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CÓMO EVITAR UNA EDUCACIÓN SEXISTA

La educación sexista es más común de lo que pensamos. Empieza con simples detalles como asignar sexo a los colores y regalar juguetes diferentes a los niños y a las niñas. Aunque muchos puedan pensar que esto es algo natural e inofensivo, no lo es. Si queremos evitar actitudes discriminatorias y violencia de género, debemos educar para la igualdad. Podemos comenzar en casa.

Cosas rutinarias, como las tareas del hogar, deben ser distribuidas entre ambos sexos. Los varones pueden hacer labores como fregar y barrer y las hembras, a su vez, lavar el carro, cambiar una bombilla, por ejemplo. Si se trata de una familia monoparental, como la mía, en la que las dos somos féminas, también podemos educar con una base en la igualdad de género. Cuando no hay presencia del sexo opuesto, podemos hablar al respecto e instruir a través de libros, películas, etc.

La expresión de los sentimientos debe percibirse como lo que es, algo natural e individual que nada tiene que ver con el sexo. En el siglo XXI aún hay padres y madres que critican a sus hijos si lloran en público, pero no a sus hijas. Llorar y reír es lo mismo porque son emociones. De modo que esa actitud castrante de que los nenes no deben llorar en público, debe erradicarse totalmente. Nosotros debemos expresar nuestros sentimientos libremente y fomentar que nuestros hijos así lo hagan.

Otro punto importante que debemos tener presente es el lenguaje sexista. Muchas veces se pueden hacer comentarios de este tipo o usar palabras despectivas sobre el otro sexo, sin tener plena conciencia de ello. Por eso debemos ser muy cuidadosos con lo que expresamos. Comentarios como: “no aceptaron a la nena en el equipo de futbol porque es muy débil…” o “ese es el único nene en la clase de danza…” Mensajes como estos están cargados de estereotipos y prejuicios que nuestros hijos pueden terminar imitando.

Las actividades extracurriculares que elijamos para ellos, deben ser las que más les apasionen. Recordemos que el niño y la niña son igualmente capaces de desempeñarse en diversas acciones. Una niña puede realizar actividades físicas como un varón y un niño puede realizar actividades pasivas como una niña. La única diferencia entre una cosa u otra, es el impulso del corazón. Y ese ímpetu es asexual.

Al momento de jugar debemos promover que todos puedan usar libremente los juguetes y no separárselos como si tuvieran que cumplir con unos roles de acuerdo al sexo. El juego es un espacio de creatividad y de aprendizaje.

Si no queremos que nuestros hijos formen parte de las estadísticas de individuos que presentan actitudes sexistas, eduquemos para la igualdad. El sexismo es real y conduce a la violencia. No queremos ser padres de víctimas ni de victimarios. Pensemos antes de hablar. Eduquemos con el ejemplo.

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