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SÉ TU FANÁTICA NÚMERO UNO

A veces pensamos que el maltrato proviene de otras personas y pocas veces reflexionamos sobre la forma en que nosotras nos maltratamos. Pues sí, lo hacemos y muy frecuentemente. Cada vez ves que nos culpamos por la forma en la que reaccionamos ante situaciones difíciles con nuestros hijos, nos lastimamos. La culpa es una imputación como consecuencia de alguna conducta, es un sentimiento de responsabilidad por un daño causado. Y todo lo que hace sufrir a un hijo nuestro, pensamos que es nuestra culpa porque no estuvimos allí para evitarlo. No somos infalibles y culparnos es una forma de maltratarnos. ¡Rompamos con la culpa!

Nos maltratamos autocriticándonos. Solemos tener la mala costumbre de minimizar nuestros esfuerzos y logros. Cuando la verdad es que hacemos un gran trabajo, diariamente. Sí, claro que sí. Somos jefas de hogar responsables y cada día hacemos un mayor esfuerzo para tener una familia feliz y productiva. Así que vamos a darnos un poco de reconocimiento por ello.

La duda es otra forma de maltratarnos. Dudamos de nuestros dones y capacidades cuando la verdad es que nos fueron dados para realizarnos como personas y ayudar a otros. Cada momento difícil que superamos en familia es una prueba de la confianza absoluta que debemos tener en nosotras mismas.

Sabotear nuestro éxito con miedo suele ser otra manera de maltratarnos. En efecto, muchas veces obstruimos nuestros proyectos por temor al fracaso o por pena de destacar demasiado. De una u otra forma no tiene sentido. Seamos nuestras aliadas, nuestras fanáticas número uno. Nadie creerá en nosotras si nos damos la espalda primero. En vez de sabotearnos, echémonos porras.

Mantenernos cerca de personas tóxicas es otra forma de maltrato. La gente que solo aporta quejas, dudas, enojo, pesimismo, envidia…nos roba nuestra energía. Por lo tanto, debemos alejarnos de ellas y alimentarnos de nuestra luz interior para brillar.

También nos hacemos daño cuando ocultamos a los demás quiénes somos. La vida no nos fue conferida para complacer a otros, sino para vivirla de forma individual y plena. En vez de buscar agradar a otros debemos lograr agradarnos un poco más cada día.

Trabajar en una misma es muy complejo, pero necesario. Para una buena salud debemos cuidar de nuestras emociones y sentimientos porque son capaces de dañar nuestros órganos. Si nos preocupamos demasiado nos da dolor de cabeza, el estrés excesivo nos daña el corazón, la tristeza afecta a los pulmones y la angustia, al estómago. Si nos enojamos mucho el hígado corre riesgos, los riñones son afectados por el miedo y el páncreas por la frustración. De modo que, para cuidar de nuestra familia hay que cuidar de una misma. ¡La pésima costumbre de colocarnos al final de la fila debe cambiar porque el auto maltrato debe parar!

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay

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Ni niña ni adolescente

Cuando llega esa etapa en la que nuestra hija no es ni niña ni adolescente, ¡que difícil es! Los cambios hormonales causan vaivenes en su humor, emociones y estado de ánimo. Y, ¿por qué no decirlo? Hay días en que la convivencia es insoportable. Mi hija y yo estamos pasando por esto y es bastante abrumador y exhaustivo. Los cambios físicos son visibles, pero los cognitivos y los de conducta son algo más inciertos.

¿Cómo lidiar con estas transformaciones? Los estudiosos recomiendan que fortalezcamos los lazos afectivos de la infancia porque necesitan la misma atención y el mismo amor que cuando eran pequeños. No obstante, lograrlo es todo un reto porque muchas veces no quieren ni que los toquemos… Pero insistamos.

También aconsejan que los apoyemos para que sientan que pueden contar con nosotros. Esto también es difícil porque ellos creen saberlo todo. Sin embargo, nos toca reforzar su identidad para impulsar la confianza en ellos mismos.

Comprendo que mi hija está intentando darle sentido al mundo mientras su cerebro pasa por una fase de algo así como una remodelación, pero es frustrante. A veces me quiere a su lado y otras, no desea ni verme. Como está en pleno proceso de su maduración emocional, sé que no debo asustarme, y aunque a veces, me cueste, debo tener más paciencia. 

