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CRISIS EDUCATIVA ANTE LOS EFECTOS DE LA PANDEMIA

Como madre de una niña que está en quinto grado y como profesora universitaria, tengo serias preocupaciones en el ámbito educativo. No solo nos enfrentamos a la crisis sanitaria como consecuencia de la pandemia del coronavirus, sino también a la académica. Ciertamente los padres y los docentes enfrentamos un reto imprevisto, pero el estudiantado es el que sufre las verdaderas carencias ante la improvisación del modelo educativo a distancia.

Existen varios escenarios. Por ejemplo: hay estudiantes que están atosigados de tareas, pero no reciben clases virtuales y deben fungir como autodidactas. Hay otros a los que se les exige un mínimo esfuerzo y tampoco reciben formación en línea. Y están los alumnos que sufren de desigualdad social porque no cuentan con los recursos de internet ni con aparatos electrónicos. Estos y otros escenarios posibles levantan una bandera de alarma.

La pandemia que ha provocado el cierre de las escuelas y universidades y nos ha llevado a trasladar el salón de clases a un ordenador, tiene serias consecuencias. Una de ellas es que la educación a distancia es incapaz de atender y orientar de manera individualizada las necesidades y potenciar las capacidades de cada estudiante. Por otro lado, debemos cuestionarnos si se está gestionando de manera adecuada la docencia virtual. ¿Se están ofreciendo las clases por videoconferencias? ¿Todos los centros educativos cuentan con las plataformas adecuadas para la educación a distancia? Me parece que la respuesta a ambas preguntas es ‘No’. Lo que nos conduce, entre otras cosas, a un caos en la educación a causa de cargas académicas excesivas o mínimas, pérdida de la calidad académica, aumento del estrés y la ansiedad e incertidumbre.

Veamos. Hay estudiantes que están sufriendo excesivas cargas académicas que no pueden manejar solos y que probablemente no cuentan con padres o tutores que puedan asistirlos eficientemente en el proceso. Hay otros (como mi hija) que solo reciben por WhatsApp tareas mínimas para realizar en casa y no tienen ningún contacto con sus docentes. Ambos escenarios son críticos, el primero porque sobrecarga al alumno que se ve obligado a cumplir unas tareas excesivas que no garantizan el aprendizaje, sino que conducen a la frustración. El segundo porque no reta al estudiante, lo mantiene en una zona confortante y propicia serios rezagos académicos.

Ante estos escenarios se pierde la calidad didáctica. Si el docente no conoce las herramientas, ni las estrategias, si no tiene o no domina los recursos tecnológicos; se convierte en una figura ausente incapaz de mantener contacto con sus alumnos. Lo que provoca que recaiga sobre el estudiante el peso de la capacidad de autoaprendizaje, y no todos están listos para esto. Lo que nos lleva entonces a el aumento del estrés y la ansiedad académica sumada a la ya existente a causa del confinamiento en el que estamos.

Muchos estudiantes sufren de una gran incertidumbre porque no reciben información clara sobre su proceso educativo, sus evaluaciones y mucho menos, el cumplimiento del contenido propio del grado en el que están o de las materias que cursan. Esto pone en evidencia la clara necesidad de un intercambio directo y real de las instituciones educativas con los estudiantes y con los padres y tutores, cuando se trata de educación primaria y secundaria.

Como madre de una niña en escuela primaria y como profesora universitaria estoy igualmente preocupada. Mi hija no me deja ayudarla para compensar que no recibe clases virtuales, solo mínimas tareas por WhatsApp. No lo permite porque me ve como su Mamá y se resiste a verme como docente. Lo que redundará en serias deficiencias académicas para ella y una gran frustración para mí. Como profesora universitaria sufro la pérdida de algunos alumnos que no tienen los recursos para conectarse a los cursos en línea, así también la falta de contacto directo con ellos ya que la fórmula de docencia virtual no asegura el grado de calidad de la enseñanza presencial.

