amor · educación · empoderamiento · expresión · felicidad · futuro · independencia · participación

CRIAR NIÑAS FELICES Y EMPODERADAS

La felicidad se define como un estado de grata satisfacción espiritual y física. El empoderamiento es hacerse fuerte, poderoso y tener autoridad para hacer algo. Las madres del siglo XXI tenemos un reto más: criar niñas felices y empoderadas. ¿Qué simboliza esto? Significa formar con amor, atención e independencia para que nuestras hijas se conviertan en mujeres triunfadoras, capaces de contribuir a un mundo mejor. ¿Cómo podemos hacerlo? Potenciando sus habilidades y su confianza para que crezcan felices y seguras de su alcance en la sociedad.

Por ejemplo, hay poderes que podemos comenzar a darles desde pequeñas. Uno de ellos es el de la expresión y la participación. A las niñas hay que enseñarles que tienen derecho a expresarse y a participar, de la misma manera que los niños. Ellas deben entender que sus opiniones son válidas y que deben exigir ser escuchadas y no recibir un trato discriminatorio. El seno del hogar y los salones de clases son buenos escenarios para esta práctica.

También logremos mostrarles que tienen la potestad de amar y sentirse amadas.  El éxito de la crianza tiene su base en el amor, por lo que tenemos que demostrarlo para que aprendan a expresarlo libremente. Una niña feliz y empoderada será capaz de amarse a sí misma y de demostrar su afecto hacia otros con seguridad y respeto. Lo que la convertirá en una mujer indudable de sus emociones. 

En la etapa de la crianza tenemos que darles el dominio de ser ellas mismas. Evitemos la formación estereotipada para que logren definirse alrededor de ellas mismas. Esto les permitirá desarrollar libremente su propia personalidad, su esencia, su individualidad. Que aprendan que lo que puedan pensar que es una imperfección, no es más que otro rasgo de su singularidad.

Soñar es un poder que tampoco debemos fallar en fomentar. El desarrollo de la creatividad y la imaginación es fundamental para un crecimiento saludable. Por lo tanto, alentemos sus sueños y que sueñen en grande porque no hay límites para su potencial. Mostrémosles ejemplos de figuras triunfadoras que desde niñas soñaron lo que ahora son.

Las niñas deben tener la potestad de planificar su futuro.  Conversemos con ellas sobre el porvenir, sus intereses, pasiones e ilusiones. Tener un plan de vida es beneficioso y puede prevenir la deserción escolar, un mal inicio de la sexualidad y un embarazo precoz, entre otras cosas.

Cuando criamos niñas comprometámonos darles autoridad de desarrollo a través de la educación que es uno de los indicadores más efectivos para prever el empoderamiento de una niña. Mientras más educación alcance, mayor capacidad, tendrá, de tener el control social, económico, profesional y personal de su vida.

Enseñémosle, además, el poder que otorga una buena administración financiera para que se conviertan en mujeres soberanas, capaces de administrar sus bienes para beneficio propio y de su entorno. Criar niñas felices y empoderadas debe ser nuestra meta, contar con mujeres realizadas será una gran satisfacción.

educación · madres · niñez · padres · sexismo

CÓMO EVITAR UNA EDUCACIÓN SEXISTA

La educación sexista es más común de lo que pensamos. Empieza con simples detalles como asignar sexo a los colores y regalar juguetes diferentes a los niños y a las niñas. Aunque muchos puedan pensar que esto es algo natural e inofensivo, no lo es. Si queremos evitar actitudes discriminatorias y violencia de género, debemos educar para la igualdad. Podemos comenzar en casa.

Cosas rutinarias, como las tareas del hogar, deben ser distribuidas entre ambos sexos. Los varones pueden hacer labores como fregar y barrer y las hembras, a su vez, lavar el carro, cambiar una bombilla, por ejemplo. Si se trata de una familia monoparental, como la mía, en la que las dos somos féminas, también podemos educar con una base en la igualdad de género. Cuando no hay presencia del sexo opuesto, podemos hablar al respecto e instruir a través de libros, películas, etc.

