes.

Leerle a nuestros hijos nos permite exponerlos ante otras situaciones, a la vez que ganan nuevas experiencias de aprendizaje. También adquieren valores y buenos hábitos de educación general. Para mí es agradable escuchar que tengo una hija hermosa, pero se me infla el pecho de orgullo cuando me dicen que tengo una hija bien educada. La que dice buenos días, por favor, con permiso, buen provecho… Sin duda, la lectura le ha enseñado mucho más que mis palabras.

Eduquemos con el ejemplo: que nuestros hijos nos vean leer. Aprenderán que un libro es un amigo y que adentrarse en una buena historia es como ampliar la familia. Es sin duda, estar en casa.