En esta etapa enfrentamos la necesidad que muestran de tener más espacio para su intimidad. Se vuelven más reservadas, comienzan a tapar su desnudez, cierran la puerta de la habitación, etc. Por eso es tan importante mantener una buena comunicación, hablar libremente de temas como la sexualidad, el conocimiento y respeto por su propio cuerpo, entre otros temas.

Otra de las cosas con las que debemos lidiar son sus amistades. Las niñas se enojan unas con otras, se contentan, se vuelven a enojar y otra vez son amigas. Es un drama interminable y agotador. Esos chismes las hacen llorar de rabia y de sentimentalismo. Y estar ahí diciéndoles que todo pasará se vuelve insuficiente. Pero insistamos, en efecto, pasará.

¿Y qué me dicen de marcar límites? Odian los límites y cada vez que los planteamos sus caras largas son poca cosa ante la idea de todo lo que piensan en ese momento y que, por supuesto, callan.

Como estoy pasando por esto puedo decirles que no solo hay que respirar profundo una vez, sino otra, otra y otra. Somos madres, pero somos humanas, así que no siempre seremos comprensivas. Y no debemos juzgarnos tan duramente como lo hacemos, cada vez que fallamos. La vida es un aprendizaje. Volvamos a empezar.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay

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¿SENTIMIENTOS REALES O CHANTAJE EMOCIONAL?

En algún momento te has preguntado si tus hijos te están manipulando… Esos sentimientos, lagrimitas o perretas, ¿son reales? ¿O se trata de un chantaje emocional? Según los expertos en el tema, la manipulación pone en marcha una conducta para inducir al otro a que piense, sienta o actúe sin darse cuenta, de la forma en que el manipulador quiere que lo haga. Parece cosa de adultos, pero es una conducta que hasta un niño puede cursar.

Si nuestros hijos comienzan a manipularnos es porque lo han aprendido probablemente de nosotros mismos o de alguien cercano. En cuyo caso, la recomendación de los estudiosos es prestarle más atención, con el fin de identificar patrones recurrentes y situaciones desencadenantes de la manipulación. Debemos contestarnos preguntas como: ¿Cuándo ocurre?, ¿dónde sucede?, ¿con quién?, ¿qué ocurre?, etc.

La sicóloga Eugenia Ocampo, explica que todo puede comenzar cuando, por ejemplo, el niño hace una perreta pidiendo alguna cosa, y nosotros al no saber sobrellevar la vergüenza del espectáculo, preferimos ceder ante las exigencias de nuestros hijos. A todos nos ha pasado. El berrinche es una técnica infantil que puede ir cambiando según van creciendo. A lo mejor, cuando son más grandes acuden al llanto porque saben que los amamos y no los queremos ver “sufrir”. No obstante, como padres, el primer paso es identificar sus patrones de manipulación y el segundo, reafirmarnos como autoridad, ya que esta actitud lo que pretende es hacernos perder el control.

De acuerdo a la sicóloga, podemos lograr detener esta conducta haciendo ajustes a nuestros modelos de educación y fijando límites. Debemos acostumbrarlos a la palabra: no. Si no tomamos el mando y si no corregimos ese comportamiento a edad temprana, posiblemente será mucho más difícil según vayan creciendo. De modo que en el momento que nos demos cuenta de que estamos siendo manipulados, debemos enseñarles que si quieren algo deben trabajar por eso, deben ganárselo.

Por otro lado, el sicólogo Ángel Peralbo, nos ofrece los siguientes consejos:

  • Ser firmes cuando le decimos que no.
  • Enseñarlos a pedir las cosas con amor y respeto.
  • Controlar nuestras emociones, como el coraje y el estrés.
  • De no poder controlar la situación, consultar un sicólogo infantil.

¡Así que manos a la obra! No seamos manipuladores, pero tampoco manipulables.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay

hijas·madres solteras·padre ausente

ÉL ME HACE FALTA

Hablemos de padres. Mucho se ha escrito sobre la relación de las hijas con los padres. Sin embargo, no hay nada como la experiencia para constatar los datos. Algunas mujeres hemos tenido el privilegio de tener a nuestro padre presente durante muchas etapas de nuestra vida. No obstante, otras no han gozado de esa fortuna. Mi hija, por ejemplo.

