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DE CARA A LOS NUEVE

El otro día fui a tomarle una foto a mi hija y cuando hizo la “pose”, quedé de una pieza. Lo que veía a través del lente ya no era una bebé ni una niña muy infantil. La mirada de sus ojos, el gesto de sus labios, el vestido largo, moderno y las sandalias de plataformas me alertaron: “¡Mamá, estás de cara a los nueve años!”

Cuando las niñas llegan a esta edad, nos enfrentamos a una transición entre la infancia y la pubertad. Ocurren cambios físicos y emocionales. Es todo una aventura y un nuevo reto. De pronto amanece, los vestidos le quedan muy cortos, los pies no entran en sus zapatos y te dicen: “Mamá, hay que ir de compras”. Y ni sueñes con trajes de volantes y lazos porque esos ya no son propios de su edad.

Mi hija, por ejemplo, desaparece en las tiendas y luego me busca con las piezas que le gustaron para probárselas y convencerme de que se las compre. Tiene buen gusto, mi chica. Hasta ahora no se ha antojado de ropa inapropiada, pero evidentemente ha cambiado su forma de vestir. Ahora quiere parecerse más a mí y también a las muchachas grandes. Ya busca zapatos con taco o plataforma y el área de maquillaje y accesorios atrae mucho su atención.

Mi hija ha crecido mucho. Dentro de unas semanas cumplirá nueve años. Observo cómo empiezan a desarrollarse sus pechos, sus caderas se ensanchan, su musculatura se afina… Me salta el corazón y añoro su infancia, pero luego se me olvida y disfruto la etapa en la que está.

Emocionalmente es más madura, aunque puede ir de risa al llano y viceversa, sin previo aviso. No obstante, nuestras conversaciones parecen de dos adultas y me cela más que nunca. Ciertamente en este periodo las amigas cobran más importancia, necesita sentir que pertenece a un grupo con las que tiene cosas en común. Por eso es imprescindible seguir cultivando una buena comunicación, apoyarla en sus actividades e incentivar que tenga buenas amigas y fuertes lazos afectivos.

A los nueve años las niñas son muy competitivas y empiezan a admirar a personas que son ejemplo para ellas. También desarrollan la empatía hacia los demás, e intelectualmente, son capaces de reflexionar con cierta profundidad y comienzan a elaborar una opinión sobre las cosas.

A esta edad son más independientes y autosuficientes. Es un momento propicio para delegar tareas. Ya pueden ordenar su cuarto y cooperar con los quehaceres del hogar. Aunque no lo acepten con mucho entusiasmo, tenemos que enseñarles a hacer sus cosas para que adquieran responsabilidad y comprendan que en el hogar se trabaja para un bien común. Si eres sola con tu hija, como yo, no será fácil. La mía riega mucho y le cuesta recoger, pero aun así debe hacerlo.

Los nueve años abren otra caja de pandora y ante tantos cambios debemos estar alertas y conversar. Nos toca hablar de la menstruación, del aseo personal, de la sexualidad, de los novios, etc. Mi hija ya sabe de todo esto, pero cada niña madura a su ritmo. Lo importante es que estés con ella e identifiques el momento justo para orientarla. No solo seamos madres, seamos su ejemplo y sus amigas mayores.

P. D. De cara a los nueve años… ¡felicidades!

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REORGANIZANDO LA AGENDA

Se acabó lo que quedaba… El regreso a clases ya es oficial y nos toca reorganizar la agenda. Ante esta realidad, quiero compartir con ustedes algunos consejos (que he seguido) y que nos permitirán ayudar a nuestros hijos para que tengan un nuevo año académico lleno de éxito. Veamos:

  • Asistir a la reunión de padres que se celebra antes de empezar el curso

En esta tertulia, los directivos y los maestros comparten con nosotros información general muy importante; desde el aspecto administrativo hasta el académico. Así también, asistir el primer día de clases en apoyo a nuestros críos. Sobre todo, si están en edad prescolar y elemental y si son nuevos en la escuela (como es nuestro caso).

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  • Visitar la escuela y su hogar cibernético

Siempre resulta provechoso conocer las instalaciones de la escuela para identificar lugares importantes como: las oficinas administrativas, el salón hogar, el comedor y / o cafetería, los baños, la biblioteca, etc. En esta época, la mayor parte de los colegios cuentan con una página electrónica en la que ofrecen información de último momento, como también, general. Es muy útil visitar este sitio, frecuentemente, para estar al día de lo que está sucediendo o por ocurrir. La tecnología puede ser nuestra aliada, debemos aprovecharla al máximo.

