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¿QUIÉN ES LA MADRE PERFECTA?

Mi madre era discreta, hogareña, laboriosa. Siempre estuvo pendiente de sus tres hijos, su esposo, la casa, la familia. Cuidó de todos hasta el último día de su vida. Pero ahora pienso en ella y me parece que muchas veces estaba triste. Hay cosas que probablemente no supe de ella. En alguna etapa de nuestras vidas, reñimos mucho, pero era mi madre y punto. Nunca pensé si era la madre perfecta, ni si hubiera preferido a otra.

Hace 8 años que me convertí en madre. Ya la mía se había ido, pocos meses antes. De modo, que ella no estuvo en mi “baby shower”, ni en mi parto, ni en los primeros días en los que estuve en casa. No podía llamarla por teléfono cada vez que tenía dudas de lo que estaba haciendo. Operé por instinto, si es que eso es válido.

Contrario a mi madre, soy soltera, tengo solo una hija y tomo todas las decisiones pertinentes a mi vida y a las de la niña que estoy criando. Son dos cuadros diferentes. Curiosamente, a veces, procedo de cierta forma en las que actuó ella, o pronuncio palabras que ella dijo, incluso en el mismo tono. Mis manos cada día se asemejan más a las de mi madre y hay cierta perfección en ellas.

Ser una madre perfecta es el reto de todas las que criamos, porque pensamos que eso es posible. A lo mejor, a muchas les ha pasado como a mí. Hay ocasiones en las que regaño a mi hija, le prohíbo hacer algo, le quito tiempo, le grito y luego pienso: “que mala madre soy, mi hija merece más”. Y es una pena que nos llevamos a la almohada cuando nos acostamos a dormir.

Sin embargo, amanece y la vida nos da una nueva oportunidad porque es mentira que seamos malas madres. Somos personas, seres humanos llenos de complejidad. Y en nuestro caso, somos mujeres empoderadas, guías únicas de nuestra vida extendida. Los errores son parte del quehacer, hay que cometerlos. En el futuro, si mi hija se convierte en madre, habrá aprendido de ellos, repetirá algunos, superará otros. Como he hecho yo.

¿Quién es la madre perfecta?, esa pregunta tiene respuesta. Se la hice a mi hija y ella me dijo que era yo, porque la amaba y la cuidaba. No mencionó los regaños ni las malas caras. Estoy segura que si mi madre me hubiera hecho esa pregunta a la edad que Sofía Valentina tiene, yo le hubiera respondido igual. No obstante, ahora que soy adulta, que soy madre y que extraño a la mía hace 8 años, puedo afirmar que ella fue una madre perfecta y es una pena que nunca se lo haya dicho.

Las madres perfectas no son solo las que paren, ni las que crían, son las que vivas o muertas, permanecen como una luz guiando tu vida, afirmando tus pasos, consolando tus penas. Si cuentas con ese resplandor, tienes la madre perfecta.

 

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