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¿A QUÉ EDAD SE DEFINE LA SEXUALIDAD?

¿A los 9, a los 11, a los 13? La respuesta no es certera. Los sicólogos solo ofrecen estas edades como aproximaciones. Pero lo cierto es que las primeras manifestaciones de vida sexual en la infancia se producen desde bebés, eso afirman los expertos del tema. Cuando eres madre de preadolescentes que has educado sobre la sexualidad, con naturalidad, esperas ser parte de este descubrimiento. Si mantenemos una comunicación sana y saludable seguramente ellos mismos nos hablarán de sus preferencias. ¡Prepárate!

Como sabemos, la orientación sexual se refiere hacia quién se sienten atraídos sentimental o sexualmente, mientras que la identidad sexual se trata de cómo piensan acerca de ellos mismos como seres sexuales. Hoy día, desde que son pequeños, nuestros hijos conocen las diversas preferencias sexuales y las aceptan con franqueza. Asimismo, afirman su identidad sexual a temprana edad. ¿Debe esto preocuparnos? No, porque son dinámicas y pueden cambiar con el tiempo. Hay niños que pueden tener su primera experiencia de atracción sexual tan temprano como a los 6 años, tan tarde como a los 16, y otros nunca experimentarán ningún tipo de atracción sexual, según afirma Asia Eaton, doctora en Psicología Social especializada en Estudios de Género.

Por otra parte, Clinton W. Anderson, director de la Oficina de Asuntos LGBTQ de la Asociación de Psicólogos de Estados Unidos, afirma que hay individuos que pueden experimentar atracción sexual a los 9 años o antes, pero que es poco probable que a esa edad tengan la capacidad cognitiva y emocional para comprender completamente lo que significa la orientación sexual. Es por eso que los padres no debemos alarmarnos tras las primeras declaraciones sobre la orientación sexual que nuestros hijos manifiesten. No perdamos de perspectiva que durante la adolescencia y la pubertad es normal que nuestros hijos tengan dudas sobre su propia sexualidad y que esas vacilaciones pueden surgir en distintas etapas de la vida.

Los niños de la Generación Z (la primera del siglo XXI) nacieron en pleno auge de las redes sociales, no conciben un mundo sin Wi-Fi o sin YouTube y manifiestan una sexualidad más abierta y fluida, que se aleja de los viejos tabúes. De modo que si tu hijo pertenece a esta generación no te sorprendas cuando te hable de bisexualidad, asexualidad, pansexualidad, etc. Conocen esta terminología mejor que nosotros porque comienzan a identificarse con unas y otras y cuando tienen dudas, le preguntan a Google y luego nos cuentan (me ha pasado).

No nos alarmemos ante las primeras exposiciones de sus preferencias sexuales, ni los critiquemos ni los juzguemos. Nuestro papel más importante en esta etapa es proporcionarles protección y asegurarles un entorno seguro y propicio para que continúen desarrollándose saludablemente.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay

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CÓMO PODEMOS APOYAR EL SANO DESARROLLO DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO

Para fomentar que nuestros hijos tengan un desarrollo de género saludable, es importante que sepamos qué es la identidad de género y cómo se forma.  La doctora Asia Eaton, sicóloga social, explica que el sexo es el género asignado de acuerdo a las características físicas con las que nacemos. Mientras que la identidad de género es el sentimiento que tenemos sobre quiénes somos, la interacción de los rasgos biológicos, las influencias del desarrollo, las condiciones del entorno y del contexto sociocultural.  Es decir, la orientación sexual generalmente se refiere hacia quién nos sentimos atraídos sentimental o sexualmente. No obstante, la identidad sexual se trata de cómo pensamos acerca de nosotros mismos como seres sexuales.

Según especialistas de estudio de género y sicología infantil, la identidad de género se desarrolla poco a poco. El doctor Jason Rafferty, pediatra y sicólogo, explica que a los dos años los infantes toman conciencia de las diferencias físicas entre niños y niñas. Alrededor de los tres, pueden identificarse como varones o hembras. Y a los cuatro, la mayoría tienen un sentido estable de su identidad de género. Los expertos afirman, que la primera experiencia de atracción sexual puede ocurrir desde los 6 hasta los 16 años. Sin embrago, aunque en estas edades pueden experimentar atracción sexual, es poco probable que tengan la capacidad cognitiva y emocional para comprender completamente lo que significa la orientación sexual.

¿Cómo podemos los padres apoyar el sano desarrollo de la identidad de nuestros hijos? Los peritos del tema nos recomiendan que les demos la ocasión de explorar distintos roles de género y distintos estilos de juego. Podemos cerciorarnos de que el entorno de nuestros hijos refleje diversidad en los roles de género y fomente oportunidades para todos.

El doctor Rafferty ofrece varias recomendaciones. Por ejemplo:  mostrarles libros infantiles querevelen a hombres y mujeres en roles de género no estereotipados y diversos como enfermeros, secretarios, constructoras, empresarias, o padres que se quedan en casa mientras las madres salen a trabajar.  Otra cosa que podemos hacer es ofrecerles variedad de juguetes entre los cuales elegir, que incluyan muñecas, carritos, figurillas de acción, bloques de construcción, cocinitas, disfraces, entre otros. También es importante permitir que nuestros hijos elijan a sus amigos y las actividades en las que desean participar.

De acuerdo a Rafferty, además de los juguetes, juegos y actividades que eligen, los niños suelen expresar su identidad de género a través de la ropa y los peinados que le gustan, la conducta social que refleje grados variados de dominio o delicadeza, el género de sus amigos y de las personas a las que deciden seguir o imitar, los modales, los gestos físicos y otras acciones no verbales identificadas como masculinas o femeninas.

El sicólogo, Clinton W. Anderson, por otra parte, explica que, aunque el género y la sexualidad están sujetos a cambios socioculturales y (supuestamente) somos una sociedad que acepta la diversidad, cuando los intereses de nuestros hijos son disímiles de los que la colectividad espera, pueden sufrir exclusión y acoso. En este caso, recomienda que, en vez de obligar a nuestros hijos a ceder ante estas presiones, luchemos por obtener espacios seguros donde se sientan cómodos y a gusto con quienes son.

No queremos más historias como la Jamel Myles, el niño de 9 años que se suicidó en el 2018 en Estados Unidos, luego de sufrir persecución por ser “homosexual” en una escuela de Denver, Colorado, donde estudiaba. Anderson añade, además, que la aceptación de nosotros, los padres, puede proporcionar cierta protección, pero que instituciones como las escuelas, tienen que comprometerse y garantizar entornos seguros y propicios para todos los niños. Es responsabilidad de todos, con el fin de promover la evolución y la garantía de que todos los niños se conviertan en adultos felices.