  • Vigilar que tengan buena alimentación

Todos sabemos que tomar el desayuno es esencial. Sin embargo, a veces se nos hace tarde o los chicos no quieren comer en la casa. En ese caso, debemos prepararle una lonchera con alimentos nutritivos para que coman antes de entrar a clases. También podemos motivarlos para que vayan al comedor escolar, si se ofrece ese servicio. Por otro lado, si se les da dinero para que compren en la cafetería, debemos percatarnos de los artículos que venden y enseñarles a nuestros hijos a administrar bien el dinero.

  • Velar el sueño

En el verano, nuestros hijos cambian su horario: juegan más y duermen menos. No obstante, en el proceso de reorganizar la agenda, debemos restablecer las horas de descanso, de modo que este sea suficiente y no se levanten con sueño y malhumorados. De lo contrario, no estarán lo suficientemente alertas y dispuestos a aprender.

  • Estar pendientes de las tareas

En la edad primaria los niños necesitan mucha supervisión y apoyo. Por eso es necesario revisar las libretas, diariamente, para darle seguimiento a las tareas que puedan tener. No debemos cometer el error de simplemente preguntar a nuestros hijos y confiar en lo que dicen, ya que a veces se distraen y olvidan algunas asignaciones o pendientes.

  • Enseñémosles a ser organizados

La organización es un aspecto muy importante para el éxito escolar, laboral y personal. Lo primero es educar con el ejemplo y lo segundo, ayudarlos y enseñarles cómo se hace. La organización incluye desde tener sus libretas, libros y artículos escolares en el lugar correspondiente, hasta establecer un horario diario que incluya: descanso, tareas y estudio, recreación, etc. Además, debemos proporcionarles un lugar adecuado, donde se sienten a hacer sus tareas, que sea cómodo y libre de distracciones.

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  • Instruir a nuestros hijos a estudiar

Estudiar puede ser un arte placentero como una obligación antipática. Nos corresponde a los padres, apoyar la labor de los maestros e instruir y ayudar a nuestros hijos a estudiar. Es importante que demostremos entusiasmo y mostremos cuáles son los beneficios de aprender. Cada vez que se anuncie un examen, convenimos estar alertas y apoyarlos. Tanto en la preparación de un buen repaso como ocuparnos, personalmente, o a través de algún tutor, de que el material sea aprendido efectivamente.

  • Asistir puntualmente

Del mismo modo que no nos ausentamos del trabajo, sin razón justificada, los chicos no deben faltar a la escuela sin una causa válida. En caso de enfermedad, definitivamente, no debemos enviarlos a la escuela, sino cuidarlos en la casa o llevarlos al médico. Cuando esto ocurre, corresponde indagar con algún compañero o con los maestros, sobre el material dado en clase para que no se atrasen y se pongan al día a la brevedad posible. La comunicación con los pares y los maestros es transcendental para este y otros aspectos.

  • Ayudar a la comunidad escolar

La vida estudiantil no solo son tareas y exámenes. Existen actividades extracurriculares igualmente imprescindibles para el crecimiento y desarrollo de nuestros hijos. Hemos no solo alentarlos a que participen de las mismas, sino también involucrarnos como padres, participar y ayudar a la comunidad escolar en las actividades que celebren.

  • Hay que hablar de la escuela

Nuestros hijos pasan de 6 a 8 horas en la escuela. Periodo en que nosotros trabajamos y estamos alejados de ellos. Hablar sobre el día a día es una conversación que no debe faltar. Busquemos la manera de hacerla casualmente y de forma entretenida, para que no sientan que los estamos investigando. No obstante, saber cómo pasaron el día es significativo, porque mantiene la comunicación entre padres e hijos y nos implica en su vida estudiantil y personal.

Así que amigos lectores, el regreso a clases ya es oficial. Vamos todos a reorganizar la agenda, ocupémonos de lo que nos toca, que este nuevo año académico será genial.

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MADRES TÓXICAS

A Nata y July

Los hijos son regalos hermosos que la vida nos da. Sin embargo, son prestados. Nos toca alimentarlos, cuidarlos y educarlos hasta el día que pueden hacerlo solos. Ciertamente queremos lo mejor para ellos y bajo esa premisa, regañamos y castigamos. Sin embargo, ese obsequio es para nuestro crecimiento personal. No hay un amor más grande que el de padres e hijos, ni sufrimiento mayor.