La experiencia de haber tenido al mío y la de que mi hija no tenga al suyo, me lleva a reflexionar sobre la importancia de su figura durante el desarrollo. Es un reto para nosotras (las madres) lidiar con esa carencia. Papá hace falta, papá es insustituible y pretender lo contrario es el primer error.

Mi hija no vive con su padre desde que tenía 9 meses. Durante los primeros años de su vida mantuvo una buena relación con él, como no, “si las nenas son de papi”. En la actualidad la relación es muy distante porque, para empezar, él no vive en nuestro país. Eso le afecta, le duele mucho y yo sufro ese dolor, veo sus lágrimas, escucho sus lamentos, estoy ahí…

Yo extraño a mi papá todos los días de mi vida y lo tuve hasta mi adultez, así que puedo imaginar cuánto ella extraña al suyo. Ahora que mi hija ha llegado a la preadolescencia sus estados de ánimo cambian constantemente y todo se vuelve un poco más complejo. Hoy la consuela una frase que mañana no significa nada. Hoy la sostiene un abrazo, pero mañana no quiere que la toque. Es difícil para ambas.

Ante esta situación nos conviene buscar toda la ayuda posible: familia, amigos, profesionales, etc. He leído que fomentar otras relaciones en las que haya una figura masculina en la vida de las niñas, suele ser bueno. Un abuelo, si lo hay (no es nuestro caso), algún tío, padrino, entre otros. Sucede que esa presencia es vital para abonar a una buena autoestima, expresar amor y respeto. Una figura paternal que sepa escuchar, dedicarle tiempo y hacerla sentir valiosa, contribuye a que esa niña crezca y sea una mujer poderosa.

Es otro reto para las que somos madres solteras. Será un desafío, pero no es el fin del mundo. No fracasaremos como familia. Por el contrario, como mujeres empoderadas buscaremos toda la ayuda posible. Seremos mediadoras en la relación de hija y papá. Fomentaremos el trato de sobrina y tío. Extenderemos nuestra familia como red de apoyo. Si la ausencia de papá ahora es un reto, lo superaremos.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay

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VERANO EN CASA

Definitivamente el verano 2020 será diferente. Ante los peligros de la pandemia estamos sujetos a pasar más tiempo en casa y a limitar nuestras acciones sociales. No obstante, en lugar de sufrir debemos buscar actividades que podamos hacer y disfrutarlas. En esta ocasión compartiré algunas sugerencias que podemos realizar con nuestros hijos.

  • Maratón de series o películas

En una columna anterior compartí una serie de películas basadas en libros que alcanzamos a ver en familia. A esa lista podemos añadir las famosas y entretenidas series. Las plataformas actuales son nos ofrecen muchísima variedad. Hay para todos los gustos y para todas las edades.

  • Remodelaciones caseras

Si eres de los que le gusta inventar en casa, ahora tienes el tiempo. Podemos incluir a los chicos en un proyecto de remodelación. No tiene que ser ni costoso ni complicado. A veces con cambiar las cosas de lugar o pintar algunos muebles, logramos ese efecto de renovación.

  • Comenzar una saga literaria

Esto es algo que podemos hacer con alguna colección que tengamos en casa o a través de una biblioteca virtual. El reto es tratar de acabar la saga mientras duren las vacaciones. Incluso, podemos invitar a otras personas a unirse y compartir nuestros avances de forma virtual.

  • Actividades al aire libre

Según se han ido flexibilizando las medidas de aislamiento social, ya hay algunas actividades que podemos realizar al aire libre. De modo que, tomando las medidas preventivas, podemos incluir paseos, caminatas y deportes.

  • Tik Tok en familia

Si eres un poco más arriesgado en Tik Tok podrás encontrar varios bocetos en los que toda la familia puede participar y divertirse. A lo mejor logran volverse virales en las redes sociales. Es cuestión de iniciativa y de creatividad.

  • Uso de tutoriales

Hoy día hay tutoriales para todo. Este es un buen momento para aprender algo nuevo por medio de estos. Por otro lado, si eres muy bueno en “algo” puedes ser tú quien haga los tutoriales. Te seguro que tendrás audiencia.