En fin, estamos ante una verdadera alarma formativa. Muchas administraciones pedagógicas están eludiendo su responsabilidad de brindar instrucciones precisas y facilitar la coordinación entre el estudiantado y los docentes. Como consecuencia, sufriremos de inminentes rezagos académicos, desigualdades socioeconómicas, deserción, desempleo, sueldos bajos, etc. Alarmante, ¿no? Pues como decimos en Puerto Rico: “cada cual que se ponga pa’ su número”. Es decir, hagámosle frente a esta crisis educativa, ahora.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay

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ANÍDATE EN CASA Y DISFRUTA

Ciertamente después de unos días de encierro podemos sentirnos algo hastiados, pero anidarnos en nuestro hogar tiene sus ventajas. Más allá de la imposición ante la pandemia del coronavirus, debemos aprovechar de los beneficios que tenemos al estar en nuestra casa.

  • Maneja el tiempo sin presión

Si como yo, continúas trabajando en casa, ahora es el momento de manejar el tiempo a tu conveniencia. Continúa haciendo tu trabajo sin la rigidez de un horario estricto. Te sentirás más a gusto y hasta podrías ser más eficiente.

  • Disfruta tu espacio favorito

¿Cuántas veces no deseamos quedarnos en casa sin poder? Ahora que las circunstancias nos obligan es momento de valorarlo y disfrutarlo. Goza del espacio que tanto te gusta: el balcón, tu habitación, la sala de estar, el que sea.

  • Valora y sácale provecho a lo que tienes

¿Cuántas cosas tenemos en la casa que antes no nos daba tiempo de disfrutar? Desempolva los libros que quieres leer, termina el proyecto que una vez empezaste, escribe las memorias que no quieres olvidar, dale cariño a tus plantas, reorganiza tu entorno…

  • Libertad para descansar

Muchas veces la rutina y las faenas nos quitan tiempo para descansar. Pues ahora lo tenemos. Yo hacía tiempo que no sacaba mi hamaca al balcón y en estos días lo he hecho. Tírate en la cama y hazles cosquillas a tus hijos, léeles un cuento, conversa un rato con ellos. Descansa ahora que puedes.

  • Disminuye el estrés

Toma las debidas precauciones, pero no te provoques estrés, ni entres en pánico. No hay necesidad de estar pendiente a cada hora de las noticias sobre el virus, ni de los miles de videos y mensajes que la gente comparte a través de sus redes. Muchos son confusos y hay información que en lugar de orientarnos puede causarnos mucha ansiedad. Así que desconectarnos de vez en cuando es lo mejor.

  • Habla de otros temas

Ahora también tenemos tiempo para conversar con personas con las que hace tiempo no hablamos. Pero si vas a hacer esa llamada procura temas de conversación interesantes y entretenidos. ¿Quién quiere recibir una llamada para seguir hablando del caos?

  • Establece un reto

Proponte una meta a corto plazo que puedas lograr en los días que nos restan en casa. La mía es terminar de leer cierto libro que comencé y acercarme un poco más a mi hija, ya que esta etapa de la preadolescencia es muy tramposa.

¡Anídate en casa y disfruta!

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¡QUÉ VERGÜENZA! Cambios emocionales en la preadolescencia

¡Qué vergüenza! ¡Fo, qué asco! Si tienes hijos preadolescentes es posible que estés escuchando expresiones como estas. Es que en esta etapa no solo surgen cambios físicos, también, emocionales. Uno de los más característicos es el exceso de pudor. Todo les da vergüenza: temen hacer el ridículo, les da pavor su cuerpo y hasta recibir expresiones afectivas frente a sus amigos.

Comienzan a alejarse y a pasar más tiempo solos. Esa etapa en la que siempre andaban pegados a nosotras se convierte en un recuerdo y a veces hasta en un anhelo. Quieren ver la televisión solos porque están interesados en otros programas al mismo tiempo que se “enganchan” con la tecnología. Ya la presencia de Mami no es tan importante y crece su sentido de independencia. Es natural, debemos darle su espacio.

En este periodo comienzan a imitar a la gente que admiran, que por supuesto, son chicos más o menos de su edad, esos que siguen en las redes sociales, sus nuevos héroes. Quieren vestir como ellos, pensar como ellos, hablar como ellos… Para seguir formando parte de la vida de nuestros preadolescentes no podemos competir, tenemos que usar estrategias, ser sus aliados. De lo contrario, nos alejamos y eso no es lo que deseamos.

Otro cambio notable surge con el humor. Están contentos y están tristes en un abrir y cerrar de ojos. Además, se ruborizan o se irritan con mucha facilidad. Parecen una montaña rusa emocional. ¡Y se aburren con tanta habilidad que desesperan!