La expresión de los sentimientos debe percibirse como lo que es, algo natural e individual que nada tiene que ver con el sexo. En el siglo XXI aún hay padres y madres que critican a sus hijos si lloran en público, pero no a sus hijas. Llorar y reír es lo mismo porque son emociones. De modo que esa actitud castrante de que los nenes no deben llorar en público, debe erradicarse totalmente. Nosotros debemos expresar nuestros sentimientos libremente y fomentar que nuestros hijos así lo hagan.

Otro punto importante que debemos tener presente es el lenguaje sexista. Muchas veces se pueden hacer comentarios de este tipo o usar palabras despectivas sobre el otro sexo, sin tener plena conciencia de ello. Por eso debemos ser muy cuidadosos con lo que expresamos. Comentarios como: “no aceptaron a la nena en el equipo de futbol porque es muy débil…” o “ese es el único nene en la clase de danza…” Mensajes como estos están cargados de estereotipos y prejuicios que nuestros hijos pueden terminar imitando.

Las actividades extracurriculares que elijamos para ellos, deben ser las que más les apasionen. Recordemos que el niño y la niña son igualmente capaces de desempeñarse en diversas acciones. Una niña puede realizar actividades físicas como un varón y un niño puede realizar actividades pasivas como una niña. La única diferencia entre una cosa u otra, es el impulso del corazón. Y ese ímpetu es asexual.

Al momento de jugar debemos promover que todos puedan usar libremente los juguetes y no separárselos como si tuvieran que cumplir con unos roles de acuerdo al sexo. El juego es un espacio de creatividad y de aprendizaje.

Si no queremos que nuestros hijos formen parte de las estadísticas de individuos que presentan actitudes sexistas, eduquemos para la igualdad. El sexismo es real y conduce a la violencia. No queremos ser padres de víctimas ni de victimarios. Pensemos antes de hablar. Eduquemos con el ejemplo.

contacto físico · conversación · educación · higiene · intereses · lectura · respeto

ANTES DE LA ADOLESCENCIA

Cuando nuestros hijos son pequeños somos sus modelos e influenciamos grandemente en ellos. Una vez van creciendo se vuelven más independientes y se distancian de nosotros. Por eso es recomendable construir buenos hábitos, en la niñez, para que cuando crezcan estos sean parte de ellos.

Por ejemplo: sacar tiempo para conversar. Si desde edad temprana acostumbramos conversar con nuestros críos, cuando crezcan, seguramente, aún hablarán con nosotros. Es importante fomentar una relación de confianza, risas y diálogo. De modo que nunca se pierda.

El contacto físico es imprescindible. Abrazar, dar besos, ser cariñosos, decir halagos, demostrar el amor. Si desde que son pequeños esto se vuelve parte de la relación entre padres e hijos, cuando lleguen a la adolescencia no evitarán, del todo, nuestro contacto físico. Aunque sea en el seno del hogar querrán esas expresiones afectuosas.  

Comprender sus intereses es algo que debemos aprender desde que son niños. No solo comprenderlos, sino apoyarlos para que cuando crezcan continúen compartiéndolos con nosotros.

Desde la infancia debemos enseñarles a aceptar un “no” por respuesta. No podemos complacer todos sus caprichos. Hay que decir “no” cuando haga falta y ayudarles a comprender que es por su bien, que no todo lo que queremos es lo que necesitamos o lo que nos conviene.

El fracaso y el éxito son necesarios. Tan importante es celebrar sus éxitos como apoyarlos en sus fracasos y dejar que aprendan de ellos. Y eso es algo que podemos empezar a hacer desde temprana edad. Así podrán manejar sus frustraciones y celebraciones con más confianza.

El respeto y la cordialidad son hábitos que no podemos dejar de inculcar. Los niños deben aprender a pedir permiso, dar gracias, saludar, disculparse. Respetarse a ellos mismos y a los demás, en todo momento. Si desde chicos lo hacen con naturalidad, serán costumbres que conservarán siempre.

Ser ordenados es una práctica necesaria, algo muy útil para toda la vida. No se trata solo de mantener su habitación en orden, sino su vida. Que sepan que cada cosa tiene su tiempo y su lugar, que establezcan prioridades y ordenen sus quehaceres de manera que puedan cumplir con todos.

