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¡CÓMO ESTAR EN CASA!

Para mí, sumergirme en la lectura de un buen libro es como estar en casa: “hogar, dulce hogar”. Como madre, leerle a mi hija ha sido una costumbre desde que estaba en mi vientre. En mi embarazo, le leía poemas en voz alta. Su primer libro se lo regalé cuando tenía tres años. Y leerle al acostarla, es una tradición.

Ahora, aparte de que sea una aficionada a la lectura, hay muchos beneficios con esta práctica. Según han revelado estudios de especialistas en el desarrollo infantil, leerle en voz alta a los niños, ejerce una influencia positiva en su desarrollo intelectual y emocional.

En mi caso, leerle a mi hija es el último acto del día y fomenta nuestra unión y comunicación. La llevo a la cama, me acuesto a su lado y le leo. A veces comentamos las lecturas en ese momento, otras, nos acurrucamos y disfrutamos de ese rato juntas. Luego me levanto, la beso, le digo que la amo y la dejo en sus sueños.

Ese rato de esparcimiento, también nos sirve para inculcarles a los niños los beneficios de la lectura y el placer que es capaz de producirnos. Como valor añadido, está probado que la lectura garantiza mayor éxito académico, ya que desarrolla la capacidad de concentrarse y prestar atención.

Por otro lado, la lectura logra que los pequeños puedan expresarse con más confianza y facilidad, porque su vocabulario se amplía. Cuando le leo a Sofía Valentina, siempre que escucha una palabra nueva me pregunta qué significa. Luego escucho como la incorpora a su vocabulario con toda la naturalidad del mundo.

Otro beneficio de la lectura, es que fomenta la curiosidad infantil, así que su capacidad creativa crece. Lo observo en mi hija cuando la oigo en sus conversaciones a solas, con sus juguetes y cuando la veo inventar y experimentar con objetos. Siempre busca un nuevo uso para las cosas que desecho, y las historias que crea son fascinantes.

Leerle a nuestros hijos nos permite exponerlos ante otras situaciones, a la vez que ganan nuevas experiencias de aprendizaje. También adquieren valores y buenos hábitos de educación general. Para mí es agradable escuchar que tengo una hija hermosa, pero se me infla el pecho de orgullo cuando me dicen que tengo una hija bien educada. La que dice buenos días, por favor, con permiso, buen provecho… Sin duda, la lectura le ha enseñado mucho más que mis palabras.

Eduquemos con el ejemplo: que nuestros hijos nos vean leer. Aprenderán que un libro es un amigo y que adentrarse en una buena historia es como ampliar la familia. Es sin duda, estar en casa.

 

 

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