Ante esta realidad debemos acoplarnos proactivamente. Las madres solemos sentir nostalgia ante la perdida de la infancia de nuestros hijos en la que éramos el centro de atención. No obstante, se trata de una etapa más. No podemos resentirnos, por el contrario, agradezcamos que siguen desarrollándose con naturalidad.

Podemos crear nuevas rutinas para mantener el contacto con ellos. Por ejemplo, comer juntos y conversar en ese rato. Mostrarles nuestro cariño de forma sutil para que no sientan vergüenza. Mantenernos actualizadas y conocer las cosas que les gustan en este nuevo periodo. Asimismo, podemos relacionarnos con sus amigos y mostrar interés por las cosas que nos cuentan. Practicar algún pasatiempo con ellos para mantener la cercanía. Y permitirles lograr su éxito o experimentar el fracaso, como parte natural de su desarrollo. ¡Ya no tenemos bebés, pero aún tenemos hijos!

P. D. Imagen cortesía de Pixabay.

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POPULARIDAD VS AUTORIDAD: ¿QUIÉNES SON LOS “INFLUENCERS”?

¿Te ha pasado que tu hijo o hija preadolescente de pronto comienza a hablar y a vestirse diferente? ¿Te ha pedido que lo lleves a comprar una camiseta, una gorra o un libro de su yutúber favorito? ¿Sabes a qué edad nuestros hijos son vulnerables a los “influencers”?

Según Elena Bragado, directora general de la Fundación Alia2, que promueve la educación en Internet y las redes sociales desde etapas tempranas, los niños a partir de los 10 años se vuelven sensibles al fenómeno de los distintos “influencers” que conocen a través de plataformas como Youtube e Instagram, entre otras.

Es importante que sepamos que durante la preadolescencia Mami o Papi comenzamos a dejar de ser la autoridad y la figura a seguir. Somos suplantados por los “influencers” que nuestros hijos siguen o imitan, aun sin reconocerlo. ¿Por qué? Porque apelan a sus intereses, les hablan de tú a tú, enriquecen sus contenidos con imágenes y videos y existen “influencers” de todo lo que a nuestros hijos les puede interesar.

¿Es esto negativo? No necesariamente, pero tenemos que estar alertas porque como bien afirma el profesor José Luis Orihuela, de la Universidad de Navarra y especialista en la comunicación digital, uno de los aspectos más destacados y preocupantes es que la capacidad de influir ha dejado de estar sustentada por el conocimiento experto de una autoridad y se funda en la popularidad que las redes otorgan a personas engrandecidas por sus propias comunidades de seguidores.

¿Qué podemos hacer como padres responsables? Estar pendientes y conocer a quiénes siguen nuestros hijos y cuál es el contenido que publican estos “influencers”. Explicarles la diferencia entre alguien que se expresa sobre un tema porque es popular y alguien que habla de un asunto porque es un experto en la materia. Bragado recomienda, además, que conversemos con los chicos sobre la diferencia entre lo que se proyecta y lo que realmente es la persona detrás de su cámara.

Esta responsabilidad recae sobre nosotros como padres, ya que en la escuela no existe una educación formal sobre redes sociales y, sin embargo, la generación actual pasa muchas horas conectado a Internet. Por otro lado, lo que no conocen de primera mano lo saben a través de sus pares y luego van y lo investigan por su cuenta. De modo que no podemos quedarnos rezagados. Tenemos que estar más al día que ellos y dejarles saber que por el hecho de que puedan pasar mucho tiempo en la red, no significa (ni remotamente) que saben más que nosotros.

Cada vez que nuestro preadolescente nos mencione un “influencers” nuevo, tenemos que apresurarnos a investigar quién es y conocer de primera mano el contenido que comparten. Así podremos saber si esa influencia es buena para ellos o si debemos redirigirla.  El universo de Internet es infinito. Hay cosas buenas para nosotros y también para nuestros retoños. Y por supuesto, recordemos que, aunque tal vez hoy menos que ayer, nos siguen observando… Y a lo largo de sus vidas somos sus verdaderos “influencers” porque quizá no tengamos mucha popularidad, pero sí autoridad.