  • Juegos de mesa

No todo tiene que ser tecnológico. Saquemos los juegos de mesa y a divertirnos. Sin duda pasaremos un rato entretenido en familia. A lo mejor hay juegos que nuestros hijos no conocen y que podemos enseñarles y pasarla bien.

  • Comunícate con tu familia y amigos

Seguramente hay muchos familiares y amistades que no hemos visto durante esta cuarentena. Podemos acercarnos a ellos a través de cartas (sí, a la antigua). Así le enseñamos a nuestros hijos cómo operaba el viejo método del carteo tradicional. Si no se animan, hagan video llamadas o un “pijama party” (con precausión).

  • Campamento en casa

¿Quién dice que no es posible? Prepara una agenda con estas sugerencias y ya tendrás tu campamento en casa. Adáptalo a tus preferencias, agrega lo que funciona para tu familia y tendrás éxito.

Sigamos cuidando de nuestra familia para que pronto podamos regresar a nuestra vida cotidiana y darnos esos abrazos que tanto queremos.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay

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¿A QUÉ EDAD SE DEFINE LA SEXUALIDAD?

¿A los 9, a los 11, a los 13? La respuesta no es certera. Los sicólogos solo ofrecen estas edades como aproximaciones. Pero lo cierto es que las primeras manifestaciones de vida sexual en la infancia se producen desde bebés, eso afirman los expertos del tema. Cuando eres madre de preadolescentes que has educado sobre la sexualidad, con naturalidad, esperas ser parte de este descubrimiento. Si mantenemos una comunicación sana y saludable seguramente ellos mismos nos hablarán de sus preferencias. ¡Prepárate!

Como sabemos, la orientación sexual se refiere hacia quién se sienten atraídos sentimental o sexualmente, mientras que la identidad sexual se trata de cómo piensan acerca de ellos mismos como seres sexuales. Hoy día, desde que son pequeños, nuestros hijos conocen las diversas preferencias sexuales y las aceptan con franqueza. Asimismo, afirman su identidad sexual a temprana edad. ¿Debe esto preocuparnos? No, porque son dinámicas y pueden cambiar con el tiempo. Hay niños que pueden tener su primera experiencia de atracción sexual tan temprano como a los 6 años, tan tarde como a los 16, y otros nunca experimentarán ningún tipo de atracción sexual, según afirma Asia Eaton, doctora en Psicología Social especializada en Estudios de Género.

Por otra parte, Clinton W. Anderson, director de la Oficina de Asuntos LGBTQ de la Asociación de Psicólogos de Estados Unidos, afirma que hay individuos que pueden experimentar atracción sexual a los 9 años o antes, pero que es poco probable que a esa edad tengan la capacidad cognitiva y emocional para comprender completamente lo que significa la orientación sexual. Es por eso que los padres no debemos alarmarnos tras las primeras declaraciones sobre la orientación sexual que nuestros hijos manifiesten. No perdamos de perspectiva que durante la adolescencia y la pubertad es normal que nuestros hijos tengan dudas sobre su propia sexualidad y que esas vacilaciones pueden surgir en distintas etapas de la vida.

Los niños de la Generación Z (la primera del siglo XXI) nacieron en pleno auge de las redes sociales, no conciben un mundo sin Wi-Fi o sin YouTube y manifiestan una sexualidad más abierta y fluida, que se aleja de los viejos tabúes. De modo que si tu hijo pertenece a esta generación no te sorprendas cuando te hable de bisexualidad, asexualidad, pansexualidad, etc. Conocen esta terminología mejor que nosotros porque comienzan a identificarse con unas y otras y cuando tienen dudas, le preguntan a Google y luego nos cuentan (me ha pasado).

No nos alarmemos ante las primeras exposiciones de sus preferencias sexuales, ni los critiquemos ni los juzguemos. Nuestro papel más importante en esta etapa es proporcionarles protección y asegurarles un entorno seguro y propicio para que continúen desarrollándose saludablemente.

