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REORGANIZANDO LA AGENDA

Se acabó lo que quedaba… El regreso a clases ya es oficial y nos toca reorganizar la agenda. Ante esta realidad, quiero compartir con ustedes algunos consejos (que he seguido) y que nos permitirán ayudar a nuestros hijos para que tengan un nuevo año académico lleno de éxito. Veamos:

  • Asistir a la reunión de padres que se celebra antes de empezar el curso

En esta tertulia, los directivos y los maestros comparten con nosotros información general muy importante; desde el aspecto administrativo hasta el académico. Así también, asistir el primer día de clases en apoyo a nuestros críos. Sobre todo, si están en edad prescolar y elemental y si son nuevos en la escuela (como es nuestro caso).

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  • Visitar la escuela y su hogar cibernético

Siempre resulta provechoso conocer las instalaciones de la escuela para identificar lugares importantes como: las oficinas administrativas, el salón hogar, el comedor y / o cafetería, los baños, la biblioteca, etc. En esta época, la mayor parte de los colegios cuentan con una página electrónica en la que ofrecen información de último momento, como también, general. Es muy útil visitar este sitio, frecuentemente, para estar al día de lo que está sucediendo o por ocurrir. La tecnología puede ser nuestra aliada, debemos aprovecharla al máximo.

  • Vigilar que tengan buena alimentación

Todos sabemos que tomar el desayuno es esencial. Sin embargo, a veces se nos hace tarde o los chicos no quieren comer en la casa. En ese caso, debemos prepararle una lonchera con alimentos nutritivos para que coman antes de entrar a clases. También podemos motivarlos para que vayan al comedor escolar, si se ofrece ese servicio. Por otro lado, si se les da dinero para que compren en la cafetería, debemos percatarnos de los artículos que venden y enseñarles a nuestros hijos a administrar bien el dinero.

  • Velar el sueño

En el verano, nuestros hijos cambian su horario: juegan más y duermen menos. No obstante, en el proceso de reorganizar la agenda, debemos restablecer las horas de descanso, de modo que este sea suficiente y no se levanten con sueño y malhumorados. De lo contrario, no estarán lo suficientemente alertas y dispuestos a aprender.

  • Estar pendientes de las tareas

En la edad primaria los niños necesitan mucha supervisión y apoyo. Por eso es necesario revisar las libretas, diariamente, para darle seguimiento a las tareas que puedan tener. No debemos cometer el error de simplemente preguntar a nuestros hijos y confiar en lo que dicen, ya que a veces se distraen y olvidan algunas asignaciones o pendientes.

  • Enseñémosles a ser organizados

La organización es un aspecto muy importante para el éxito escolar, laboral y personal. Lo primero es educar con el ejemplo y lo segundo, ayudarlos y enseñarles cómo se hace. La organización incluye desde tener sus libretas, libros y artículos escolares en el lugar correspondiente, hasta establecer un horario diario que incluya: descanso, tareas y estudio, recreación, etc. Además, debemos proporcionarles un lugar adecuado, donde se sienten a hacer sus tareas, que sea cómodo y libre de distracciones.

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  • Instruir a nuestros hijos a estudiar

Estudiar puede ser un arte placentero como una obligación antipática. Nos corresponde a los padres, apoyar la labor de los maestros e instruir y ayudar a nuestros hijos a estudiar. Es importante que demostremos entusiasmo y mostremos cuáles son los beneficios de aprender. Cada vez que se anuncie un examen, convenimos estar alertas y apoyarlos. Tanto en la preparación de un buen repaso como ocuparnos, personalmente, o a través de algún tutor, de que el material sea aprendido efectivamente.

  • Asistir puntualmente

Del mismo modo que no nos ausentamos del trabajo, sin razón justificada, los chicos no deben faltar a la escuela sin una causa válida. En caso de enfermedad, definitivamente, no debemos enviarlos a la escuela, sino cuidarlos en la casa o llevarlos al médico. Cuando esto ocurre, corresponde indagar con algún compañero o con los maestros, sobre el material dado en clase para que no se atrasen y se pongan al día a la brevedad posible. La comunicación con los pares y los maestros es transcendental para este y otros aspectos.

  • Ayudar a la comunidad escolar

La vida estudiantil no solo son tareas y exámenes. Existen actividades extracurriculares igualmente imprescindibles para el crecimiento y desarrollo de nuestros hijos. Hemos no solo alentarlos a que participen de las mismas, sino también involucrarnos como padres, participar y ayudar a la comunidad escolar en las actividades que celebren.