En el proceso de criarlos trasmitimos valores y también estereotipos. Acertamos y erramos. Con el paso de los años, esas pequeñas criaturas van desarrollando su propia personalidad, van definiéndose como personas. Nos corresponde que nuestra relación con ellos inspire confianza para conocerlos mejor, para que no haga falta que nos guarden secretos. Los hijos merecen respeto y muchas veces transgredimos ese precepto.  Con el paso de los años tomarán decisiones que no nos gustarán y desarrollarán gustos que no nos agradarán. No obstante, debemos apoyarlos, sean cuales sean.

Cuando era muy joven me sentía asfixiada ante tanta protección que mi padre me brindaba. Era excesiva. No me sentía cómoda, sino cohibida e infeliz. Un día se lo dije y aunque fue duro para él, porque pensaba que lo estaba haciendo bien, decidió darme mi espacio y prometió que nunca más interferiría en la toma de mis decisiones. Luego de eso, nuestra relación fue mejor. Tomé decisiones equivocadas, pero nunca me juzgó, su apoyo fue incondicional. Estoy segura que hice cosas que le rompieron el corazón, pero jamás dejó de amarme y demostrarme que era la persona más importante en su vida.

Aunque esa fue mi experiencia, no es la de todos los hijos. Tengo amigas cuyas madres son tóxicas y pretenden administrarle la existencia y hasta los pensamientos. Olvidan que los hijos tienen su propia vida y merecen vivirla como les plazca, a pesar de que, en ocasiones, no sea de su agrado. Hay madres tan justicieras que en otra época hubieran sido un terrible verdugo. Espero no ser así, jamás.

Creo que las madres podemos ser amigas y cómplices de nuestras hijas, en lugar de forzarlas a tomar decisiones que les marcarán la vida. Que se casen si lo desean, que convivan si es lo que quieren. Las madres no deben obligar a sus hijas a un matrimonio, que para bien o para mal, será solo de ellas. Que se acuesten con hombres si es su preferencia o con mujeres, si ese es su anhelo. Importa más que las amen, no que complazcan a otros, ni que sean víctimas de prejuicios sociales. Que tengan hijos si les complace, no exijan nietos como si fuera un pedido que ordenan por internet y les llega por correo, ¡qué bastante difícil es criar! Que estudien lo que les apasione, en lugar de decirle que se van a morir de hambre si escogen equis carrera. Si algo vamos a exigirles, demandémosle que sean felices.

Un viejo sabio dijo que en la medida que juzgamos dejamos de crecer porque solo somos capaces de ver un fragmento de la historia y no sabemos lo que ocurrirá mañana. En la medida que enjuiciamos dejamos de ser uno con el todo porque nos obsesionamos con una parte de la totalidad, y ni crecemos ni dejamos crecer. Evitemos ser madres tóxicas y disfrutemos del privilegio divino de ver a nuestros hijos formarse como hombres y mujeres únicos y dichosos. Seamos parte de su felicidad, jamás de su fatalidad, porque el amor de una madre debe aspirar a la complicidad.

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AUTOESTIMA Y FORTALEZA EMOCIONAL

¿Quiénes sufren más de baja autoestima? ¿Las niñas o los niños? Si analizamos los mensajes culturales que promueven los medios, podemos concluir que las niñas padecen de más baja autoestima que los niños. Los mensajes que reciben promueven estereotipos, por eso, hoy día, hay niñas muy inconformes con su apariencia. Según investigaciones, cada vez hay más niñas que no están felices con su peso, su estatura, su forma corporal, su cabello y otros aspectos de su apariencia.

Vale cueva

Pero no solo es el aspecto físico lo que lacera la autoestima de las niñas, es también la forma en como los niños las tratan, lo que también responde a los patrones culturales. Si los niños les dicen a las niñas que no hacen nada bien, que son aburridas, tontas, miedosas y estúpidas; ellas, lamentablemente, lo van a creer. Y lo peor del caso, es que como esto no ocurre en la intimidad del hogar, puede pasar tiempo antes de que mamá o papá, sepa lo que está ocurriendo.