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AYER BESOS Y ABRAZOS…

Ayer mi hija me llenaba de besos y abrazos y hoy casi no quiere que la toque. Así de drástica es la preadolescencia. Ocurre cuando menos te lo esperas y no a una edad predeterminada. De acuerdo con la psicóloga infantil Sara Tarrés, nuestro hijo será un preadolescente cuando en la construcción de su yo intervengan cambios corporales, conductuales y emocionales. De modo que, oficialmente soy madre de una preadolescente. Y busco desesperadamente cómo lidiar con ello.

Resulta que según los expertos nuestra mejor arma será la paciencia. (Lo que significa que tengo que alargar mi mecha…) Por fortuna es una etapa que pasa. Hay esperanza. Y como sé que no soy la única que está pasando por esto, compartiré con ustedes algunas recomendaciones que nos dan los expertos para amansar a nuestras pequeñas fieras.

  • Hay que destacar sus cualidades y cambiar el punto de vista

Es difícil hacerlo cuando nos asomamos al cuarto y vemos todo regado o cuando notamos que han olvidado realizar sus tareas cotidianas. No obstante, debemos luchar con ese impulso que nos mueve a reprocharles lo que han hecho y a destacar sus buenas cualidades. En mi caso creo que funcionaría así: En lugar de decirle “que reguero tienes en tu cuarto” podría optar por decir algo así como “tan bonito que te queda el cuarto cuando lo recoges…” Tengo que practicar.

  • Siempre hablar bien de ellos

Ese error lo cometemos mucho. Tenemos una charla con la abuela o con otro familiar y allí van nuestras quejas. “Es que esta nena se cree…” y por ahí seguimos. Los sicólogos recomiendan que no nos quejemos de ellos frente a otros. Por el contrario, debemos destacar lo bueno que hacen y hablar bien de nuestros preadolescentes, aunque estemos molestos o frustrados, como muchas veces pasa.

  • Recordar nuestra adolescencia

¡Que horror! ¡Que vergüenza! Seguro que a ustedes como a mí nos da pena recordar esa etapa. Las ridiculeces que hicimos y las groserías que manifestamos frente a nuestros papás. Si cuando fuimos preadolescentes pensábamos que nuestros padres eran anticuados y que no sabían fluir, lo mismo pensarán nuestros hijos de nosotros. Seguramente yo miré a mi madre de la misma manera que me mira mi hija cuando dice una palabra de una jerga desconocida para mí.  

  • Pensar en lo que realmente es importante

Si estudia escuchando música, pero saca buenas notas, ¿por qué prohibirle que oiga música? No debemos ser demasiado prohibitivos porque si a todo le decimos que no, será más difícil que nos obedezcan en las cosas realmente importantes. De vez en cuando hay que ser sus cómplices como cuando mi hija me pidió hacerse un “piercing” en la parte de arriba de la oreja y yo no solo la llevé a que se la hicieran, sino que también me hice el mismo “piercing”. He recibido críticas por eso, pero es un ejemplo de la complicidad que hubiera querido que mis padres tuvieran conmigo cuando pasé esa etapa.

  • Recordemos que aún nos aman

Ah, a veces lloramos en silencio porque ya reclaman su espacio y no nos andan besando y abrazando. Me pasa mucho. Hasta he pensado que la estoy perdiendo. Pero luego, inesperadamente, llega ese momento en que te buscan, te cuentan algo íntimo y una siente que el alma regresa al cuerpo y que aún hay amor. Y en efecto lo hay y lo habrá siempre.

No podemos seguir lamentándonos porque nuestros bebés han crecido. Yo miro las fotos con nostalgia y evoco aquellos momentos, pero debo aprender a disfrutar esta etapa tan difícil. Porque lo mejor de todo es que pasará. Así que voy a aplicarme estas recomendaciones que nos dan los expertos y que he compartido con ustedes, y seguiré instruyéndome para superar cada fase de esta dulce locura de criar sola a la ya oficialmente: preadolescente.

cuarentena·flexibilizar·hijas e hijos·Jefas de hogar

50 DÍAS Y CONTANDO

Hace 50 días que mi hija y yo no salimos a la calle. Las primeras dos semanas de esta cuarentena fueron una mezcla de estricto rigor de limpieza, incertidumbre y esperanza de que fueran solo 15 días. No bien anunciaron la extensión, por de semanas más, se activó mi botón de máxima alerta.