  • Hay que hablar de la escuela

Nuestros hijos pasan de 6 a 8 horas en la escuela. Periodo en que nosotros trabajamos y estamos alejados de ellos. Hablar sobre el día a día es una conversación que no debe faltar. Busquemos la manera de hacerla casualmente y de forma entretenida, para que no sientan que los estamos investigando. No obstante, saber cómo pasaron el día es significativo, porque mantiene la comunicación entre padres e hijos y nos implica en su vida estudiantil y personal.

Así que amigos lectores, el regreso a clases ya es oficial. Vamos todos a reorganizar la agenda, ocupémonos de lo que nos toca, que este nuevo año académico será genial.

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TENGO A JULIO EN EL BOLSILLO

A Ramonita y J&J

El mes de julio no es solo sol, playa y recreación. También es la temporada de prepararse para el regreso a clases. Para una soltera con compromiso suele ser bastante estresante sumar, restar, multiplicar, dividir y ver los números en negativo. Sí, causa ansiedad, mal humor y coraje. Máxime si es una sola quien cubre los gastos.

Sucede que muchas madres solteras no recibimos la ayuda monetaria que los padres tienen que proveerles a sus hijos. Las causas varían. Algunos se cantan pela’os, otros han tenido la mala suerte de “quedarse” sin trabajo, y los demás no pierden el sueño por estos “pequeños” detalles. Como consecuencia, aquí estamos nosotras arreando con todo, porque cualquier cosa es posible, menos que a nuestros hijos les falte algo. Así que en julio… tomamos menos sol, vamos menos a la playa y nos quedamos más en casa; con el propósito de economizar algunos dólares que luego utilizaremos para consumo escolar.

En mi caso, trabajo todo el verano y aun así los números son negativos. Y cuando reclamo para mi hija lo que le corresponde, me contestan que cambie mi estilo de vida. Así mismo, como si me quedara en casa sin trabajar esperando la pensión para hacerme el pelo y las uñas. Soy una soltera con compromiso, profesional y trabajadora. Mi estilo de vida lo mantengo yo y, por supuesto, el de mi hija. Porque cuando no recibe lo que le toca, ahí estoy yo, supliendo todas sus necesidades y complaciendo algunos caprichos.

Si me preguntan cómo lo hago, tengo dos respuestas. La primera es que agradezco al universo sus bondades y como consecuencia recibo lo que me corresponde por derecho divino. La segunda es que tengo amigos inigualables que velan tanto por mí como por mi hija. Cuando damos gracias recibimos, y no hay esfuerzo vano. Que no debería ser así, estoy de acuerdo y tengo mis luchas al respecto.

Sin embargo, al final lo que importa es que mi hija reciba lo que necesita, por la vía que el universo conspire. Doy gracias por lo que tengo y pido abundancia para los pela’os, empleo para los desempleados y conciencia para los que “duermen” bien. Todo está en perfecto orden. Tengo a julio en el bolsillo.

 

 

 

 

 

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MADRES TÓXICAS

A Nata y July

Los hijos son regalos hermosos que la vida nos da. Sin embargo, son prestados. Nos toca alimentarlos, cuidarlos y educarlos hasta el día que pueden hacerlo solos. Ciertamente queremos lo mejor para ellos y bajo esa premisa, regañamos y castigamos. Sin embargo, ese obsequio es para nuestro crecimiento personal. No hay un amor más grande que el de padres e hijos, ni sufrimiento mayor.

En el proceso de criarlos trasmitimos valores y también estereotipos. Acertamos y erramos. Con el paso de los años, esas pequeñas criaturas van desarrollando su propia personalidad, van definiéndose como personas. Nos corresponde que nuestra relación con ellos inspire confianza para conocerlos mejor, para que no haga falta que nos guarden secretos. Los hijos merecen respeto y muchas veces transgredimos ese precepto.  Con el paso de los años tomarán decisiones que no nos gustarán y desarrollarán gustos que no nos agradarán. No obstante, debemos apoyarlos, sean cuales sean.

Cuando era muy joven me sentía asfixiada ante tanta protección que mi padre me brindaba. Era excesiva. No me sentía cómoda, sino cohibida e infeliz. Un día se lo dije y aunque fue duro para él, porque pensaba que lo estaba haciendo bien, decidió darme mi espacio y prometió que nunca más interferiría en la toma de mis decisiones. Luego de eso, nuestra relación fue mejor. Tomé decisiones equivocadas, pero nunca me juzgó, su apoyo fue incondicional. Estoy segura que hice cosas que le rompieron el corazón, pero jamás dejó de amarme y demostrarme que era la persona más importante en su vida.