Vale baloncesto

Recientemente mi hija demostró cierta laceración relacionada con este asunto, y me tomó por sorpresa. Siempre procuro decirle cosas positivas, bonitas y alentarla a que puede lograr cualquier cosa que se proponga. No obstante, cuando está en la escuela, solo sé lo que ella me cuenta. Aparentemente debo ser más inquisitiva respecto a cómo pasa los días, para evitar que guarde heridas que puedan hacerle daño a largo plazo.

La autoestima es tan importante como cualquier otro aspecto de la salud, por lo que hay que cuidarla para evitar trastornos graves. Una pobre autoestima en una niña la puede llevar a aislarse socialmente, deprimirse, sufrir trastornos de alimentación y hasta abusar de sustancias. Ninguna madre y ningún padre quiere eso para sus niñas.

Vale escalando

Tenemos que estar alertas para identificar las señales que nos alerten. Cualquier cambio repentino en ellas, puede ser una bandera que se levante. En mi caso fue el llanto. Un llanto que en un principio confundí con changuería. Afortunadamente mi hija habló. Me dijo todo lo que había pasado y cómo se sentía. Sin embargo, no siempre podemos contar con eso. Un problema de autoestima puede ocasionar que nuestras niñas dejen de comunicarse. Cada caso puede ser distinto, por eso tenemos que observarlas y mantener buena comunicación con las personas claves que están cerca de ellas en la escuela. Después de todo, es un trabajo en equipo.

Si eres padre o madre de una niña no te olvides de abrazarla y decirle cosas positivas que no se centren en su apariencia, sino en su esencia. Tenemos que enseñarles a nuestras niñas que todos tenemos derecho a ser como queramos: nosotros mismos; que cada uno es un molde diferente y esa diversidad nos hace maravillosos. Debemos promover el respeto, la igualdad y el perdón entre niñas y niños. Que aprendan que son seres grandiosos independientemente del sexo, que son iguales y se merecen el mismo trato. Promovamos la autoestima saludable y la fortaleza emocional.

Vale y yo mar

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¡CÓMO ESTAR EN CASA!

Para mí, sumergirme en la lectura de un buen libro es como estar en casa: “hogar, dulce hogar”. Como madre, leerle a mi hija ha sido una costumbre desde que estaba en mi vientre. En mi embarazo, le leía poemas en voz alta. Su primer libro se lo regalé cuando tenía tres años. Y leerle al acostarla, es una tradición.

Ahora, aparte de que sea una aficionada a la lectura, hay muchos beneficios con esta práctica. Según han revelado estudios de especialistas en el desarrollo infantil, leerle en voz alta a los niños, ejerce una influencia positiva en su desarrollo intelectual y emocional.

En mi caso, leerle a mi hija es el último acto del día y fomenta nuestra unión y comunicación. La llevo a la cama, me acuesto a su lado y le leo. A veces comentamos las lecturas en ese momento, otras, nos acurrucamos y disfrutamos de ese rato juntas. Luego me levanto, la beso, le digo que la amo y la dejo en sus sueños.

Ese rato de esparcimiento, también nos sirve para inculcarles a los niños los beneficios de la lectura y el placer que es capaz de producirnos. Como valor añadido, está probado que la lectura garantiza mayor éxito académico, ya que desarrolla la capacidad de concentrarse y prestar atención.

Por otro lado, la lectura logra que los pequeños puedan expresarse con más confianza y facilidad, porque su vocabulario se amplía. Cuando le leo a Sofía Valentina, siempre que escucha una palabra nueva me pregunta qué significa. Luego escucho como la incorpora a su vocabulario con toda la naturalidad del mundo.

Otro beneficio de la lectura, es que fomenta la curiosidad infantil, así que su capacidad creativa crece. Lo observo en mi hija cuando la oigo en sus conversaciones a solas, con sus juguetes y cuando la veo inventar y experimentar con objetos. Siempre busca un nuevo uso para las cosas que desecho, y las historias que crea son fascinantes.

Leerle a nuestros hijos nos permite exponerlos ante otras situaciones, a la vez que ganan nuevas experiencias de aprendizaje. También adquieren valores y buenos hábitos de educación general. Para mí es agradable escuchar que tengo una hija hermosa, pero se me infla el pecho de orgullo cuando me dicen que tengo una hija bien educada. La que dice buenos días, por favor, con permiso, buen provecho… Sin duda, la lectura le ha enseñado mucho más que mis palabras.

Eduquemos con el ejemplo: que nuestros hijos nos vean leer. Aprenderán que un libro es un amigo y que adentrarse en una buena historia es como ampliar la familia. Es sin duda, estar en casa.