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AGÁRRALA POR LOS CUERNOS

¿Qué si estoy ansiosa? No…, solo siento algo de presión en el pecho, a veces respiro con dificultad, no estoy durmiendo bien en estos días y me preocupa que mi hija va a regresar a la escuela. Pero esto no es ansiedad, es muy normal… Seguramente muchas madres en Puerto Rico están sintiendo lo que yo, ahora. Tras los constantes sismos que estamos viviendo en estos días, es perfectamente entendible que nos sintamos inquietas. Lo verdaderamente importante es que lo aceptemos y agarremos a la ansiedad por los cuernos.

Empecemos reconociéndola, como estoy haciendo ahora. ¡Sí, sí, carajo, estoy bien ansiosa! El hecho de que mi hija empieza la escuela me causa punzadas en el pecho.  En todos los temblores de tierra que he sentido ella ha estado conmigo y la idea de que ocurra otro mientras esté en la escuela, me aflige.  Ya está, lo reconozco.

Ahora bien, ¿qué puedo o podemos hacer? Empezar a calmarnos. Asegurémonos de que la escuela a la que van nuestros hijos haya sido debidamente inspeccionada y que cumpla con los estándares de seguridad. Confirmemos que la administración escolar tenga un plan de emergencia bien estructurado y que tanto el personal como los niños lo conozcan y estén preparados para seguirlo.

Una vez hecho esto nos queda trabajar en nosotras. He estado leyendo mucho para tratar de tranquilizarme. Mi hija ya ha percibido mi ansiedad y eso no ayuda, si trasmitimos nuestra angustia la situación empeora. Así que voy a compartir lo que me está ayudando. En un artículo que escribió Cristina Martín García citó al presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, Antonio Cano Vindel, quien ofreció excelentes recomendaciones para reconocer y trabajar con la ansiedad.

Cano recomienda que seamos realistas y no magnifiquemos la ansiedad reinterpretando la amenaza de forma menos grave. Aconseja la siguiente práctica: Primero nos invita a razonar sobre si la posibilidad de que ocurra lo peor es tan grande. Luego, a que reflexionemos en cuanto a si ocurriese lo peor eso sería tan grave y por último a poner atención en los problemas solo cuando se pueda hacer algo. Ante estas recomendaciones no nos queda otra cosa que seguir la vida normal y atender las situaciones según se presenten. La posibilidad de que ocurra un sismo cuando nuestros hijos estén en la escuela, existe, pero angustiarnos de antemano solo nubla nuestros pensamientos y perturba nuestro corazón. No resuelve nada.

¿Qué podemos hacer? Instruirnos y relajarnos. Debemos estar informadas y orientar a nuestros hijos sobre qué hacer y cómo mantener la calma en caso de que ocurra una emergencia. Distraer la mente ayuda mucho. A mí me relaja caminar al aire libre, repetir mantras u oraciones y usar algunas técnicas de relajación a través de la respiración. Identifica qué funciona para ti y ponlo en práctica. Agarremos a la ansiedad por los cuernos para dominarla.

Decretemos: Todo está en perfecto orden.

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SÍNDROME DE LOS HIJOS HIPERREGALADOS

Síndrome de los hijos hiperregalados… ¡Qué feo suena!, ¿no? Nuestros hijos podrían padecer de este síndrome si son colmados de regalos. Aunque para la mayoría de nosotros es tradición regalarles en Navidad, para su cumpleaños y en otras ocasiones especiales, debemos tener mucho cuidado para no excedernos en obsequios y convertirnos en los responsables de tener un hijo con el síndrome del hiperregalado.

A veces los padres nos sentimos culpables de no pasar el tiempo suficiente con nuestros hijos y buscamos llenar ese vacío con regalos. Sin embargo, los sicólogos infantiles afirman que esto es un error y que jamás podremos compensar la falta de tiempo compartido con cosas materiales. La felicidad que puede producir un presente es momentánea, mientras que el tiempo de calidad que pasemos con ellos, es duradero.

Por otro lado, si somos padres que queremos complacer a nuestros hijos con el más mínimo capricho, por evitar las perretas o creer que con esto seremos más apreciados, igual nos equivocamos. Más tarde o más temprano, los chicos dejarán de apreciar los obsequios porque tienen más de los que necesitan. Además, comenzarán a hacer desaires cada vez que reciban alguno que no les guste.