Aunque esa fue mi experiencia, no es la de todos los hijos. Tengo amigas cuyas madres son tóxicas y pretenden administrarle la existencia y hasta los pensamientos. Olvidan que los hijos tienen su propia vida y merecen vivirla como les plazca, a pesar de que, en ocasiones, no sea de su agrado. Hay madres tan justicieras que en otra época hubieran sido un terrible verdugo. Espero no ser así, jamás.

Creo que las madres podemos ser amigas y cómplices de nuestras hijas, en lugar de forzarlas a tomar decisiones que les marcarán la vida. Que se casen si lo desean, que convivan si es lo que quieren. Las madres no deben obligar a sus hijas a un matrimonio, que para bien o para mal, será solo de ellas. Que se acuesten con hombres si es su preferencia o con mujeres, si ese es su anhelo. Importa más que las amen, no que complazcan a otros, ni que sean víctimas de prejuicios sociales. Que tengan hijos si les complace, no exijan nietos como si fuera un pedido que ordenan por internet y les llega por correo, ¡qué bastante difícil es criar! Que estudien lo que les apasione, en lugar de decirle que se van a morir de hambre si escogen equis carrera. Si algo vamos a exigirles, demandémosle que sean felices.

Un viejo sabio dijo que en la medida que juzgamos dejamos de crecer porque solo somos capaces de ver un fragmento de la historia y no sabemos lo que ocurrirá mañana. En la medida que enjuiciamos dejamos de ser uno con el todo porque nos obsesionamos con una parte de la totalidad, y ni crecemos ni dejamos crecer. Evitemos ser madres tóxicas y disfrutemos del privilegio divino de ver a nuestros hijos formarse como hombres y mujeres únicos y dichosos. Seamos parte de su felicidad, jamás de su fatalidad, porque el amor de una madre debe aspirar a la complicidad.

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UN SOLTERO EN MI COCINA

A J&J

La “esclavitud” de mi madre a la cocina contribuyó a que yo no simpatizara mucho con el arte culinario. Máxime cuando aquel verano que Mami se fue un mes de vacaciones, me tocó ocupar su lugar, tres veces al día. Luego, mi padre bromeaba diciendo que cocinaba mejor que mi mamá y la sola idea de estar terminando el desayuno, pensando qué prepararía para el almuerzo, me espantaba. A raíz de esta experiencia, le perdí el amor a la cocina. No pienso en ella como un espacio creativo, sino como un terreno de sumisión.

Sé cocinar, pero pocas veces lo hago. Mi hija y yo sobrevivimos, no por mi mano. Lo bueno de esto es que Sofía Valentina ha aprendido a defenderse muy bien en ese espacio. Hasta creativa se pone, de cuando en vez. Lo no tan bueno es que me despisto de tal manera que los comestibles expiran en mi nevera y en mi alacena.  Y que eso de tener variedad de utensilios de cocina, no lo conozco.

Un soltero en mi cocina es testigo de ello. ¿Qué cómo es eso? Les cuento. Él es un soltero bien criado, por una mamá soltera (lo que no debe ser casualidad). Como su compromiso es él, es un hombre independiente y autosuficiente. Tanto así, que se fija en esas nimiedades como las fechas de expiración en los comestibles. Y en esas changuerías de que hay un cuchillo para cortar la carne y otro para picar el pan.

La primera vez que me vació la nevera y me regañó por un despiste inadmisible como el hecho de tener tantos artículos expirados, quedé patidifusa. Tanto así que, en lugar de ponerme pico a pico con él, como suelo hacer, me quedé en silencio. Luego me reí de su osadía y no le presté mucha importancia.  No obstante, ahora hasta le advierte a mi hija que revise las fechas de expiración antes de consumir lo que le ofrezco. Ya no me sorprendo, ahora me río.

Sin embargo, este soltero no entiende la palabra multiuso. ¿Qué es eso de pedirme un cuchillo para cortar la carne y otro para picar el pan? “Lo que tengo es un cuchillo multiuso”, le dije mientras le acercaba el filo. En mi biblioteca tengo buena variedad y separo los libros por autores y géneros literarios, pero en mi cocina no hay multiplicidad y la organización es algo incierta.