Tengo una hija que ha padecido de asma y aunque en los últimos años ha sufrido muy pocos episodios de la condición, saber que la COVID-19 es un virus que causa infecciones respiratorias, es sumamente preocupante para mí. Ante la inminente extensión de la cuarentena y el peligro de la pandemia, activé mis redes de apoyo y me suplí de los medicamentos para tratar, en casa, el padecimiento de mi hija, en caso de ser necesario. Ya que ir a un hospital, en estos momentos, supondría más riesgos.

Como madre soltera salir a buscar provisiones añadía una complicación más (a las ya existentes) porque mi hija es menor y no se puede quedar sola. Así que el universo nos proveyó un ángel guardián que se ha encargado de traernos los alimentos y los medicamentos que hemos necesitado. Por esta parte no hemos sufrido y he podido mantener a mi hija fuera de peligro. No obstante, tengo en mis pensamientos a todas las familias monoparentales que tienen que salir a la calle a buscar sus provisiones y exponerse cada día. En situaciones como esta, te das cuenta de que tus hijos solo te tienen a ti y tienes que seguir intacta por, y para ellos.

Los seres humanos tenemos la capacidad de adaptarnos a nuevas rutinas y eso hemos hecho. Sin embargo, de entre la aparente calma aflora el desasosiego. A veces es silente como cuando lloras y crees que es por lo que estás viendo en la televisión, pero se trata de ti… En ocasiones hace un poco más de ruido como cuando sientes palpitaciones y todo tu sistema se altera… Nos pasa a los adultos y también a los niños. El abrupto cambio de rutina y el distanciamiento social pasa factura. Lo que más extraño es poder caminar al aire libre y estar cerca del mar, aunque sea para verlo. Mi hija, por su parte, extraña a su abuela con quien solía compartir frecuentemente.

Ahora que el Gobierno ha comenzado a flexibilizar las medidas restrictivas, supone un nuevo reto para las familias. Tenemos que empezar a adquirir confianza sin dejar a un lado las medidas de protección. Tengo que atreverme a salir con mi hija porque para mantener la salud física y mental hay que dejar estas cuatro paredes. Cuando le anuncié a mi niña que pronto saldríamos me dijo que no, que ya se había acostumbrado a estar en la casa. Eso lejos de ser confortante me resultó inquietante.

Cuando sufrimos los estragos del huracán María y la falta de electricidad, los niños volvieron a salir al patio y a los viejos juegos físicos en ausencia de la tecnología. Ahora, ante esta pandemia, ha sido lo contrario. Los niños se han quedado encerrados y pegados todo el día a la tecnología y alejarlos de ella supone un nuevo desafío. Preocupante. Nos toca ser persuasivos y empezar a retomar las actividades que requieran movimiento físico y un poco de aire libre. Lentamente, pero con paso firme porque la salud física y mental está en juego.

Las familias puertorriqueñas hemos vivido varias crisis seguidas: el huracán María (cuyas pérdidas no hemos superado del todo), escándalos gubernamentales y tres gobernadores en un año, terremotos y réplicas frecuentes, la pandemia que nos ha llevado a una cuarentena (de más de cuarenta días), a un toque de queda, a la reducción de salarios y hasta al desempleo, entre muchas otras cosas. ¡Coño esta raza es brava cuando aún sigue en pie! ¡Joder somos un vivo ejemplo de la resiliencia!

Como jefa de hogar he tenido muchos desafíos durante estos 10 años de vida de mi hija, pero como los de 2020, ninguno. Y en esta lucha no me siento sola, porque la hemos padecido todos. Nunca mi instinto de conservación y de protección se había agudizado tanto. Nunca me había sentido tan responsable de mi familia. Y nunca había agradecido tanto ver el sol cada día. Tú, yo, nosotros… tenemos que empezar a flexibilizar, nos toca sobrevivir para poder contarlo.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay


 

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TODO PASA Y TODO QUEDA, PERO LO NUESTRO ES PASAR

Todo pasa y todo queda / pero lo nuestro es pasar / pasar haciendo caminos / caminos sobre la mar… Estoy usando los versos de Antonio Machado, pero no con el fin de hablar de poesía, sino del anuncio del Departamento de Educación de Puerto Rico que indica que todos los estudiantes de escuelas públicas pasarán de grado. Me parece que este anuncio está lejos de ser una buena noticia. Si tomamos el verso [pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar] de forma literal, significa que nos hundiremos. Reconozco que estoy siendo totalmente irreverente con la poética de Machado, pero fue lo primero que me vino a la mente cuando leí la noticia. Si en efecto, [se hace camino al andar] este que se está forjando es una senda que no se volverá a fijar y pone en peligro el futuro de nuestro país.