Un niño hiperrregalado puede presentar los siguientes síntomas:

  • Falta de concentración: es asediado con tantas cosas que no puede concentrarse ni disfrutar ninguna.
  • Falta de imaginación: tienen tantos juguetes que no pueden idearse creativamente la manera de cómo usarlos.
  • No valoran lo que tienen: se fijan en el valor monetario y no en la intención ni el afecto de aquella persona que les regala.
  • Nunca se sienten satisfechos: solo desean más y más, lo que les causa un vacío emocional difícil de llenar.
  • Poca tolerancia a la frustración: si siempre reciben todo lo que quieren sin ningún esfuerzo y mucho menos sin habérselo ganado, serán incapaces de sobrellevar futuras frustraciones.
  • Pueden convertirse en adultos materialistas: sufren las consecuencias del consumismo de la sociedad y repiten la conducta cuando son padres.

¿Hay forma de combatir el síndrome del niño hiperregalado? Sí, por fortuna la hay. No olvidemos que somos los adultos los mayores responsables de contribuir a esto. Francesc Núnez Mosteo, un sociólogo y profesor de la Universidad de Catalunya, recomienda emplear la regla que él llama los cuatro regalos. Estos son: un libro para leer, ropa y /o zapatos, algo que necesiten para el regreso a clases y un juguete. Su sugerencia obedece a la idea de ser sensatos y de establecer límites.

Como madre de una niña sé que si lo que esperan son juguetes, es difícil que acepten otras cosas. No obstante, es cuestión de evaluar la etapa en la que están, ir acostumbrándolos a que no todos los regalos son juguetes y enseñarles a valorar cualquier cosa que reciban para que no se conviertan en muchachos mal agradecidos. No conforme con esto, debemos modelar prudencia a la hora de consumir para no enviar mensajes contradictorios.

Esta Navidad y de aquí en adelante aprendamos a consumir con moderación y a regalar con mesura. Rescatemos el valor de la gratitud y ofrezcamos tiempo, conversación, buenos ratos, juegos, sonrisas y amor. Como estos no hay regalos más valiosos.

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FORMAS ERRÓNEAS DE SER MADRE

Pensamos que todas las mujeres podemos ser buenas madres y que somos incapaces de equivocarnos, pero no es verdad. A veces no atendemos situaciones que nos podrían conducir a formas erróneas de ser madres.

Veamos algunos ejemplos:

  • La enojada es la que habla mal de todo el mundo ante sus hijos. “De la abundancia del corazón habla la boca”, debemos evitar el enojo y no chismear de la familia, los vecinos, los amigos, etc. No salpiquemos con nuestro enojo a los demás.
  • La negativa siempre trasmite resentimientos en lugar de dejar que los hijos hagan sus propios juicios. La palabra es poderosa y si lo que profesamos está cargado de negatividad, eso será lo que atraeremos. Hablemos de forma positiva y evitemos juzgar a otros.
  • La mártir es la que sufre sin parar y les cuenta sus pesares a sus hijos con el fin de hacerlos culpables por sus sufrimientos. Solo busca que ellos sean sumisos y obedientes en todo momento. Las amarguras personales no deben ser trasmitidas a nuestros hijos.
  • La que todo lo hace por el bien de los hijos comete el error de querer que sus críos sean como ellas desean en lugar de verlos felices. En estos casos, los hijos podrían aceptar el maltrato pensando que ellas lo hacen por su bien. No podemos olvidar que la vida de nuestros hijos le pertenece a ellos y su felicidad es lo más importante.
  • La de mensajes ambiguos es capaz de lacerar la autoestima de sus hijos y al mismo tiempo les dice que los ama. Creen que los hijos no pueden hacer nada por sí mismos, porque ellas están para resolverles la vida. Inutilizar a nuestros hijos por un lado y por el otro enaltecer nuestro amor por ellos, es un mensaje ambiguo que debemos evitar.
  • La mamá tarántula cree que los hijos son una extensión de sí misma.  Es asfixiante, quiere ser parte de todo y vivir a través de ellos. Si sus hijos están independizados llama todo el tiempo, sin justa causa. Evitemos vivir la vida de nuestros descendientes porque ya tenemos la propia y si no nos gusta, podemos cambiarla.
  • La frustrada es la que no sabe identificar las necesidades de sus hijos y los cría totalmente dependientes. Prefiere que ellos no se independicen y que aun adultos vivan con ellas. No debemos cortar sus alas, sino enseñarles a volar y dejarlos libres.
  • La eterna madre tiene miedo de quedarse sola. Esa siempre está cuidando de sus hijos y alimentándolos, aunque sean adultos y tengan pareja. Una madre así solo se vuelve molesta y hace daño a la relación de pareja que su hijo tenga.