El soltero en mi cocina me ha dado buenas lecciones, a pesar de que aparente ignorarlo, siempre lo escucho y algunas veces le hago caso. En repetidas ocasiones intenta imponer orden a lo que él cree que es un desorden, pero en eso se equivoca, no hay tal desorden. Solo existe la diferencia de la “etiqueta”. Él siempre es bien “formalito”, yo una libertaria. Lo que es genial, porque nos divertimos más.

El hecho de que casi no cocine, no me hace mala madre porque me ocupo de que mi hija se alimente y como ven, está en perfecta forma y salud. No obstante, la experiencia en la cocina con un soltero experimentado y muy educado en esas artes, es refrescante y la disfruto, mientras Sofía Valentina observa, comenta, participa o me defiende.

P. D. Al soltero en mi cocina ahora debo que lea las etiquetas y encienda más la estufa.

 

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LAS BUENAS MADRES NUNCA MUEREN

A Maritere, Lugo y Alana

Las buenas madres nunca mueren. Se van del plano físico, como es natural, pero se quedan en nosotros para siempre. Hasta las nenas de papi sufrimos más la muerte de mami.

Recientemente dos de mis mejores amigos perdieron a sus madres y una buena amiga dejó a su hija huérfana. Han sido semanas de sentimientos encontrados. Tristeza por el dolor de ellos, tristeza por mi propia pena. No hay pérdida que se compare a la de una madre, pero sobrevivimos a ella, por naturaleza. No pasa un día sin que las recordemos. Unas veces con alegría, otras con nostalgia, incluso con coraje…

Las madres nunca mueren. La mía está a punto de cumplir nueve años de haberse ido, pero ese tiempo no pasa. Los recuerdos son tan vívidos como los de ayer. Cuando se van es como si transmigraran a cada hijo. Así siento a la mía y me asombra cuando la escucho en mi voz. No se quedan en los objetos que le pertenecieron, su esencia nos habita, misericordiosamente.

Cuando tengo dudas ahí está ella, aclarándolas. Cuando cometo errores, aparece reprendiéndome.  Pelea conmigo en mis sueños como cuando vivía y nunca ha estado tan cerca como ahora. Creo que cuando se van, la mejor forma de honrarlas es escuchándolas, porque se vuelven un susurro en nuestro oído y aunque nos pese reconocerlo, siempre tienen razón.

Algunos me critican porque jamás he visitado la tumba de mi mamá. No me nace, no puedo ir a buscarla donde no está. Sin embargo, en mi casa, florece todos los años en la misma fecha y en mi corazón, habita.

Espero vivir muchos años para que mi hija no sufra, para pasar mucho tiempo con ella y disfrutarla. Ojalá que la vida me alcance para amarla lo suficiente y para quedar en ella, cuando me muera. ¡Qué sean tantos los recuerdos y no me extrañe, qué sea mi vida un ejemplo para guiarla!

Así que amigos míos, a pesar de que la pérdida de la madre es invaluable, la ganancia de conocerlas a través de los sentidos es casi inexplicable. Su forma de revelarse y sostenernos es comparable solo con la divinidad.  Entre risas y lágrimas ellas siempre están. Las buenas madres nunca mueren: ¡honrémoslas!

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AUTOESTIMA Y FORTALEZA EMOCIONAL

¿Quiénes sufren más de baja autoestima? ¿Las niñas o los niños? Si analizamos los mensajes culturales que promueven los medios, podemos concluir que las niñas padecen de más baja autoestima que los niños. Los mensajes que reciben promueven estereotipos, por eso, hoy día, hay niñas muy inconformes con su apariencia. Según investigaciones, cada vez hay más niñas que no están felices con su peso, su estatura, su forma corporal, su cabello y otros aspectos de su apariencia.

Vale cueva

Pero no solo es el aspecto físico lo que lacera la autoestima de las niñas, es también la forma en como los niños las tratan, lo que también responde a los patrones culturales. Si los niños les dicen a las niñas que no hacen nada bien, que son aburridas, tontas, miedosas y estúpidas; ellas, lamentablemente, lo van a creer. Y lo peor del caso, es que como esto no ocurre en la intimidad del hogar, puede pasar tiempo antes de que mamá o papá, sepa lo que está ocurriendo.

Vale baloncesto

Recientemente mi hija demostró cierta laceración relacionada con este asunto, y me tomó por sorpresa. Siempre procuro decirle cosas positivas, bonitas y alentarla a que puede lograr cualquier cosa que se proponga. No obstante, cuando está en la escuela, solo sé lo que ella me cuenta. Aparentemente debo ser más inquisitiva respecto a cómo pasa los días, para evitar que guarde heridas que puedan hacerle daño a largo plazo.