Nuestros hijos deben aprender lo que es higiene personal. No debemos hacerle todo, sino enseñarles a hacerse cargo de ellos mismos, según van adquiriendo independencia. Que comprendan la importancia de lavarse bien los dientes, bañarse de pies a cabeza, vestirse adecuadamente y con ropa limpia, tener sus artículos de higiene a su alcance, en todo momento. Y que comprendan que según van creciendo, más importante aún es su higiene personal.

La lectura y el estudio no deben ser una opción, sino una formalidad. Este hábito se aprende con el modelaje y la acción. De nada sirve decirles “estudia mijo”, si ellos no ven que los apoyas y los ayudas en el proceso. De nada vale que le digas “ponte a leer”, si nunca le has leído un cuento ni te han visto devorar un libro.

Por último, pero no menos importante (a propósito del siglo XXI…) Los aparatos electrónicos no se llevan a la mesa. Muchas veces cometemos este error, por lo que debemos estar vigilantes y evitarlo. La mesa debe ser un lugar donde podamos interactuar con los que están allí. Si le enseñamos con el ejemplo lo emularán.

 

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LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS Y CÓMO SALVAGUARDARLOS

Todos los seres humanos tenemos derechos, los niños no son la excepción y a los adultos nos corresponde salvaguardarlos. Los infantes tienen derecho a tener un nombre. La importancia de esto radica en que, al vivir en sociedad, el nombre es lo que le garantiza el cumplimiento del resto de sus derechos. Si un niño no es inscrito en la oficina de registro de su país, es como si no existiera. Los padres o tutores tenemos que hacer valer este derecho pocos días después de su nacimiento.

Los niños tienen derecho a la supervivencia. Por eso es nuestro deber cuidar de su salud física y mental. Tenemos la obligación de alimentarlos adecuadamente, de procurar que duerman y descansen lo suficiente y proveerle los cuidados preventivos que sean necesarios. Si no podemos pagar un plan de salud privado, debemos procurar los beneficios que el Estado pueda ofrecer sobre este particular.

Otro derecho que tiene la niñez es a ser educados. Todos los niños deben acceder a una educación de eficacia que les permita desarrollar sus mentes hasta el máximo de sus posibilidades. Para ello, la educación elemental debe ser gratis y debemos facilitarles el acceso a la superior y a la universidad. Los adultos, como custodios, podemos pagarles una educación privada o instruirlos en la casa (homeschooling). Cualquier método es válido siempre y cuando protejamos su derecho a la educación.

Nuestros niños tienen derecho a jugar. Sí, así como lo lee. La niñez es una etapa de la vida y los niños tienen derecho a disfrutar de su infancia. Una de las mejores maneras para lograrlo es a través del juego. Los pequeños tienen derecho a reír, a soñar, a descubrir y a crear. Y la mejor manera de lograrlo es por medio del recreo. Mediante el mismo, no solo gozan, aprenden y fortalecen su bienestar emocional y sus destrezas sociales.

También debemos garantizarle el derecho a la protección. Hay muchos peligros que amenazan a los niños durante los primeros años de su vida. Los adultos debemos de protegerlos de la violencia, el mal trato, la explotación y cualquier tipo de abuso que amenace su confianza. Debemos evitar, a toda costa, convertirnos en sus verdugos y denunciar cualquier amenaza a su seguridad.

Los críos tienen derecho a no ser separados de sus padres, a menos que sea por su bienestar. Y los padres tenemos la obligación de proveerles vivienda, alimentos y un hogar en el que gocen de una sana convivencia. Los niños tienen derecho a tener una familia que los ame y vele por que sean tratados con justicia e igualdad.

Además, tienen derecho a opinar y ser escuchados. Los adultos debemos de aclararles que esto no implica que puedan tomar decisiones, pero sí  que se expresen libremente. Los niños tienen mucho que decir y saber escucharlos debe ser prioridad. No olvidemos que de ellos también aprendemos y que sus inquietudes y sentires son genuinos.

Estos son los derechos de los niños, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Los invito a indagar más sobre este tema y los recluto para que como padres, tutores o custodios nos comprometamos a procurar que los derechos de la niñez sean respetados y realizados.