Si queremos ser buenas madres debemos evitar cometer estos errores porque le haríamos daño a nuestros hijos. Una madre que de verdad ama, cuida, confía y otorga, a sus proles, no solo guía, sino reconocimiento y libertad. Tenemos que permitir que nuestros hijos crezcan y se desarrollen. Un día los críos habrán de marcharse y eso no significa que el vínculo se termina; jamás debemos sacrificar su felicidad. Seamos capaces de vivir nuestra vida como mujeres independientes, autosuficientes y felices.

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DE VUELTA A LA RUTINA ESCOLAR

El regreso a clases ya es oficial y nos toca volver a la rutina. Sí, el corre y corre mañanero los inevitables tapones, las diligencias de último minuto… ¿Les resulta familiar? Hablemos de cómo podemos ayudar a los chicos para que tengan un año académico grandioso.

  • Asegurémonos de que tengan todo lo necesario

Libros, libretas, materiales escolares, uniformes, zapatos… Son tantas cosas que algo se nos puede olvidar. Es importante que unos días antes repasemos y nos cercioremos de que nuestros hijos tienen todo lo que necesitan para el regreso a clases. De este modo no nos tomará por sorpresa un pedido de último minuto.

  • Velemos sus horas de sueño

En el verano, nuestros hijos cambian su horario: juegan más y duermen menos. No obstante, en el proceso de volver a la rutina, debemos restablecer las horas de descanso, de modo que este sea suficiente y no se levanten con sueño o malhumorados. De lo contrario, no estarán lo suficientemente alertas y dispuestos a aprender.

  • Vigilemos que tengan buena alimentación

Todos sabemos que tomar el desayuno es esencial. Sin embargo, a veces se nos hace tarde o los chicos no quieren comer en la casa. En ese caso, debemos prepararle una lonchera con alimentos nutritivos para que coman antes de entrar a clases. También podemos motivarlos para que vayan al comedor escolar, si se ofrece ese servicio. Por otro lado, si se les da dinero para que compren en la cafetería, debemos percatarnos de los artículos que venden y enseñarles a nuestros hijos a administrar bien el dinero.

  • Estemos pendientes de las tareas

En la edad primaria los niños necesitan mucha supervisión y apoyo. Por eso es necesario revisar las libretas, diariamente, para darle seguimiento a las tareas que puedan tener. No debemos cometer el error de simplemente preguntar a nuestros hijos y confiar en lo que dicen, ya que a veces se distraen y olvidan algunas asignaciones o pendientes.

  • Enseñémosles a ser organizados

La organización es un aspecto muy importante para el éxito escolar, laboral y personal. Lo primero es educar con el ejemplo y lo segundo, ayudarlos y enseñarles cómo se hace. La organización incluye desde tener sus libretas, libros y artículos escolares en el lugar correspondiente, hasta establecer un horario diario que incluya: descanso, tareas y estudio, recreación, etc.

  • Instemos a nuestros hijos a estudiar

Estudiar puede ser un arte placentero como una obligación antipática. Nos corresponde a los padres, apoyar la labor de los maestros e instar y ayudar a nuestros hijos a estudiar. Es importante que demostremos entusiasmo y mostremos cuáles son los beneficios de aprender. Cada vez que se anuncie un examen, convenimos estar alertas y apoyarlos. Tanto en la preparación de un buen repaso como ocuparnos, personalmente, o a través de algún tutor, de que el material sea aprendido efectivamente.

  • Llevémoslos a tiempo  

Del mismo modo que no nos ausentamos del trabajo, sin razón justificada, los chicos no deben faltar a la escuela sin una causa válida. En caso de enfermedad, definitivamente, no debemos enviarlos a la escuela, sino cuidarlos en la casa o llevarlos al médico. Cuando esto ocurre, corresponde indagar con algún compañero o con los maestros, sobre el material dado en clase para que no se atrasen y se pongan al día a la brevedad posible. La comunicación con los pares y los maestros es transcendental para este y otros aspectos.

  • Apoyemos las actividades extracurriculares

La vida estudiantil no solo son tareas y exámenes. Existen actividades extracurriculares igualmente imprescindibles para el crecimiento y desarrollo de nuestros hijos. Hemos no solo alentarlos a que participen de las mismas, sino también involucrarnos como padres, participar y ayudar a la comunidad escolar en las actividades que celebren.

  • Hablemos de la escuela

Nuestros hijos pasan de 6 a 8 horas en la escuela. Periodo en que nosotros trabajamos y estamos alejados de ellos. Hablar sobre el día a día es una conversación que no debe faltar. Busquemos la manera de hacerla casualmente y de forma entretenida, para que no sientan que los estamos investigando. No obstante, saber cómo pasaron el día es significativo, porque mantiene la comunicación entre padres e hijos y nos implica en su vida estudiantil y personal.

El regreso a la rutina no tiene que ser una pesadilla. Vamos a organizarnos y a ocuparnos de lo que nos toca. ¡Apoyemos a nuestros hijos para que tengan un feliz y exitoso año académico!

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EL AUTÉNTICO LEGADO

A July

Si te preguntan qué legado quieres dejar a tus hijos, ¿qué responderías? Quizás pienses en dinero, bienes, educación, memorias… El verdadero legado empieza en vida. Solo cuando perdemos a nuestros padres reconocemos y valoramos su herencia. En mi caso, la dote que más valoro no tiene que ver con lo material, que deprecia y desaparece. El tesoro de mis padres cobra más valor cada día porque en lugar de esfumarse, brota y se multiplica. Lo que lo vuelve una riqueza invaluable que espero dejar a mi hija.

En mi opinión, empieza con el ejemplo, porque los consejos que no se viven se pierden en el vacío. Mi padre, para mí, fue modelo de credibilidad, verticalidad, lealtad, confianza y respeto. Mi madre, de humildad, honestidad, amor, discreción y entrega. De mi padre aprendí el amor por la lectura, la atención hacia el discurso, las ansias de aprender y la pasión por las letras. De mi madre, el amor incondicional, la elegancia de la sencillez, el poder de las palabras y el compromiso ineludible.

De sus cosas materiales guardo pequeños detalles que conservan su esencia. Una corbata y un pañuelo con la inicial de mi Papá, algunas fotos y trazos de su puño y letra. De mi Mamá conservó unos lentes, un anillo, un prendedor y su perfume plasmado en las páginas de su libro sagrado. De mi padre atesoro recuerdos de mi niñez cuando jugaba conmigo los mismos juegos que hoy practico con mi hija. A las cosquillas, el pellizquito en la nalga y algunas canciones que tarareaba que yo era la nena de papi. De mi madre recuerdo su complicidad, su costumbre de siempre comprarme alguna bobería si salía sin mí y su alcahuetería al prepararme un menú distinto cuando lo que cocinaba para la familia a mí no me gustaba.

Como ellos eran tan distintos el uno de la otra, aprendí distintas formas de ver la vida y de afrontar las dificultades, pero siempre a salir airosa. Me enseñaron a respetar a los mayores y a valorar su sabiduría. Me ejemplificaron qué es tener responsabilidad y cumplir con mis deberes y obligaciones. Me regalaron el principio de la libertad como el ente que le permite al ser humano tomar sus decisiones y a actuar según su intuición, inteligencia y voluntad. Sé que a veces no estuvieron de acuerdo con mis elecciones, pero siempre las respetaron para que aprendiera a madurar con cada una de mis equivocaciones.

En mi crianza hubo una que otra nalgada, algunos gritos, pocos castigos y mucho ejemplo de entereza y humildad. Todo fue merecido, aunque quizá en su momento no fue bien recibido. No obstante, mis padres, con paciencia y amor, rompieron y formaron mi vasija las veces que fue necesario e hicieron de mí la persona que soy.