La autoestima es tan importante como cualquier otro aspecto de la salud, por lo que hay que cuidarla para evitar trastornos graves. Una pobre autoestima en una niña la puede llevar a aislarse socialmente, deprimirse, sufrir trastornos de alimentación y hasta abusar de sustancias. Ninguna madre y ningún padre quiere eso para sus niñas.

Vale escalando

Tenemos que estar alertas para identificar las señales que nos alerten. Cualquier cambio repentino en ellas, puede ser una bandera que se levante. En mi caso fue el llanto. Un llanto que en un principio confundí con changuería. Afortunadamente mi hija habló. Me dijo todo lo que había pasado y cómo se sentía. Sin embargo, no siempre podemos contar con eso. Un problema de autoestima puede ocasionar que nuestras niñas dejen de comunicarse. Cada caso puede ser distinto, por eso tenemos que observarlas y mantener buena comunicación con las personas claves que están cerca de ellas en la escuela. Después de todo, es un trabajo en equipo.

Si eres padre o madre de una niña no te olvides de abrazarla y decirle cosas positivas que no se centren en su apariencia, sino en su esencia. Tenemos que enseñarles a nuestras niñas que todos tenemos derecho a ser como queramos: nosotros mismos; que cada uno es un molde diferente y esa diversidad nos hace maravillosos. Debemos promover el respeto, la igualdad y el perdón entre niñas y niños. Que aprendan que son seres grandiosos independientemente del sexo, que son iguales y se merecen el mismo trato. Promovamos la autoestima saludable y la fortaleza emocional.

Vale y yo mar

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ASUME

Seguramente, al leer el título, muchos piensan que hablamos del sustento de menores ya que, en Puerto Rico, así se conoce a la organización gubernamental que atiende este asunto. No obstante, no se trata solo de eso. Asumir es hacerse cargo, responsabilizarse de algo, aceptarlo. Así que va más allá de la manutención. Cuando un padre tiene el deber de mantener a un hijo y el privilegio de compartir con él, debe asumir otros compromisos porque su bienestar va más allá de lo económico.

Hay veces que el padre que tiene la obligación de pasar la pensión, piensa que le está dando dinero a la madre y duda que esta lo manejará adecuadamente. En ese caso debería tener al hijo, por lo menos un mes, y asumir todos sus gastos y caprichos para que entienda que poco es suficiente porque las madres hacemos milagros. Doy fe de ello cuando he sobrevivido muchas veces sin la aportación económica del padre de mi hija y la gracia divina ha multiplicado nuestro pan y nuestros peces. Cuando el proveedor incumple con su obligación, las madres trabajamos más y hacemos malabares para que nuestros hijos no sufran ningún impacto.

Sin embargo, además del deber económico, existe el cometido moral. Si el padre goza del privilegio de pasar tiempo con sus hijos, no debe perderlo porque el momento que pasa ya no vuelve. A veces los papás buscan a los niños y en vez de disfrutar con ellos, los dejan con un familiar, o se los llevan a hacer cosas de adultos y no comparten tiempo de calidad con ellos. Eso también es asumir, ya que la responsabilidad de un padre es saciar todas las necesidades, y la parte emocional es sumamente importante. Un hijo que no se siente amado, no es feliz.

Los hijos crecen y con el paso del tiempo van comprendiendo cosas que en un momento no entendían o no percibían. De allí nace el vacío, el reproche y la tristeza por aquello que entienden que les faltó. Podemos herir a nuestros hijos accidentalmente, pero lastimarlos a causa de nuestra imprudencia, es desleal. Asumir lo que es ser madre y padre es encargarse de toda la complejidad de otro pequeño ser humano.

Yo asumo:

  • Asumo los buenos días, el beso y el abrazo mañanero.
  • Asumo la tranquilidad y la fe cuando la dejo en la escuela.
  • Asumo las tareas diarias y los caprichos furtivos.
  • Asumo su esparcimiento, su aseo, su descanso.
  • Asumo el cuento nocturno y el abrazo en la cama hasta que llega el sueño.
  • Asumo que esté bien física y emocionalmente.

¿Qué asumes tú?

P. D. Esta columna está escrita desde mi perspectiva como madre, pero me consta que puede ser a la inversa. Seamos juiciosos.