salud física, mental y emocional

PARA UNA SALUD PLENA…

Para que nuestros hijos tengan una salud plena debemos atender no solo sus carencias físicas, sino también las mentales y emocionales. Es fácil saber cuándo tiene hambre, podemos darnos cuenta cuando ha crecido y necesita ropa nueva, notamos si está cansado, etc. No obstante, las necesidades mentales y emocionales no son tan obvias, sin embargo, son igualmente importantes. Los expertos indican que la buena salud mental permite a los niños pensar claramente, desarrollarse socialmente, aprender nuevas destrezas, desarrollar autoestima y una perspectiva mental positiva. De modo que es un aspecto al que tenemos que atender con premura, máxime cuando en Puerto Rico el cuadro de salud mental es preocupante.

Los padres podemos fomentar una sana salud mental en nuestros niños dándole amor incondicional, promoviendo su confianza y su autoestima, alentándolos a jugar, haciéndolos partícipes de actividades extracurriculares, proporcionándoles un hogar seguro, orientándolos y disciplinándolos con amor y firmeza, conversando diariamente con ellos y acudiendo a los especialistas, siempre que sea necesario. Tenemos que romper el tabú hacia los consejeros, sicólogos y siquiatras infantiles. Si el pequeño tiene caries, lo llevamos al dentista, si le da un resfriado, al pediatra. Por lo tanto, si nos preocupa algo de su salud mental o emocional, nos corresponde llevarlos al especialista en cuestión.

Yo, como madre soltera, reconozco que necesito toda la ayuda posible para sacar a mi hija adelante. A veces no tengo las herramientas necesarias para enfrentar la complejidad de la crianza. De la misma forma que tengo una pediatra de confianza y una dentista, también tengo una sicóloga. Me preocupo por las emociones y los sentimientos de mi hija, sobre todo de aquellos que posiblemente no comparte conmigo, o que cuando lo hace me dejan inquieta. En esos momentos la sicóloga es mi aliada y sus servicios repercuten en bienestar para mi familia.

Como padres, debemos ser precavidos. No siempre es fácil saber si nuestro hijo tiene un problema serio porque las tensiones diarias pueden causar cambios en su comportamiento. No obstante, debemos estar alertas si comienza a presentar problemas en la escuela, en la casa, con sus amigos y compañeros, si sufre cambios drásticos en el apetito o en el sueño, si comienza a aislarse o a mostrar miedo sin razón aparente, si se muestra siempre molesto o triste, si comienza a hacerse daño, etc. La salud mental y emocional es tan importante como la física y debe ser atendida con la misma seriedad.

El amor, la comprensión y la conversación son las mejores terapias, pero somos sus padres. Muchas veces necesitamos esa ayuda extra para que nuestros hijos puedan disfrutar de una salud plena. Sigamos al viejo proverbio: “Ante la duda, saluda”.

P. D. Rompe con el tabú…

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