El auténtico legado empieza en vida. Si logro dejarle a mi hija solo una parte de lo que mis padres me heredaron a mí, me sentiré feliz. Quiero que tenga muchas fotos y videos de los momentos que vivimos juntas para que las imágenes acompañen su memoria (ahora sé el tesoro que es eso). Aspiro dejarle las letras. Desde que soy madre me he dedicado a escribir mucho para que ella aprenda que las palabras son poderosas y transformadoras, y para contarle nuestras anécdotas. Deseo que cuando yo no esté me sienta y me recuerde cada día de la forma en que yo lo hago con mis padres. Porque cuando el cuerpo se marchita y el aliento se va, queda la esencia espiritual perennemente y si esta es loable, somos bienaventurados.

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CÓMO PODEMOS APOYAR EL SANO DESARROLLO DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO

Para fomentar que nuestros hijos tengan un desarrollo de género saludable, es importante que sepamos qué es la identidad de género y cómo se forma.  La doctora Asia Eaton, sicóloga social, explica que el sexo es el género asignado de acuerdo a las características físicas con las que nacemos. Mientras que la identidad de género es el sentimiento que tenemos sobre quiénes somos, la interacción de los rasgos biológicos, las influencias del desarrollo, las condiciones del entorno y del contexto sociocultural.  Es decir, la orientación sexual generalmente se refiere hacia quién nos sentimos atraídos sentimental o sexualmente. No obstante, la identidad sexual se trata de cómo pensamos acerca de nosotros mismos como seres sexuales.

Según especialistas de estudio de género y sicología infantil, la identidad de género se desarrolla poco a poco. El doctor Jason Rafferty, pediatra y sicólogo, explica que a los dos años los infantes toman conciencia de las diferencias físicas entre niños y niñas. Alrededor de los tres, pueden identificarse como varones o hembras. Y a los cuatro, la mayoría tienen un sentido estable de su identidad de género. Los expertos afirman, que la primera experiencia de atracción sexual puede ocurrir desde los 6 hasta los 16 años. Sin embrago, aunque en estas edades pueden experimentar atracción sexual, es poco probable que tengan la capacidad cognitiva y emocional para comprender completamente lo que significa la orientación sexual.

¿Cómo podemos los padres apoyar el sano desarrollo de la identidad de nuestros hijos? Los peritos del tema nos recomiendan que les demos la ocasión de explorar distintos roles de género y distintos estilos de juego. Podemos cerciorarnos de que el entorno de nuestros hijos refleje diversidad en los roles de género y fomente oportunidades para todos.

El doctor Rafferty ofrece varias recomendaciones. Por ejemplo:  mostrarles libros infantiles querevelen a hombres y mujeres en roles de género no estereotipados y diversos como enfermeros, secretarios, constructoras, empresarias, o padres que se quedan en casa mientras las madres salen a trabajar.  Otra cosa que podemos hacer es ofrecerles variedad de juguetes entre los cuales elegir, que incluyan muñecas, carritos, figurillas de acción, bloques de construcción, cocinitas, disfraces, entre otros. También es importante permitir que nuestros hijos elijan a sus amigos y las actividades en las que desean participar.

De acuerdo a Rafferty, además de los juguetes, juegos y actividades que eligen, los niños suelen expresar su identidad de género a través de la ropa y los peinados que le gustan, la conducta social que refleje grados variados de dominio o delicadeza, el género de sus amigos y de las personas a las que deciden seguir o imitar, los modales, los gestos físicos y otras acciones no verbales identificadas como masculinas o femeninas.

El sicólogo, Clinton W. Anderson, por otra parte, explica que, aunque el género y la sexualidad están sujetos a cambios socioculturales y (supuestamente) somos una sociedad que acepta la diversidad, cuando los intereses de nuestros hijos son disímiles de los que la colectividad espera, pueden sufrir exclusión y acoso. En este caso, recomienda que, en vez de obligar a nuestros hijos a ceder ante estas presiones, luchemos por obtener espacios seguros donde se sientan cómodos y a gusto con quienes son.

No queremos más historias como la Jamel Myles, el niño de 9 años que se suicidó en el 2018 en Estados Unidos, luego de sufrir persecución por ser “homosexual” en una escuela de Denver, Colorado, donde estudiaba. Anderson añade, además, que la aceptación de nosotros, los padres, puede proporcionar cierta protección, pero que instituciones como las escuelas, tienen que comprometerse y garantizar entornos seguros y propicios para todos los niños. Es responsabilidad de todos, con el fin de promover la evolución y la garantía de que todos los niños se conviertan en adultos felices.