Cuando leí la noticia, lejos de alegrarme lo que sentí fue tristeza, frustración y enojo porque soy madre de una niña que está en primaria y también soy docente. Como madre, no quiero ver a mi hija pasando de grado simplemente por pasar. Como docente tampoco aprobaría a un estudiante, simplemente por pasarlo. Ambas cosas me parecen un error y hasta una falta de respeto. La educación es un compromiso que conlleva transparencia y seriedad lo que no debe perderse, aunque estemos sufriendo una pandemia.

Conversé sobre esta noticia con varios colegas con el fin de compartir con ustedes otras opiniones y análisis, además de los míos. La profesora Mayra Lugo, especialista en educación piensa que los niños deberían repetir el grado porque este es el segundo año académico perdido. Explica: “En el huracán María los niños que estaban en primero, segundo y quinto grado tuvieron un año irregular. Estos grados son de gran reto por las destrezas nuevas y el primer semestre es importante para el diagnóstico académico […] En términos generales los procesos de enseñanza y aprendizaje no se dieron de la forma adecuada. Los niños que estaban en primero cuando sufrimos el huracán ahora están en tercer grado y el que estaba en tercero, está en quinto. Significa que el año irregular vuelve a ocurrir en los grados impares que son los más retantes”. Por esto la profesora piensa que los niños deberían repetir el grado, con excepción de los que están en duodécimo ya que las notas que se cuentan para entrar a la universidad son las del primer semestre.

Seguramente la mayoría de los padres no desean que sus hijos repitan el grado y confían en que en los primeros meses del próximo año académico se reforzarán las destrezas que los niños no dominen. No obstante, la profesora Lugo piensa que eso no va a ocurrir, sino que se le dará continuidad al currículo establecido del grado. De ser así, nuestros hijos sufrirán graves rezagos que comprometerán su desarrollo educativo.

Por otro lado, la doctora Ibis Rodríguez, profesora y especialista en lengua y literatura, opina que el Departamento de Educación de Puerto Rico tomó una medida desesperada para aplacar la situación que vive el país con el gobierno. Cito: “La educación no debe ser bastión político, como tampoco lo deben ser la salud y la seguridad. Precisamente quienes estudian en escuelas públicas son los que más privaciones tienen en todos los aspectos sociales. Se educa para desarrollar las capacidades del individuo, no para domesticar y mucho menos otorgar notas y diplomas”. La doctora Rodríguez cree que nuestro sistema educativo amerita una reforma radical para que vuelva a encontrar su propósito inicial dentro del desarrollo social.

Un facilitador docente (que no será identificado) piensa que los maestros han recibido demasiada presión para cumplir con la modalidad a distancia.  Dice que cabe preguntarnos qué trascendencia ha tenido el trabajo de los maestros y de los estudiantes que sí se esforzaron por cumplir con los módulos remediales y con otras asignaciones. De la misma forma que hubo estudiantes que cumplieron responsablemente con sus tareas, otros no las realizaron, sin embargo; todos pasarán de grado. ¿No es acaso incongruente? Me pregunto yo.

Pero hablemos de recomendaciones. ¿Qué podemos hacer? Según la profesora Lugo que prepara a estudiantes universitarios que van a ser maestros, si los padres entendemos que nuestro hijo debe repetir el grado, podemos hacerlo valer y solicitarlo. Es una decisión muy difícil que pocos padres tomaríamos, ya que socialmente repetir un grado es sinónimo de fracaso y motivo de mofa. Mi hija no estudia en escuela pública, pero su realidad no es diferente. Muchas escuelas privadas están en el mismo bote.

