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50 DÍAS Y CONTANDO

Hace 50 días que mi hija y yo no salimos a la calle. Las primeras dos semanas de esta cuarentena fueron una mezcla de estricto rigor de limpieza, incertidumbre y esperanza de que fueran solo 15 días. No bien anunciaron la extensión, por de semanas más, se activó mi botón de máxima alerta.

Tengo una hija que ha padecido de asma y aunque en los últimos años ha sufrido muy pocos episodios de la condición, saber que la COVID-19 es un virus que causa infecciones respiratorias, es sumamente preocupante para mí. Ante la inminente extensión de la cuarentena y el peligro de la pandemia, activé mis redes de apoyo y me suplí de los medicamentos para tratar, en casa, el padecimiento de mi hija, en caso de ser necesario. Ya que ir a un hospital, en estos momentos, supondría más riesgos.

Como madre soltera salir a buscar provisiones añadía una complicación más (a las ya existentes) porque mi hija es menor y no se puede quedar sola. Así que el universo nos proveyó un ángel guardián que se ha encargado de traernos los alimentos y los medicamentos que hemos necesitado. Por esta parte no hemos sufrido y he podido mantener a mi hija fuera de peligro. No obstante, tengo en mis pensamientos a todas las familias monoparentales que tienen que salir a la calle a buscar sus provisiones y exponerse cada día. En situaciones como esta, te das cuenta de que tus hijos solo te tienen a ti y tienes que seguir intacta por, y para ellos.

Los seres humanos tenemos la capacidad de adaptarnos a nuevas rutinas y eso hemos hecho. Sin embargo, de entre la aparente calma aflora el desasosiego. A veces es silente como cuando lloras y crees que es por lo que estás viendo en la televisión, pero se trata de ti… En ocasiones hace un poco más de ruido como cuando sientes palpitaciones y todo tu sistema se altera… Nos pasa a los adultos y también a los niños. El abrupto cambio de rutina y el distanciamiento social pasa factura. Lo que más extraño es poder caminar al aire libre y estar cerca del mar, aunque sea para verlo. Mi hija, por su parte, extraña a su abuela con quien solía compartir frecuentemente.

Ahora que el Gobierno ha comenzado a flexibilizar las medidas restrictivas, supone un nuevo reto para las familias. Tenemos que empezar a adquirir confianza sin dejar a un lado las medidas de protección. Tengo que atreverme a salir con mi hija porque para mantener la salud física y mental hay que dejar estas cuatro paredes. Cuando le anuncié a mi niña que pronto saldríamos me dijo que no, que ya se había acostumbrado a estar en la casa. Eso lejos de ser confortante me resultó inquietante.

Cuando sufrimos los estragos del huracán María y la falta de electricidad, los niños volvieron a salir al patio y a los viejos juegos físicos en ausencia de la tecnología. Ahora, ante esta pandemia, ha sido lo contrario. Los niños se han quedado encerrados y pegados todo el día a la tecnología y alejarlos de ella supone un nuevo desafío. Preocupante. Nos toca ser persuasivos y empezar a retomar las actividades que requieran movimiento físico y un poco de aire libre. Lentamente, pero con paso firme porque la salud física y mental está en juego.

Las familias puertorriqueñas hemos vivido varias crisis seguidas: el huracán María (cuyas pérdidas no hemos superado del todo), escándalos gubernamentales y tres gobernadores en un año, terremotos y réplicas frecuentes, la pandemia que nos ha llevado a una cuarentena (de más de cuarenta días), a un toque de queda, a la reducción de salarios y hasta al desempleo, entre muchas otras cosas. ¡Coño esta raza es brava cuando aún sigue en pie! ¡Joder somos un vivo ejemplo de la resiliencia!

Como jefa de hogar he tenido muchos desafíos durante estos 10 años de vida de mi hija, pero como los de 2020, ninguno. Y en esta lucha no me siento sola, porque la hemos padecido todos. Nunca mi instinto de conservación y de protección se había agudizado tanto. Nunca me había sentido tan responsable de mi familia. Y nunca había agradecido tanto ver el sol cada día. Tú, yo, nosotros… tenemos que empezar a flexibilizar, nos toca sobrevivir para poder contarlo.

P. D. Imágenes cortesía de Pixabay


 

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