Así que es igualmente importante para todos hacer un plan para apoyar a nuestros hijos y asegurarnos de que dominen las destrezas propias de su nivel. La profesora Lugo sugiere que pidamos consejo a un educador para preparar un plan académico alterno, atemperado al contexto de cada hogar y tomando en cuenta que la mayoría de los padres no son especialistas en pedagogía.

En conclusión, tomemos de la mano a nuestros hijos en estos momentos tan críticos y forjemos juntos un mejor camino. Enseñémosle que el éxito en la vida no se mide por pasar el grado. Que es necesario trabajar duro y ser honesto con uno mismo porque los tiempos difíciles pasan, pero nos queda aprender de ellos. “Todo pasa y todo queda…”

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FORMEMOS PARA LA VIDA

Antes de la pandemia del coronavirus ya se hablaba de que estar en la escuela no era lo mismo que aprender. Debemos sumarle a eso que, ante la realidad de la educación a distancia, hacer las tareas en casa tampoco es lo mismo que aprender. La crisis de aprendizaje es una crisis de enseñanza. Una buena educación no solo beneficia al individuo, sino a la sociedad. Un ciudadano educado tiene buena autoestima y mejores oportunidades de empleo e ingresos, lo que redunda en sociedades que impulsan el crecimiento económico.

Según investigaciones del Banco Mundial, en el mundo entero cientos de millones de niños llegan a la adultez sin siquiera tener las habilidades más básicas, como calcular el vuelto correcto de una transacción, leer las instrucciones de un médico o comprender el horario de los autobuses, y mucho menos forjarse una carrera satisfactoria o educar a sus hijos. Alarmante, ¿no?

¿Qué podemos hacer entonces? Debemos tomar acción en casa y apoyar a nuestros hijos para que estén listos para la vida. Algunas áreas en las que podemos ayudar son:

  • Interpretar información
  • Formar opiniones
  • Ser creativos
  • Comunicarse bien
  • Colaborar

Leer un texto y contestar preguntas textuales del mismo, no es interpretación. Por lo tanto, debemos fomentar que tras la lectura sean capaces de sintetizar con sus propias palabras lo leído y hacerles preguntas que los lleven a la reflexión y al análisis.

Una película con una buena historia o una situación cotidiana nos puede ayudar a conducir a nuestros hijos para que formen opiniones. Conviene fomentar que piensen diferente y forjen sus propios sentires sobre diferentes panoramas, reales o ficticios.

La creatividad es otro punto importante que atender. La naturaleza infantil es muy curiosa y hay que darle rienda suelta. Por otro lado, según nuestros hijos crecen comienzan a mostrar intereses y a desplegar su creatividad. Es oportuno avalarla para que se sientan completamente libres de expresarse. Puede ser en el baile, en el canto, en el dibujo, en la creación de textos ficticios, en la construcción, en la programación, en la diagramación, entre tantas otras cosas. Lo bueno de la creatividad es que no tiene límites.

Comunicarse bien es esencial. Hay niños que llegan a jóvenes y son incapaces de formular una pregunta coherente o expresar una idea clara y concisa. Comunicarse bien es esencial para la vida. Por lo tanto, debemos propiciar un ambiente de sana convivencia y confianza para que la comunicación fluya y poder discernir cuando nuestra intervención en esa área sea necesaria.

Formemos niños capaces de colaborar efectivamente en la sociedad. Podemos comenzar asignándoles tareas en hogar. Por ejemplo: mantener su cuarto limpio y ordenado, alimentar a la mascota, botar la basura, fregar los trastes, regar las plantas, etc. Nuestro objetivo debe ser que cambien la “mala cara” a la hora de colaborar en el hogar. Sí, el día que veamos un rostro de satisfacción estaremos cerca del cometido.

Parece sencillo, pero como madre sé que es cuesta arriba. La situación actual provoca ansiedad, hastío, mal humor, frustración, entre otras cosas. Son emociones que experimentamos los adultos como también los niños. Eso hace más difícil lograr ese acercamiento familiar-formativo. Y si se trata de un hijo único (como es mi caso) creo que es peor porque el distanciamiento social puede provocar que se sientan solos. Aun así, debemos seguir intentándolo y hacer todo lo posible para formarlos no solo académicamente, sino también para la vida.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay